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Carmen Arévalo

¿Te vienes a una entrega de premios? Al final dan un cóctel y aprovechamos para matar dos pájaros de un tiro: Hacemos relaciones sociales, y de paso que nos ven, nos vamos a casa cenadas.

Era mi amiga, la Desiré, al teléfono.

– Es que estoy en Canarias haciendo una película, le contesté.

– ¿Que estás en Canarias haciendo una película y no me lo habías dicho? ¿Quién te ha llamado?, ¿y cuando has hecho el casting y por qué no me has avisado para hacerlo yo? ¿Cuántas sesiones tienes?, ¿y de qué va?

– ¡Qué ansiosa eres, hija! Pues cuando te cuente el argumento, vas a flipar. La película se titula La abuela-canguro y soy la protagonista

– ¿Tú, la protagonista?

– Si, yo. Es la historia de una mujer de mi edad que tiene una hija bailarina, la que a su vez tiene una niña de cinco meses que se llama Olivia y que, de repente, cuando le estaba dando de mamar (disfrutando de la posibilidad de hacerlo y la otra disfrutando de chupar de la teta), suena el teléfono y es para ofrecerle a ella y a su marido hacer la coreografía de una película musical, dirigida por David Serrano. Y viendo en ello una oportunidad para la carrera de ambos, y pensando que la niña ya venía con un pan debajo del brazo, deciden hacerlo, no sin antes llamar a su madre que es actriz para decirle: “Mami, te queremos mucho, y como te queremos mucho te vamos a llevar de vacaciones a Canarias. ¿Qué te parece? Sólo te tienes que ocupar de Olivia. ¡Mira cómo se ríe cuando te ve!”.

La madre al principio no sabe que contestar, y piensa para sus adentros: “¿Y si me llaman de alguna producción salvaje para un papel salvaje y no estoy disponible? ¿Y si me llama Lepage porque quiere repetir conmigo…? Ya no me quedan muchas oportunidades, no puedo desaparecer así como así del mercado. Y con toda la competencia que hay…”.

La madre se da cuenta de lo egoísta de sus planteamientos, y le dice a su hija que su carrera está por encima de la suya y que, si Dios es justo, sabrá recompensarla, una madre artista hace esto y más por una hija artista.

Y aquí hay una escena preciosa, porque la niña le echa los brazos para que su abuela la coja y al mismo tiempo le suelta un “agooo” (como es francesa) que termina borrándole toda duda.

II

– A mí ése argumento me suena.

– ¿No me digas que no es un buen guión para una película?, ¿y no me digas que no te ha dado un ataque de envidia?

– Al principio sí que se me ha encogido la camiseta del susto. ¡Tú de protagonista en una película! Y yo aquí sin hacer nada, no sería justo. ¿Y qué haces con ella todo el tiempo? ¡Vaya un aburrimiento!

– Pues qué voy hacer; ir detrás de la teta ambulante de mi hija cuando le toca comer, cambiarla, dormirla, pasearla, cantarle coplas para que no llore. Lo que es un bebé, todo el día pendiente de ella. Tengo la espalda destrozada, porque pesa… y le gustan los brazos y el jaleo… Pero si vieras lo que estoy aprendiendo de ella. ¡Es lista…!

Ya barrunta cuando nos acercamos al rodaje; se pone como loca a mover los brazos y las piernas de alegría, ya intuye la fiesta. Le pasa como a su abuela que “las cámaras le ponen” y la tía ya sabe donde está el poder.

Cuando David nos ve, siempre viene a decirle unas cucamonas, y se pone como una moto, y da unos grititos de alegría adornados con una sinfonía de sonrisas que hacen derretir al director sin remedio. Y así, a lo tonto, yo repito lo que va haciendo la niña y al final hemos terminado las dos sentándonos a su lado en el combo.

El otro día miró intensamente a la niña, luego me miró a mí y dijo: “La voy a sacar en un cameo con sus padres, ésta niña promete, y tú… estás haciendo muy bien de abuela-canguro”.

Entonces yo aproveché para soltarle: “Pues si vieras cómo me crezco delante de las cámaras”.

Espero que haya pillado la indirecta. Tengo una corazonada, en su próxima película, seguro que estoy.

III

– Ésta niña va a ser carne cañón con tanto arte a su alrededor. ¡Sois todos artistas!

– Es que en nuestra familia ha habido siempre mucho arte. Mi madre era una gran trágica. Cuando se enfadaba solía representar unos dramas caseros que nos ponían a todos los pelos de punta. Cuando finalizaba la escena, aplaudíamos como locos. A ella no le gustaban mucho los aplausos, porque nunca saludaba agachando la cabeza, se iba siempre dando un portazo.

En el cameo se ha portado como una profesional, veinte tomas sin rechistar. Así que para que la saga continúe, he empezado a aleccionarla con un repertorio que voy cambiando a lo largo de la semana. Un día le recito el monólogo de La Titania con todas las intenciones y transiciones. Otro día lo dedico a la copla y le canto todas las de Miguel Poveda; otro las de Kurt Weill, selecciones de zarzuelas… Y también monólogos cómicos, que es con lo que más se ríe y lo que más futuro tiene.

¡Oye, te dejo, que la niña ya está protestando! Que quiere ir otra vez al rodaje.

¡Ay, qué artista que ha salido, madreee! ¡Mira que si viene con otro pan debajo del brazo para su abuela! En ésta película salir no salgo, pero estoy trabajando más que muchas que dan la cara. Así que había pensado incluirla en mi currículo. ¡Chao!

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