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Antonio Hernández

Zoo, un montaje para toda la familia

Idea original, creación y dirección: Yllana
Producción: Mabel Caínzos, Ángel García
Dirección Artística: Juan Francisco Ramos y David Ottone
Escenografía: Yllana
Iluminación: Irene Cantero
Vestuario: Gabriela Salaverri
Efectos de sonido: Jorge Moreno “Milky”
Diseño de sonido: Luis López Segovia
Coreografía: Carlos Chamorro

Con (por orden alfabético): Susana Cortés, Juan Francisco Dorado, Rubén Hernández y César Maroto.

Es Zoo un espectáculo sencillo y complejo a la vez. Sencillo en su planteamiento. Complejo de mantener, es decir, de mantener su tensión en el escenario. Sketches no le faltan para atraer al espectador. Ese público de espectáculo supuestamente infantil que va desde muy niño a muy mayor. Yllana es consciente de lo que se trae entre manos. Una historia mínima. Nonchalance o nonsense. Y salen a defenderla a capa y espada, desde que entran en la sala por el bien del espectáculo y de los que han pagado por verlo. Son todo gestos, todo físico. Un humor sin palabras que mueve al cachondeo general y que logra que el público, algunas personas del público, se conviertan en parte del espectáculo y se suban al escenario. Personas a las que los actores contagian el espíritu y transforman en improvisados actores que hacen el delirio de sus acompañantes y del resto de la platea. El aplauso no se hace esperar cuando llega el final de esta aventura que sucede en la selva y que parodia tanto a las nuevas como a las viejas películas de aventuras que suceden en ambientes exóticos. Actores a los que el público les agradece que les hayan convocado reclamando varias veces su presencia en escena a saludar.


Burundanga, la potente dinamita de la risa

Autor: Jordi Galcerán
Dirección: Gabriel Olivares
Producción: Mar Ricote, Gaspar Soria
Producción ejecutiva: El Reló Producciones, Verteatro, Smedia
Escenografía y atrezzo: Ana Tusell
Iluminación: Felype R. de Lima
Vestuario: Felype R. de Lima
Maquillaje y peluquería: Jorge Algar, Beatriz Salazar, Isabel Oliva para Making of Hair
Diseño de sonido y adaptación musical: Tuti Fernández

Con (por orden alfabético): Mar Abascal (Silvia), Eloy Arenas (Jaime), César Camino (Gorka), Antonio Hortelano (Manel) y Marta Poveda (Berta).

Promete y asegura risas este nuevo Galcerán a costa de una realidad que no hace mucha gracia: el terrorismo de ETA. Y a fe que lo consigue. Si en el texto es la escopolamina la que filtra la verdad, en la platea es la risa la que filtra el alivio del público al reconocer que también de esto puede uno reírse sin ofender. Para eso está el elenco en el que destaca Mar Abascal. Esta actriz dice el texto y mete las frases con una vis cómica en la que se reconocen muchas de las actrices clásicas españolas desde la Gracita Morales a la María Barranco de Mujeres al borde de un ataque de nervios, ¡Jo, tía! Elenco que defienden sus personajes con sus bondades y sus defectos actorales, ambas más evidentes en el caso de Eloy Arenas y César Camino, ya que la popularidad que tienen hace que se les conozca mejor para lo malo y para lo bueno. Lo que no impide su éxito en Madrid, ni lo impedirá urbi et orbi, al menos en España. Pues, en cierto modo, puede suponer para el tema que toca lo que el programa Vaya Semanita supuso para el País Vasco. Y es que la risa es una potente dinamita que hace saltar tensiones y de esa ha puesto mucha en esta comedia el autor, y los actores la sirven recién sacada del horno para degustar.


