“Los quereres de la industria y el cariño verdadero” Entrevista a Alex Angulo en 1997

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Hay momentos y sobre todo gentes, en esta profesión, que te hacen crecer como personas y como hombres de teatro. De los ratos compartidos con Alex Ángulo, tengo recuerdos impagables, la generosidad era su estado natural, iba repartiendo talento y amistad como si nada. Una persona así de generosa no puede ser mal actor. Compartía con actores y público la certeza de que con pocos medios hábilmente elaborados se pueden lograr efectos extraordinarios en la imaginación del espectador.

“Joven aún” llegué al País Vasco, proveniente del Gayo Vallecano para trabajar con Alex y Ramón Barea en una modesta escuelita de teatro que ellos habían inventado. Eran tiempos de mucho voltaje en Bilbao, pero allí fuimos felices. La escuela era un laboratorio de formación y entusiasmo. Vueltas de la vida, hicieron que, poco a poco, Alex desplazara su quehacer al cine y la televisión. Los escenarios y los públicos populares lo extrañaban. Verle actuar era una delicia, porque lo suyo era un acto de subversión, su presencia subvertía los valores, demostraba desde el escenario que lo esencial en la vida no es acumular bienes y cosas, que va, que va, que cosas esenciales son, por ejemplo eso, el acto irrepetible en que unos seres humanos se dedican a crear ficción y otros a creérsela; algo que aparentemente no produce beneficios, que no produce otra cosa que, solamente y nada menos, alimento para el alma y naves de fantasía.

Con él y muchos como él uno piensa que no está solo, que no está tonto, que aunque no sean “buenos tiempos para la lírica” hemos venido a esta vida a querer y a que nos quieran, cuando Alex actuaba lo que había era un acto de cariño convertido en buen teatro. Guardo su trabajo y su amistad como herramientas de conseguir utopías y eso me ayuda a caminar.

Su complicidad con el teatro artesanal, su preocupación por la calidad del teatro independiente, su amor por la distancia corta y festiva de las plazas y los pueblos, mucha gente no las conoce. Por eso, entre otras cosas, reproducimos hoy, diez y siete años después, esta entrevista. Sus palabras ennoblecen esta revista y nuestra profesión.

 

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NUMERO 114. REVISTA ACTORES. 1997
En casa de SANTIAGO RAMOS este cronista se reunió, además de con él, con otros dos actores de lujo: ÁLEX ANGULO y GLORIA MUÑOZ. Del análisis histórico a la metáfora o de lo transcendental al chiste, entre botellines y canapés, la grabadora aguantó estoicamente la avalancha de cosas interesantes que allí se dijeron.

 

Actores.- Decidme la obra que más os ha impactado en la vida.

Santiago: Yo recuerdo mucho «ALIAS SERRALLONGA» de los JOGLARS y el espectáculo de un cómico holandés, DJANGO EDWARDS.
Alex: «WIELOPOLE, WIELOPOLE» de TADEUSZ KANTOR.
Gloria: «ROSAS ROJAS PARA TI» de O’CASEY creo y «EL JUEGO DE LOS DOMINANTES» hecho por MARGALLO y otra gente de aquí hace muchos años.

 

A.- Muchos actores de vuestra generación y muy buenos no han llegado a ganar nada y voso¬tros: Santiago, el Goya, Gloria, el de la Unión de Actores y Alex, el Ondas… 

S.R.: Ganar un premio no significa «llegar a»: Hay gente en la profesión buenísima inclusive algunos mejor preparados que nosotros. En todo caso en este trabajo hay muchas maneras de realizarse. Por ejemplo la gente que trabaja en televisión, que es mucha; las series permiten a los actores repercutir, entrar en los hogares de España, etc. Estos tienen el gran premio de tener público. Luego están los trabajos que son minoritarios o trabajos del cine que tienen prestigio. Luego las salas alternativas que tienen un público concreto, son gente que experimenta con sus obras, para espectadores que empiezan a acercarse al teatro. Es decir los actores forman parte y se dirigen a distintos estamentos por sus ideologías y por los medios donde trabajan. Quiero decir, la gente que está allí llega igual y también se realiza. Los premios tienen importancia, claro que sí, no son ninguna tontería. Pero no suponen más de lo que suponen.

