Nuestro teatro 108

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apuntes_nuestro_teatroEl destino de un cuadro es estar torcido o redondas risas poéticas

Autor: 3Güimen basado en textos propios y de otros autores
Dramaturgia: Marina Andina, Celia Bermejo y Antonella Pinto
Dirección: Antonella Pinto
Producción: 3Güimen
Iluminación: Guillermo Erice y Javier Botella
Espacio sonoro: Daniel Moreno, Manuel Gutiérrez y Francisco Sabido
Vestuario: Marina Andina

Con (por orden alfabético): Marina Andina y Celia Bermejo
Página Web: http://eldestinodeuncuadro.wordpress.com/

Viendo este espectáculo se puede afirmar sin temor a equivocarse que a un actor o a una actriz no hay quien lo/la pare. Que, en el continuo equilibrio inestable que es la profesión, son capaces de apañárselas para seguir adelante y seguir trabajando en un escenario. Así empieza esta obra, con dos estupendas actrices, Marina Andina y Celia Bermejo, en equilibrio inestable sobre unos pequeños cubos colocados boca abajo. Y, de ese estar a punto de caerse, surge algo que hará las delicias de los compañeros de profesión y, lo que es más importante, del público que se acerque a ver el espectáculo. Una “stand up comedy” de dos en la que el chiste y la poesía se dan la mano y caminan juntos. Hecha para el disfrute de quien asiste a la representación, para el pequeño formato de los teatros alternativos, que en tiempos de crisis afloran por doquier, y para las pequeñas salas de los teatros públicos que intentan imitarlos. Donde la cercanía no permite que se pierda una palabra, un gesto, un elemento que se pone en escena; donde la música suena como en un tocadiscos desvencijado y olvidado de cuando un LP era una obra completa y las canciones no se vendían sueltas en el mercado. Así, hacen una obra redonda, como aquellos discos, para tiempos modernos. Una obra en la que toda emoción es posible y la extravagante selección de sketches cuenta una historia humana en la que los cuadros tienden irremediablemente a estar torcidos.

apuntes_nuestro_teatro_2Maridos y mujeres o en-pareja-dos

Autor: Woody Allen (en traducción de José Luis Guarner)
Dirección y versión teatral: Àlex Rigola
Producción: La Abadía
Espacio escénico: Max Glaenzel
Figurinista y ayudante de escenografía: Vanessa Actif
Iluminación: María Domènech

Con (por orden alfabético): Luis Bermejo (Álex); Israel Elejalde (José Luis); Miranda Gas (Rain/Gloria); Elisabet Gelabert (Alicia); Alberto Jiménez (Carlos/Ronald); y Nuria Mencía (Carlota)
Página Web: http://www.teatroabadia.com/temporada/ficha.php?id_obra=381

Todos los públicos disfrutarán de esta obra. Tiene la ligereza y la profundidad para convencer por igual a los que sólo buscan una comedia y/o una conversación banal en la cena, como a los que buscan risa y algo más. Esto lo tienen claro desde el director, Àlex Rigola, al elenco que cogen el texto de Woody Allen y lo hacen propio de ellos y de aquí. De tal manera que viéndola, aunque se conozca la película de la que procede, se tenga la sensación de que se ve y se escucha por primera vez. Como si hubiera sido escrita para los actores y las actrices que la representan cada noche, rodeados literalmente, de espectadores. De un público que se sienta en escena junto a ellos en esa simple, sencilla y eficaz escenografía que Glaenzel ha ideado. Y que igual sirve para un semi-adosado de urbanización periférica que para un piso en el centro o el imponente ático de un senador. Pues el espacio y los mínimos elementos usados cambian con el cuerpo, la voz y las habilidades que se despliegan en escena para contar las afinidades electivas de parejas de profesionales, cultas y exquisitas y el azar que las maneja, creando un vodevil, rápido y ligero, de parejas que se rompen o se hacen, sobre las fracturas del amor y las escayolas usadas para recuperarse. Al final se convierte en un divertido funeral por la muerte del amor romántico, esa idea que todavía dirige la vida de relación y de pareja. El grado de realidad, de naturalidad, es tal que quien asista a la obra no verá a los actores como actores, sino como los personajes de carne y hueso. Como personas que, a pesar del pudor, acuden al teatro a compartir eso que se llama amor. Su amor.

apuntes_nuestro_teatro_3Si supiera cantar, me salvaría – El crítico o volver a la vida