Pacto de Estado, tres temporadas de humor para todos los partidos

Dramaturgia y dirección: Pilar G. Almansa
Producción: CríaCuervos
Escenografía: David Pizarro, José Luis Raymond y CríaCuervos
Iluminación: Pablo Seoane
Espacio Sonoro: Mario Mocanu
Vestuario: CríaCuervos y Carlos Pinilla
Marionetas: Rocío Vidal

Con (por orden alfabético): Felipe Andrés (Pepe Luis), Rafael Navarro Galán (Monseñor Cloa), Rocío Vidal (Mariana Rajons)

Es difícil decir algo nuevo de una obra que lleva ya tres temporadas y que ha pasado tanto por locales de teatros alternativos como comerciales con el beneplácito del periodismo teatral. Se la ha descrito como cabaret, comedia, farsa-políticos y mucho más. Lo cierto es que se suma a las obras que han alegrado la cartelera este verano y este comienzo de temporada, y es una de las responsables de las muchas carcajadas que se le oyen al público en Madrid. Y es que lo sudan, y no es retórica, para conseguirlo. A la acertada composición, en la línea del programa de humor Polonia, de Felipe Andrés como Pepe Luis, el sempiterno presidente de gobierno, se le suman la de la niña de Rajons de Rocío Vidal y la de Monseñor de Rafael Navarro Galán para dar un fresco de los trasuntos de la política, la que se pacta y se hace al margen de la calle. Calle donde a la vez que se representa la obra, el partido en el gobierno y la oposición pactan cambios en la Constitución, como si estuvieran en la obra de teatro, al margen de la ciudadanía que pide participar en dicho pacto mediante un referéndum. Y ya no es posible saber si la frase hecha es que “la realidad supera la ficción” o que “la ficción supera a la realidad”, cuando tanto se parecen y lo que sucede fuera entra dentro del escenario.


La caída de los dioses, oro, acero y traición

Dirección: Toma Pandur
Producción: Teatro Español, Teatro Calderón y Festival Grec
Dramaturgia: Livija Pandur, basada en la historia y el guión original de Nicola Badalucco, Enrico Medioli y Luchino Visconti
Traducción: Pablo Viar
Escenografía: NUMEN (Sven Jonke)
Diseño de video escenas: Álvaro Luna
Iluminación: Juan Gómez Cornejo
Coordinación musical: Antonio Moreno
Vestuario: Angelina Atlagi
Diseño de caracterización: Chema Noci

Con (por orden alfabético): Manuel de Blas (Baron Konstantin von Essenbeck), Francisco Boira (Herbert Thallmann), Fernando Cayo (Von Aschenbach), Emilio Gavira (Janek), Ramón Grau (Pianista), Alberto Jiménez (Friedrich Bruckmann), Nur Levi (Elisabeth Thallmann), Santi Marín (Günther von Essenbeck), Pablo Rivero (Martin von Essenbeck), Belén Rueda (Baronesa Sophie von Essenbeck)

Uno puede pensar que los montajes de Pandur, al menos los que se han podido ver hasta ahora en España, son montajes banalizados por la estética. No se puede negar que sus montajes son, en su oscuridad, hermosos o están llenos de hermosas imágenes. Muchas de las cuales no serían nada sin el cuerpo y, a veces, la voz que dice el texto representado y la música que las acompaña. La caída de los dioses está llena de esas hermosas escenas para contar cómo una vez que comienza la corrupción, en este caso bajo la encarnación del nazismo, acaba con todo, hasta con una de las familias más poderosas de aquellos años en Alemania y en el mundo, como correspondía a los dueños de la empresa que proveía de armas pesadas a todos los ejércitos. Corrupción que llega pensando en el beneficio económico y en el propio. La belleza, de nuevo, no se podría alcanzar sin los actores que encarnan los personajes que dan el perfil y el tipo, desde el punto de vista de la imagen, como se puede comprobar en la exposición fotográfica que recibe al público en el hall de las Naves del Teatro Español del Matadero de Madrid. Y, por supuesto, sin la imaginación de Pandur y del equipo que le acompaña. Propuesta que se beneficiaría de un mayor trabajo con los actores menos experimentados teatralmente, cuyos aciertos y desaciertos son más visibles. Seguramente por su exposición casi continua en escena y por pivotar sobre ellos la trama. Aunque, lo que no se le puede negar a ninguno, es la entrega. Creen en lo que están haciendo. El público lo nota y se lo agradece con un fuerte aplauso que se hace más intenso cada vez que Emilio Gaviria sale a saludar. No obstante, es el que mejores momentos les ha proporcionado.

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