G.M.: Yo creo que la suerte también cuenta: la oportunidad. Es importante que el escritor, el director o la compañía de teatro o de cine o de lo que sea te brinde la oportunidad de hacer el personaje y que tú sepas solucionarlo (aunque otros también podrían solucionar afortunada-mente el mismo papel). Para mí, tanto o más satisfacciones que me han dado los premios me los da muchas veces un trabajo como el monólogo de LOS RATONES , que era un trabajo estrictamente independiente. Es verdad que te puedes sentir igual de realizado o de satisfecho en una sala alternativa haciendo un trabajo tuyo, absolutamente tuyo, que cuando ganas un pre¬mio con un trabajo que has hecho tuyo, pero que es en definitiva una oferta ajena.

A.A.: Yo estoy un poco sorprendido con los premios. Bueno, yo no venía buscando premios. Yo no sé por qué te los dan, la verdad. Yo no fui donde Alex (de la Iglesia) a decirle «chaval, tu eres un genio, llámame para «EL DÍA DE LA BESTIA». A él le pareció que yo iba bien para su guión y yo como siempre traté de hacerlo bien. Para mí es un misterio. Pero no es la suerte tampoco. Al fin y al cabo llevamos muchos años currando en esto, algo se habrá pegado.

 

A.-Imaginar un premio que consiste en poder verse personalmente en alguna de las obras en las que habéis trabajado a lo largo de vuestras vidas. Cual escogeríais para estar allí como espectador

S.S.– Las más antiguas serían las más curiosas de ver. Por ejemplo «LA OPERA DEL BANDIDO» o el « ROBINSON CRUSOE», por que eran muy coloristas. Y me gustaría ver qué espíritu tenía eso dentro, el tipo de vitalidad que salía de esos espectáculos, esa energía; cómo éramos.

G.M.- Yo «LA OPERA DEL BANDIDO» indudablemente la que más, por que había tal entrega! ¡de todos eh! Y luego «LA BODA».

A.A.- Yo las vería todas. Pero si tengo que escoger… «OFICIO DE TINIEBLAS», por que allí dejamos de competir entre todos los grupitos del País Vasco y nos unimos para hacer este Espectáculo – Happening . Qué bonito ver eso, viéndote allí también. Y vería también «VIVIR POR BILBAO» que fue el primero que hicimos con «KARRAKA» (COMICOS DE LA LEGUA), para ver si no lo hacía mejor que ahora que
estoy más preocupado de la marca o de «dar bien la réplica».

 

A.- ¿Qué es lo que más añoras del Teatro Independiente y qué lo que no te gustaría repetir?

G.M.-  Yo posiblemente lo que más añoro es el trabajo en equipo, el que se hagan los trabajos partiendo de ponerse previamente de acuerdo, por que así la cosa creativa se desarrolla con mucha más facilidad. Lo que tu aportas el otro lo recoge y crece, y ya sabemos todos de lo que se está hablando. Entonces cuando se te ocurre una nueva idea no es algo ante lo que la gente se puede quedar perpleja. Yo ahora a veces me pasa que se me ocurre un gag, o algo y tienes cine explicarlo. Hay gente que te mira como diciendo: ¿de qué habla? Había un objetivo común respecto a lo que se quería decir.

S.R.– Yo estoy de acuerdo con eso. Sobre todo lo más bonito era que partíamos de trabajar en colectivo los textos. Conformábamos incluso un estilo con los espectáculos: Sobre todo « TABANO» , «GOLIARDOS», «JOGLARS», etc.

G.M.– Y lo que me encanta no repetir, lo de cargar y descargar la furgoneta.

