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Antonio Hernández

Spamalot, la revista transgresora

Autor: Eric Idle Compositor: Jhon du Prez
Productores: Filmax Stage & Events Julio Fernández y Carlos Fernández
Directores y adaptadores: Tricicle
Director musical: César Belda
Director de coreografía: Francesc Abós
Escenografía: Carles Pujol
Iluminación: Juli González
Sonido: Francisco Grande
Vestuario: Carles Solé
Caracterización: Toni Santos

Con: Jordi Bosch (El Rey Arturo), Dulcinea Juárez (la Dama del Lago), Fernando Gil (sir Lancelot/soldado francés/picus Magnificus), Ignasi Vidal (sir Galahad/Caballero Negro/Crispín/Padre Herbert), Julián montalvo (Patsy/soldado de Herbert), Josep María Gimeno (sir Bedevere/alcalde/madre de Denis/Ni/guardia de Herbert/alternante Rey Arturo), Jesús García (historiador/Príncipe Herbert/Tom “el palmao”/soldado francés/juglar/angelito), Victor Ullate (Robin/alternante príncipe Herbert), Lorena Calero (alternante Dama del Lago), Toni Viñals (alternante Robin/Lancelot/Patsy) y Rubén Yuste (alternante Galahad/Bedevere)

Cuerpo de baile: Cristina Domínguez, Gemma García, Piluca Gómez, Michelle Marier, Graciela Monterde, Marchu Llorente, Susann Muntasell, Santiago Cano, Nico Baumgartner, Joaquín Fernández, Adán Aguilar, Gonzalo Larrazabal, Gabriel Nicolás, Ander Arabolaza

Barcelona fue la ciudad en ver el estreno de esta obra, que después recaló en el teatro Lope de Vega de Madrid hasta finales del mes de febrero para luego salir de gira. Se trata de un loco musical basado en la película Los caballeros de la Mesa Cuadrada de los Monthy Python. La búsqueda del Grial por parte del Rey Arturo y sus caballeros sirve para hacer una revisión de los clichés del musical y de la mitología, la literatura y el cine artúrico, a la vez que hace reír al espectador. Sin duda es el espectáculo más alternativo y trasgresor que se ha visto últimamente en Madrid, igual que el año pa sado lo fue Los productores, también basado en una película, en este caso de Mel Brooks, con la que compartía el título. No se debe olvidar que para transgredir también hace falta dinero. Este montaje lo tiene. Pero lo que de verdad tiene es un completo cuerpo de actores y actrices que lo mismo cantan que bailan, que lo mismo hacen una gracia que declaman, que lo mismo hacen de caballero que de mendigo. La mano de El Tricicle está detrás y se nota en esas sutiles referencias a lo que en su momento fue un genero español muy popular, la revista. Viendo el espectáculo, se piensa que Dulcinea Juárez podría haber sido, por voz y por presencia, una de esas vedettes que tanto entusiasmaron al público español. Y Fernando Gil, y otros muchos de los actores, podría haber pertenecido a aquella cantera de cómicos que ahora llenan Cine de barrio como durante mucho tiempo llenaron los escenarios.


Realidad, un texto para ser representado

Autor: Tom Stoppard
Versión: Juan V. Martínez Luciano
Productor: Centro Dramático Nacional
Directora: Natalia Menéndez
Escenografía: Alfonso Barajas
Iluminación: Iván Martín
Música y espacio sonoro: Luis Miguel Cobo
Vestuario: María Araujo

Con: Arantxa Aranguren (Charlotte), Javier Cámara (Henry), Juan Codina (Max), Patricia Delgado (Debbie),
Alex García (Billy), Jorge Páez (Brodie), María Pujalte (Annie)

Realidad, la obra de Tom Stoppard, representada en el Teatro María Guerrero de Madrid, es otra obra de actores, como cualquiera puede comprobar al leer el texto en la soledad de su casa. El público sale contento tras asistir a la historia de amor e infidelidad entre un autor teatral de éxito y una actriz popular que sucede en los terraces y los lofts de Londres. Lo que comentan sobre la ficción, cómo se construye o se deja de construir, y la realidad parece inteligente y de cierta verdad. Sin embargo, leído no es lo mismo. Le falta esa carnalidad, ese aliento, que si la obra tiene se la debe sobre todo a María Pujalte y Javier Cámara y, en general, a los actores que les acompañan. Ellos son los responsables de que los espectadores salgan con la oreja mojada por las palabras. Les han hecho llegar el sonido de las frases. Se las han hecho comprensibles y las han dotado de peso y densidad, de la misma manera que las han hecho ligeras para que alcancen a cualquier persona de su audiencia sin molestar.


El arte de la comedia y los cómicos equilibristas


Para celebrar su decimoquinto
aniversario, La Abadía ha invitado a
algunos de los actores que han pasado
por el teatro a lo largo de estos años.

Autor: Eduardo de Filippo
Versión: Ana Isabel Fernández Valbuena
Productor: Teatro de la Abadía
Director: Carles Alfaro
Escenografía e Iluminación: Carles Alfaro Vestuario: María Araujo

Con: Enric Benavent (Oreste Campese, director de una compañía de cómicos), Markos Marin/Luis Moreno (Armando Veronesi, guarda), Carmen Mach/Luisa Otón (Palmira, dueña del bar), Pedro Casablanc (Excelentísimo de Caro, gobernador), José Luis Alcobendas (Giacomo Franci, secretario del gobernador), Jesús Barranco (Quinto Bassetti, médico), Joaquín Hinojosa (Padre Salvati, párroco), Lola Manzano (Lucia Petrella, maestra) Ernesto Arias/Cipriano Lodosa/Óscar de la Fuente (un montañés), Palmira Ferrer/María Miguel/Ana Cerdeiriña (la mujer del montañés), Diego Galeano (Girolamo Pica, farmacéutico), Óscar de la Fuente/José Manjón (sacristán)

También son los actores y las actrices una pieza clave de la obra El arte de la comedia representada en el teatro La Abadía de Madrid. El público asiste a una comedia que, como las buenas en su género, parte de una desgracia. Una compañía teatral ambulante ha perdido la carpa en las que representan sus obras de repertorio. La municipalidad les ha dejado el teatro local para que trabajen y ganen un dinero con el que comprar los billetes que les permitirán irse a otra compañía de teatro ambulante que les espera en el sur. Pero el público, su público, acostumbrado a la carpa, no acude al teatro. Al director de la compañía se le ocurre acudir al nuevo gobernador y pedirle que asista a una de las representaciones, lo que les daría publicidad. El gobernador, a pesar de declararse actor aficionado y amante del teatro (del de antes, por supuesto), se niega. El teatro es una ficción y, por tanto, no es un asunto de los gobiernos, estos solo se ocupan de lo real. Y de eso va la obra, de cómo la tensión entre lo ficticio y lo real genera la realidad, que mal que les pese, es asunto de los gobiernos.

El público ríe. El mismo público que recomendará la obra a familiares, amigos y compañeros del trabajo. Y esa risa es resultado del trabajo de unos cómicos, muchos formados en el propio teatro La Abadía, que saben moverse en la delgada línea de tensión que ha creado el autor, Eduardo de Filippo, siguiendo la dirección de Carles Alfaro. Unos verdaderos equilibristas que recogen la risa y los repetidos aplausos del público.


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