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Antonio Hernández

Tres años, la felicidad es representar la obra

Autor: Chéjov
Dramaturgia: Juan Pastor, en colaboración con los actores y actrices de la función
Dirección: Juan Pastor
Producción: Teresa Valentín-Gamazo
Escenografía: Juan Pastor
Iluminación: Pablo Jaenicke
Vestuario y ambientación: Teresa Valentín-Gamazo
Ambientación musical: Marisa Moro y Pedro Ojesto

Con (por orden alfabético): José Bustos (Jaime), Raúl Fernández (Alejandro), Alicia González (Paulina), José Maya (Gregorio) y María Pastor (Julia)

Teatro la Guindalera, un secreto a voces en Madrid. Una sala pequeña que lleva los últimos años atrayendo públicos, convencionales o no, con montajes que gustan tanto a la crítica como a los aficionados de cualquier clase y condición. A todos ellos les propone ahora la sencilla historia de una pareja que se conoce, se casa y acaba siendo feliz junta, de la misma manera que un perro al sol no se levanta de la losa en la que está tumbado y corre hacia la libertad que le promete el bosque. Para ser testigos de esta transformación hay que acudir al teatro, sentarse en la sala y estar dispuesto a disfrutar. Hay risas, momentos emotivos y de tensión; hay ganas de avisar a los personajes, de señalizarles el camino cuando se les ve perdidos, de consolarles, y de responder ante esas interlocuciones retóricas que los actores hacen al público. Reacciones que seguramente son resultado del trabajo colectivo marca de la casa, en el que Chéjov pone la novela, Juan Pastor la dramatiza y luego los actores la trabajan con él, incorporando sus historias. De tal manera que se cumple la máxima de que para hacer teatro no se necesitan grandes producciones, sino material humano en el texto y dentro y fuera del escenario. José Bustos, Raúl Fernández, Alicia Gómez, José Maya y María Pastor tienen de sobra como para aparecer en todas las quinielas de los premios que se vayan a dar esta temporada. Tanto es así que, después de los muchos aplausos que reciben, salen al pequeño vestíbulo del teatro –con un rico aguardiente de guindas en la mano– a departir con los espectadores, como si no hubieran hecho nada extraordinario, como si fuera tan fácil hacerlo bien y tuvieran que agradecer algo al público, cuando es todo lo contrario.


Yo heredero, la comedia benéfica

Autor: Eduardo de Filippo (traducido por Juan C. Plaza Asperilla)
Dirección: Francesco Saponaro
Producción: Andrea D’Odorico
Escenografía: Andrea D’Odorico
Iluminación: Juan Gómez Cornejo
Vestuario: Ana Rodrigo
Canciones: Enzo Moscazo
Piano: Mariano Bellopede

Con (por orden alfabético): Fidel Almansa (Lorenzo), Ernesto Alterio (Ludovico), Beatrice Binotti (primera señora), Concha Cuetos (Dorotea), África García (segunda señora), José Luis Martínez (Ernesto), Rebeca Matellán (Bea), Natalie Pinot (Caterina), José Manuel Seda (Amedeo), Mikele Urroz (Adele), Yoima Valdés (Margherita), Abel Vitón (Cassese)

Existe un refrán español que dice que por la compasión entra la peste, ése podría ser el resumen de esta historia. Un pobre, que vivía acogido en una casa de ricos, muere, y su hijo acude a reclamar la herencia, que no es otra que ese puesto de pobre acogido que ha dejado su padre al morir. Un padre que por mantener su puesto se sometió a la compasión y mofas de los señores de la casa y de su servicio. Sometimiento que está dispuesto a aceptar su hijo voluntariamente, lo que da pie a dar la vuelta a la tortilla, siendo el beneficiario quien elige a sus benefactores. Humor incómodo que, tal vez, explique los silencios de la sala ante algunas de las situaciones divertidas que plantea. Acierto de programación para estos tiempos tan comprometidos en los que los señores y los que están a su servicio se reúnen para beneficiar a los ausentes. Con un Ernesto Alterio chaplinesco, a más no poder, rodeado por un buen elenco. Sin embargo, la función no acaba de funcionar. Posiblemente debido al texto, que no termina de resolver el planteamiento inicial, y a la dirección, que ha trabajado bien las escenas pero no el conjunto y deja al público sin marcarle el territorio por donde se va a mover, sin desbrozar el territorio moral y social en el que se desenvuelven ellos y la obra.