S.R.– Luego también el vivir en perpetua asamblea era un poco pesado. De todas maneras a mí me pasa con el T.I. que me pareció una etapa que la viví de una manera feliz, muy creativa, y eso hace que bueno, que fuera una etapa, pero la siguiente ha sido igualmente feliz. No tiene por que ser de otra manera. Sí, la recuerdo como una etapa distinta, pero tampoco la echo de menos. Una etapa, pero que te confiere una manera y un estilo de trabajo para siempre: un espíritu de colaboración, un servir las escenas, trabajar unos para otros, nunca la competitividad. Aunque había también los mismos mecanismos conflictivos que hay en cualquier grupo social o de trabajo.

G.M.– Pero esa formación te marca para hoy en día.

S.R.– Sí, claro, sigues siendo un actor de teatro independiente siempre.

G.M.- Y otro rasgo que permanece es que no puedes evitar plantearte los contenidos y la estética de lo que estás haciendo. Aunque luego aceptes hacer algo con lo que entras en contradicción. Pero te lo planteas. Eso es inevitable. Tú aceptas los trabajos o no. Pero lo que estás haciendo te lo planteas desde muy adentro.

S.R.- Nuestras carreras en el T.I. eran una cosa que asumíamos colectivamente; pasó el tiempo, cambian las condiciones y en la lucha por tu carrera personal te das cuenta que de alguna forma te deja con menos armas que la gente que viene de un trabajo individual desde el principio. Quiero decir que al haber puesto 5 ó 6 años de tu vida en un trabajo colectivo a lo mejor has engordado el nombre de un grupo, pero eso a ti como más te sirve es como experiencia humana.

Como vivimos en un mundo que es todo lo contrario al que soñábamos, veo algo que tiene que ver con un desarrollo de las formas capitalistas y de la sociedad competitiva que se transfiere a la forma de trabajar: que cada uno lucha por lo suyo y «si te he visto no me acuerdo». Por ejemplo, uno de nuestros planteamientos más radicales era no poner los nombres en los programas. Pero eso para mí dejó de tener sentido, tiempo después cuando entré a los teatros nacionales. Allí me indignaba que el trabajo de los actores se minusvaloraba en aspectos como ese, como el de los programas y la publicidad. Aunque fue­ran obras de solo dos actores y luego no figurábamos. De alguna manera estabas engor­dando el nombre de unos dirigentes. Ahora se trata un poco de lo contrario a como era en el T.I.: cada uno debe defender su parcela de tra­bajo, sin más, sin imponer nada a los demás, pero si defenderse a sí mismo.

G.M.- Lo de no poner los nombres era porque estábamos en contra del estrellato, o sea, con­tra el hecho de que hubiera un nombre por encima de los otros y que eso conllevara diferen­cias a muchos niveles. No era por no poner los nombres en el programa, era por darle más con­tenido al colectivo en el que todos participába­mos.

A.A.- Yo también lo que más añoro es el traba­jo en equipo, el sentirme muy igual, el meter­me en la fantasía y construir con todos y poco a poco las obras. Esa ilusión de trabajar, la efer­vescencia y la fuerza con que lo hacíamos. Yo añoro hasta cargar y descargar. Para nosotros hacer teatro era eso también. La actitud, el ha­cer absolutamente de todo. En el teatro de ca­lle he pasado algunos de los momentos más bonitos de mi carrera. ¿Lo que me disgustaría repetir?…Yo creo que nada…. Sí, estaba pen­sando en las rencillas, pero creo que eran la misma pobreza y la miseria que llevabas enci­ma que te hacían ruin. De todas formas lo en­tiendo también como una escuela de la vida. Y en la vida luego te vas a topar con esas mismas cosas.

 

A.- Si es verdad aquello de que «uno hace arte o literatura para que lo quieran más»: ¿Os sentís más queridos por el público que os ve ahora o por el que os veía en esa etapa?

G.M.- El público que iba a ver las cosas de «TABANO» o «GOLIARDOS» o el que va hoy a las salas alternativas a ver un producto de tipo independiente yo diría que es más incondicional; es decir no es que te quiera más, es que eso es lo que quieren ver. Hay más complicidad. El público que viene a vernos ahora no nos quiere tanto. Nos conoce menos. El que venía antes tenía una relación anterior con nosotros. Cierta fidelidad.

