Marchando una de reparto : El corto

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Carmen Arévalo

C  ómo
R  esistir
I  ntentando
S  alir
I  ndemne
S  i (puedes)

No voy a hablar de la crisis. Ya sabemos que existe, ya la notamos, ya no comemos (tanto). Hoy voy a hablar de lo bonita que es esta profesión. Ya que las cosas no pintan demasiado bien, sólo voy a poner unas pinceladas de color; voy a recordar todo lo que me ha dado y espero me siga dando: desde alegrías, llantos, ilusiones, desengaños e incertidumbres, hasta confianza, inseguridad, creatividad, cinco minutos de fama… y dinero de vez en cuando.

Sí, hay crisis, ¿y qué? Como diría el paciente de un psicoanalista una vez terminado su tratamiento: “Sí, me sigo meando en la cama. ¿Y qué?”. Siempre que no trabajamos decimos lo mismo: “que la cosa está fatal”, y cuando trabajamos nos parece que la cosa al fin se arregló.

Ésta es una de las profesiones más bonitas y por eso la elegí. También de las más jodidas, y por eso luché por ella. Lo llevaba en la sangre cuando ya desde pequeña me disfrazaba e interpretaba delante de mis padres, abuela y hermanos historias que no sabía cómo se habían alojado en mi cabeza, ni de donde me venían. Y crecí con la fantasía de que algún día podría ganarme la vida como actriz. Como casi todos los que pertenecemos a esto.

En esta profesión me crecieron los hijos, las ilusiones, las esperanzas, las frustraciones, me salieron canas y me adornaron las arrugas. Y no perdí el ánimo por ello, lo acepté esperando que los cambios físicos que aparecían fueran buenos para otros trabajos. El “me das demasiado joven para este personaje” hacía que la perdida de lozanía no fuera tan desastrosa. Por mucho que avance la ciencia siempre habrá madres y abuelas, y quizá bisabuelas, me decía con esperanza del alargamiento de vida. En esta profesión no nos jubilamos (nos pasa lo mismo que al Papa), no queremos jubilarnos, atisbamos series nuevas con la esperanza de que aparezcan esos personajes, dos, o tres a lo sumo, que representan otras edades, imprescindibles para contar bien cualquier historia. Por eso te alegras cuando vas al teatro o ves alguna serie de televisión y ves a personas de edad, contentas de poder seguir en activo. Eso es lo que queremos todos, da igual la edad que tengamos, queremos estar activos. Eso nunca cambia.

“La Desiré”

Sí, hay crisis. Pero por eso no voy a abandonar el barco, porque me ahogaría; voy a seguir esperando activamente, reinventándome y tratando de despertar el ingenio como lo despertó mi amiga “La Desiré”, que en la última plaza del último bolo que tenía, viendo que no tenía ninguna expectativa de trabajo, habló con el director del hotel y le preguntó si disponía de algún trabajo para ella. El director la miró de arriba abajo, y después de calibrarla le dijo que, debido a una baja, tenía una plaza sólo para dos semanas en la limpieza de habitaciones. “Okay. Es la primera vez que me dan un trabajo sin tener que hacer ninguna prueba” –le dijo ella.

Se trasladó a la habitación de una amiga que vivía en la misma ciudad y al día siguiente se presentó a la hora convenida. El uniforme le venía un poco estrecho, pero en vestuario no había más opciones. O grande o pequeño. Optó por el estrecho y hasta consiguió que le quedara sexy.

Un día, después de limpiar las habitaciones de una planta, iba ella tan tranquila contoneándose por el pasillo, pensando en los euros que ya había ganado y en los días que le quedaban cuando, hete aquí, que se da de morros con un actor del 1a B al que conocía y con el que había coincidido en varios trabajos.

–¡Desiré! ¡Qué sorpresa! Tú por aquí.

–¡Ah! Y… tú… también por aquí… ¡Qué sorpresa, sí!

– ¿Qué haces vestida de esa guisa?

– Eh… ¿Y tú qué haces aquí?

– He venido a hacer sólo una sesión en una película de bajo presupuesto. Acabo de terminar ahora mismo, ya me marchaba. ¿No me digas que tú también estás en la peli?

– No… no.

– No te pierdes nada porque pagan fatal.

– Ya, según está todo.

– Pero cuéntame, ¿qué estás haciendo aquí?

Antes de contestar, mentalmente contó hasta diez, se colocó el pelo, se estiró el uniforme, ensayó su mejor sonrisa y, mientras tanto, le dio incluso para pensar que una cosa es que ella supiera lo que estaba haciendo –no se le caían los anillos– y otra es que la noticia corriese como la pólvora y las productoras a partir de ese momento la llamaran sólo para fregar suelos.

–Estoy haciendo un corto.

Lo dijo como si hubiera descubierto la pólvora.

–De protagonista. Sí. Y mira lo que son las cosas, en este corto hasta me pagan, y muy bien. Hago de criada, por eso voy vestida así. ¿Qué te creías que voy así por la vida, tonto?

Y se rieron mientras se besaban al despedirse. Lo vio desaparecer por el pasillo con su trolley, camino del ascensor. Y, justo cuando se cerraban las puertas, la encargada le gritó desde el fondo: “Ve a la 604 que la acaban de dejar libre unos del cine”.

Seguro que a ‘La Desiré’, a la vuelta de la esquina, o de varias esquinas, le esperará un personaje a su altura. Mientras tanto, ella disfrutó con el “papel” que le había tocado en ese “corto bienpagao” que le arreglaba el mes siguiente.

¡Ah! En esta profesión es imprescindible ser un buen corredor de fondo.

P.D. A propósito de cortos: en este relato puede que haya material para rodar uno de ellos. Lo voy a mirar o… ¿me lo tengo que hacer mirar?

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