El desván de los juguetes, el inicio de una afición

Dramaturgia, dirección, diseño escénico y vídeos: Enrique Lanz
Producción: Etcétera (con la colaboración de la Junta de Andalucía)
Coreografía: Carina Martín
Construcción de marionetas: Enrique Lanz, Carlos Montes, Óscar Ruiz
Pianista: Alexis Delgado

Con (por orden alfabético): Yanisbel Victoria Martínez

Manipuladores de marionetas: Carlos Montes, Migue Rubio, Óscar Ruiz, José Luis Villegas

Llevan los padres, con entusiasmo y algo de miedo, a sus hijos a una de las sesiones pedagógicas o para familias que tiene programadas esta temporada el Teatro Real. Son conscientes de que una buena experiencia facilitará que en el futuro compartan afición y amor por la música y por el teatro, y no se equivocaron al elegir de todas las programadas ésta que comienza, no en la sala, sino dos plantas más abajo, de donde salen todos los asistentes juntos para visitar el Real desconocido hasta llegar a la pequeña sala Gayarre, convertida para el montaje en un desván abandonado con butacas. El lugar elegido por un pianista furtivo para practicar, hacer dedos, con La caja de juguetes que Claude Debussy compuso para disfrute de su hija y que será el disfrute de grandes y pequeños gracias a la narración de Yanisbel, la calidad del pianista Alexis Delgado y la imaginación de la compañía Etcétera. Capaces como son de hacer un ballet de marionetas y de volar por el escenario la imaginación de los niños y los adultos que les acompañan con un eficacísimo uso de la luz, el color y los movimientos de los elementos puestos en escena. Todo para contar la historia de amor entre un soldado y una bailarina. El silencio sólo lo rompen ruidos de asombro ante lo que se ve en escena, como cuando se llena de flores con una simple proyección, y un fuerte aplauso final a todo el elenco, antes de que el público invada el escenario para tocar, ver y hacerse fotos con los mismos juguetes que protagonizaban la función. ¡Menudo fin de fiesta!


Juicio a una zorra, la eternidad ama los frutos del tiempo

Texto y dirección: Miguel del Arco
Producción: Aitor Tejada de Kamikaze Producciones
Iluminación: Juanjo Llorens
Música: Arnau Vilá
Espacio sonoro: Sandra Vicente (Studio 340)

Con (por orden alfabético): Carmen Machi (Helena)

Carmen Machi lleva varios años intentando dejar atrás el personaje de Aída que tanta popularidad le ha proporcionado. Pero no reniega de él, algo que se ve en los espectáculos que ha hecho posteriormente, pues, cuando menos se lo espera el público, echa mano de los registros utilizados para dicho personaje. Registros que el espectador reconoce y ríe en cuanto aparecen en escena. En esta obra da, de la mano de Miguel del Arco, un paso más. Un gran paso hacia esa gran actriz del teatro español en la que puede convertirse, si no lo es ya, que permita hablar de “la Machi”. Para ello, el director, como ya hiciera en otra ocasión con Nuria Espert, plantea un monólogo en el que una obra clásica se cuenta desde el punto de vista del personaje femenino. En esta ocasión el personaje es Helena de Troya, la zorra del título, la que cuenta la historia de su vida usando ese invento tan pequeño que los seres humanos llaman palabras. Pero en escena hay más que palabras: el conocimiento de un equipo de dos, la actriz y el director, que saben que “la eternidad ama los frutos del tiempo”. Como ama ya esta pequeña obra, en duración, que los asistentes al teatro de la Abadía recordarán y guardarán en su memoria. Al menos así lo indica un patio de butacas en pie y aplaudiendo, que hace salir tres veces a escena a la actriz para saludar.

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