S.R.– Cada generación tiene sus actores. Por ejemplo hay actores mayores muy queridos en este país, pero ahora les toca un poco la marea contraria: el aporte de los nuevos actores, los nuevos realizadores (es importante la savia nueva) los desplaza un poco. Pero esas son necesidades de la industria del espectáculo. Esto no tie­ne nada que ver con el cariño que el público pue­da tener por SAZA, o por LANDA, o FERNAN­DO FERNAN GOMEZ, o LOPEZ VAZQUEZ o MANUEL ALEXANDRE. Hay muchas pre­siones de la industria que no tienen nada que ver con el cariño verdadero. (coro de risas).

A.A.- Los quereres allí eran de tú a tú; más de piel. Allí me sentía muy cercano muy normal. Haciendo lo que tenía que hacer y el público me lo agradecía y participaba. No me sentía artista, pero, me sentía querido. Probablemente eran nuestros momentos más militantes. De alguna manera éramos estrellas, pero estrellas cercanas.
 
A.-” Por supuesto, las relaciones del artista de teatro con su material son básicamente afectivas, surgen del amor y la afinidad que siente por lo que está haciendo. De manera que obviamente, tanto para un director como para el actor la decisión de encarar determinada obra es un hecho puramente instintivo y afectivo”. Peter Brook.

S.R.- ¿Qué se puede añadir?.. Que ojalá siempre sucediera así.

G.M.- Creo que aunque te encuentres con un material al que no tienes tanto cariño, puedes lu­char y pelear por hacerlo tuyo. Buscar acuerdos previos.

A.A.- Lo que dice PETER BROOK es lo ideal. Y si no es así v tú tienes que estar allí, la historia es integrarte y avanzar con el producto y cómo estás formado así, estás siempre trabajando a fa¬vor de las obra. A favor del todo: del hecho teatral o el hecho cinematográfico.

 
A.- Avanzada ya la entrevista en un momento descubrí que entre libros, alto, en un rincón de la estantería, discreto y distante el Goya nos ob­servaba. Ya llevábamos más de hora y media allí y no lo habíamos visto. La estatuilla per­manecía impertérrita mientras Gloria citaba entre risas un personaje de NEIL SIMON: «So­mos las jóvenes promesas del teatro más viejas de este país». En el teatro si no fueras actor…

S.R.- Yo haría las músicas para los obras.

G.M.- Yo técnica de luces.

A.A.- Yo sería un buen cocinero. Es importante para el quehacer teatral que la gente coma bien.

A.-Supón, que no trabajas en teatro o cine, ¿de qué te ves?

A.A.- Yo me vería con una mochilita yendo por ahí siendo como testigo de lo que pasa.: Mirador de la vida… o Cuenta-cuentos, hacer magia con las palabras.

G.M.- Si tengo la situación económica resuelta yo me veo de viajera. Como el de «LA VUELTA AL MUNDO EN 80 DIAS». En un globo

S.R.- Yo creo que de jubilado, tranquilo y tal. O ese sueño de siempre: tener una carpa, una vida circense…. La encuentro posible y cercana.

A.- ¿Si escribieras tú una historia de qué ha­blarías?

A.A.- Yo creo que hablaría de los que siempre fracasan, los que se van cayendo por el camino, los perdedores.

G.M.- Yo algo que tuviera absoluta vigencia. Sí, hablaría sobre las mujeres en la sociedad actual. En plan comedia. De «la perplejidad» de las mujeres. S.R.- Si yo supiera escribir, contaría sobre la in­fancia y sobre mi pueblo, que los perdí hace mu­chos años.

A.-Cuando Santiago dijo ésto (él, que me ha­bía parecido el menos romántico) su tono de voz se tomó cálido y entrañable y sus ojos ad­quirieron tal profundidad interior que a mí me pareció entrever la materia de la que están hechos los buenos actores.

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