Libros 107

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Hookor

Editorial Huerga y Fierro

Sol Montoya

Es la crónica de un largo y por momentos doloroso viaje por las regiones del alma a lomos de un ave mitológica, majestuosa y protectora, aspecto éste que puede inducir a pensar al lector de entrada que se trata –nada más lejos de la verdad– de una fábula o una historia para niños (sería, en todo caso, un libro para niños-adultos). Visto desde otra perspectiva, la obra contiene la narración de un proceso de desprendimiento de realidades que lastran la existencia de la protagonista y no la dejan elevarse. Es la historia, en suma, de un cambio de piel, del despertar a otra vida.

En líneas generales, se trata de un libro marcado, desde sus mismos comienzos, por la presencia de sueños y visiones que representan para la protagonista la redención personal a través del conocimiento.

En un texto tan decantado por la evocación lírica y la memoria por fuerza han de asumir un gran protagonismo tanto el espacio como el tiempo, pero muy en especial, el primero. Los espacios fundamentales de Hookor son interiorizados, filtrados a través del sentimiento y cargados generalmente de simbolismo. Así ocurre con la casa materna, tan marcada por la presencia de un padre castrador y una madre reprimida y represora.

Para ir rematando, quiero referirme muy por encima a los abundantes símbolos –animales y colores– que jalonan el texto de principio a fin y están cargados de simbolismo. Entre los animales aparecen el águila (el agua, encarna el espíritu, la valentía y la visión clara), el león (el fuego, representación del principio masculino), el cisne (muerte y resurrección, encarnación del deseo y síntesis de la masculino y lo femenino), el lobo (animal de poder), el gato (la independencia), el caracol, el perro, las cigüeñas, la mariposa o seres fabulosos como la esfinge (mezcla de ser humano, águila, león y otros): animales todos ellos cargados de simbolismo (en especial, la esfinge, clave fundamental para un adecuado entendimiento el libro). Su presencia resulta muy significativa en una obra situada en la mejor tradición del hermetismo, una tradición en la que, en última instancia, se debaten el bien y el mal y es continuo el contraste entre la luz y las tinieblas, el blanco y el negro (en este caso, los dos monjes), lo masculino y lo femenino, lo real y lo ideal.

Como puede verse fácilmente, el simbolismo es algo muy presente en el libro y se ve notablemente reforzado por la importancia que en él adquiere lo onírico (sueños o ensoñaciones).

Hay, en suma, motivos más que suficientes para hincarle el diente a un texto tan rico, tan diverso y lleno de estímulos como éste, un libro que nada a contracorriente de lo que se estila en la actualidad y alude a valores de los que todos estamos, de un modo u otro, muy necesitados.

Es de esperar, por ello, que esta obra llegue a mucha gente porque es un trabajo bien hecho, inteligente, interesante y muy luminoso, fruto sin duda de una gran valentía y de muchas horas de trabajo y sufrimiento. Con un libro tan exquisito Sol Montoya se ha puesto el listón está muy alto y eso la compromete en el futuro a mucho. Estoy seguro de que no nos defraudará.

Antonio Garrido Domínguez

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