Autor: Juan Mayorga
Dirección: Juan José Afonso
Producción: Iraya Producciones, Nearco Producciones y Metropolitana S.A.
Escenografía y Vestuario: Elisa Sanz
Iluminación: Carlos Alzueta Bengoetxea

Con (por orden alfabético): Pere Ponce (Scarpa) y Juanjo Puigcorbé (Volodia)
Página Web: http://www.irayaproducciones.com/index.php

Sin duda, es una suerte para el teatro español tener un autor como Juan Mayorga. Un autor incansable que trabaja el castellano para que sea dicho en escena. Escribe palabras que forman frases, frases que se convierten en diálogos, en acciones, en escenas y permiten a la profesión mostrar de lo que es capaz. Los actores cogen todo ese artificio que es el teatro, esas frases mayorgianas y las dotan de aliento, de vida, pues son la semilla de la verdad que esconden, al menos de una verdad para no ser dogmáticos, cosa que este autor no es. En este caso los llamados son Pere Ponce y Juanjo Puigcorbé, que representan respectivamente un autor y su crítico de cabecera en la noche del estreno de una obra del primero. Y aceptan la llamada de tal manera que las vueltas que da la trama y el discurso y las palabras se alojan en la retina y el oído del espectador como si no pudieran ser hechas ni dichas de otra forma. Así pasan de la discusión de qué y cómo debe ser el teatro a la praxis. Y Pere Ponce, él solo, representa toda la obra que, como Scarpa, el autor, acaba de estrenar. Y sin verla parece que se ha visto. Y sin verla, se quiere volver a verla. Que desde ese estado de ensoñación sean capaces de sacar al público para llevarlo a la vida, al único lugar al que debe llevar el teatro, sólo habla de la calidad de ambos actores. Y el público aplaude una y otra vez. Agradece que se le devuelva a la vida, aunque le cuesta dejar de aplaudir porque es como abandonar a Ponce y a Puigcorbé y dejar el teatro, esta obra para salir a la calle. A su vida diaria, a sus miedos y a las mentiras que los ocultan.

apuntes_nuestro_teatro_4FdOaP: Ping Pang Qiu o Angélica Liddell como Orfeo, el bardo

Escenografía, vestuario, texto y dirección: Angélica Liddell
Producción: Iaquinandi, S.L., Comédie de Valence, Centre Dramatique National Drôme-Ardèche y Festival Temporada Alta 2012
Iluminación: Carlos Marquerie
Sonido: Antonio Navarro

Con (por orden alfabético): Fabián Augusto Gómez Bohórquez; Lola Jiménez; Angélica Liddell y Sindo Puche
Página Web: http://www.madrid.org/fo/2013/es/fichas/ping-pang-qiu.html

Segunda convocatoria del Festival de Otoño a Primavera de Madrid (FdOaP). Lleno absoluto. Gente esperando que a alguien le sobre una entrada para comprársela. La expectación habitual para los espectáculos de Angélica Liddell, en parte debido a sus cortísimas temporadas. Predominan las mujeres de aspecto moderno y alternativo. Y, en el día de estreno, el quién es quién del teatro considerado culto, incluidos famosos aficionados. ¿Se justifica la expectación? Sí. Pues Angélica es una amante del riesgo lo que no impide que se de unos batacazos monumentales. No es el caso de esta Ping Pang Qiu. Trabajo limpio, claro e hipnótico para quien quiera entender y comprender. Descrito como teatro documental, como podría haberse descrito de cualquier otra manera, por esa necesidad de clasificación que tiene el mundo en el que vivimos. Clasificar para desactivar su peligro. El riesgo. Cada cosa en su caja y cada caja con sus cosas. Pero la Liddell se empeña en abrir las cajas y poner las cosas encima del escenario. Darles otro orden o, simplemente, desordenarlas de una forma sistemática. Como un médico que disecciona un tumor o drena una supuración al que Carlos Marquerie le iluminase el campo de operaciones. En este caso, como Orfeo busca a Euridice, Angélica acude a rescatar a su amada China. Sabe que puede volverla a la vida siempre y cuando no mire atrás, a su pasado, ni tampoco a su presente. Donde encontrará a peligrosos hombres (y mujeres) solos, que todo sistema o estructura, comunista o no, la crítica especializada o no, se encargará de aniquilar o de que se autoaniquilen. Un hombre solo y una mujer sola son una fiesta que no dura más que lo que se tarda en hacer un paquete de tallarines precocinados. Tanto tiempo. Y significa llorar.

Autor: Antonio Hernández

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