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Carmen Arévalo

El otoño se presentaba bastante frío en referencia a la cuestión laboral. El teléfono sólo sonaba de allende los mares, a la hora de la siesta, para ofrecer nuevos contratos ventajosos de compañías de móviles. Después de acordarme de la madre que parió a todos los que llamaban, colgaba y me decía que tenía que tener más paciencia.

Para mí el año siempre empieza en septiembre, y éste estaba a punto de caducar sin dar ninguna clase de señales.

Algo había que hacer. ¿Qué? –me dije. No sé, déjame pensar.

Me concentré haciendo el Om Om Om… Y nada. Pero de repente noté algo. ¡Ay!, que me viene… que me vieneee… Una bombilla empezó a iluminarse lentamente, como las de bajo consumo, sobre mi cabeza y cuando ya lucía en su esplendor me dijo: “Lee el horóscopo otoño-invierno y en él encontrarás la respuesta”.

Yo tengo mucha fe en el horóscopo, siempre me acierta de lleno. Mañana voy a la peluquería a leérmelo. ¿Pero qué necesidad tengo de ir a la peluquería? Me lo haré yo misma a mi imagen y semejanza, decidí.

Me concentré delante del ordenador, puse las manos sobre el teclado y escribí como poseída por un ente lo que éste me iba dictando:

“Horóscopo otoño-invierno. Signo: cáncer”

Amor

En el amor surgirá un nuevo brote entre tu pareja y tú. Si eres menor de 50 años, será señal inequívoca de que te quedarás embarazada y lucirás espléndida. Si ya has superado esa barrera, significará que tu pareja te sigue poniendo a pesar de la menopausia y deberás aprovecharlo para seguir iluminando tu cutis.

Trabajo

En una fiesta maravillosa te encontrarás con tu directora de casting favorita y le preguntarás: “¿Cómo fue la prueba que hice hace tres meses para una serie? ¿Se sabe algo ya?”. No llegará a contestarte, se dará media vuelta, la misma que tú te darás; esa media vuelta que te hará tropezar con tu destino: chocarás con un director. Se hará un vacío a tu alrededor, en el que sólo estaréis los dos frente a frente. Como en la escena del baile del gimnasio en West Side Story. Entonces él te dirá a cámara lenta: “Te estaba buscando”. Y tu le dirás: “Te estaba esperando”.

Salud

Si se cumplen los apartados de amor y trabajo gozarás de una salud envidiable.

La cosa promete –me dije después de leerlo.

Revisé la agenda y allí tenía la prueba: una invitación para una fiesta especial a la que no pensaba asistir. El siguiente jueves… me puse mona, lo que pude, quedé con dos amigas divertidas, y allí que nos presentamos.

La cola para el photocall era extensa, pero alguien nos echó de ella con un comentario nada sutil: “Ésas que no pasen, no son famosas”. No es que quisiéramos pasar, sólo queríamos colarnos y aquél tipo quería darnos la noche.

Agarré un puñado de cacahuetes rancios que tenía en el bolso, me los metí en la boca, los mastiqué y me dirigí cual fiera al susodicho: “Oye tú, no sabes con quién estás hablando”. Y le llené la cara de perdigones.

Cuando conseguimos entrar nos comimos una bandeja de canapés entera y cayeron dos birras seguidas, una detrás de otra. Y a esperar los acontecimientos ya más relajada. A lo lejos vislumbré, feliz, a la directora de casting que en cuanto me descubrió se dio a la fuga. Ante esa situación, me dije: “No te preocupes sigue las indicaciones”, y empecé a dar vueltas sobre mí misma tropezando a diestro y siniestro, pero él no aparecía. Cogí un combinado explosivo de una bandeja que volaba y seguí girando como peonza en tránsito con el vaso en la mano hasta chocar sin piedad con una columna fuera de lugar. El inesperado choque hizo que me empapara con aquel combinado la parte delantera de mi vestido especial. No me dio tiempo a reaccionar hasta que sentí correr el líquido frío de una cerveza, que una atolondrada chica volcó sobre mis espaldas. Alguien me empujó sin miramientos y caí al suelo enseñando las bragas. Empecé a llorar de rabia. Estaba patética y mis amigas no estaban allí para corroborarlo.

Me dirigí a la salida huyendo de aquella vorágine. ¿Por qué viene tanta gente, qué pasa, ellos también han leído su horóscopo? Cuando logré salir al exterior tropecé con un grupo de fumadores empedernidos y un cigarro cayó sobre mi vestido especial de fiesta y me quemó la tela sensible con que estaba hecho, produciendo un oscuro hueco en medio de la falda justo a la altura de aquello que algunos denominan sexo. ¡No! –grité. Lo que me faltaba. Al grito se volvieron la mayoría de los fumadores… A través de ellos descubrí a alguien que me hizo esbozar una sonrisa tipo: “No pasa nada, es normal que te empapen y te quemen y que el rimel al llorar se corra… es… divertido”.

Allí estaba “mi director”, como vaticinaba el horóscopo, mirándome como si hubiera visto una aparición.

– ¡Mamá! Te estaba buscando, ¿qué te ha pasado?, ¿has bebido?

– ¡Hola Dani! Sí, he bebido ¡un poco! Bueno, también he bebido por fuera, y casi me incineran –le dije riendo mientras le mostraba el vestido.

– Madre, ¿seguro que estás bien? Te llevo a casa.

– Que no Dani, que estoy muy bien. Estoy mucho mejor de lo que crees… Tengo que practicar un poco más con el horóscopo, eso es todo, mañana lo intentaré de nuevo. Es que esperaba a un director de teatro.

– ¿Seguro… que no has bebido?

– ¡Qué pesao eres, que no! Me voy dentro, que estaba con unas amigas y las he perdido.

¡Ah! Y dile al del photocall de mi parte ¡que le den!

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