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Antonio Hernández

Tórtolas, crepúsculo y… telón, un teatro sin complejos

Autor: Francisco Nieva
Producción: Centro Dramático Nacional
Director: Francisco Nieva
Escenografía: José Hernández
Iluminación: Nicolás Fischtel (AAI)
Música y espacio sonoro: Miguel Tubia
Vestuario y caracterización: Rosa García Andujar

Con (por orden alfabético): Isabel Ayúcar (Lorena), Pablo Baldor (Barrabás), Beatriza Bergamín (Opal), Manuel de Blas (Senedian), Fernando Gallego (Barrabás 2), Bertoldo Gil (fraile armenio 2), Trinidad Iglesias (Ramadea), Ángeles Martín (Camila), Jeannine Mestre (Zemira), Esperanza Roy (Trapezzia), Carolo (fraile armenio 1), Carlos Velasco (Ramadeo), Cristina Zapata (vieja loca 1), Marisa Zapata (vieja loca 2).

Los integrantes de una compañía que ha perdido su brillo y su éxito llegan a una remota ciudad de no se sabe muy bien donde y se quedan encerrados y custodiados en un teatro que en apariencia también ha perdido su brillo y su éxito. La causa de su encierro es una extraña enfermedad que ellos no padecen pero que exige cuarentena. El teatro está habitado por sus espectadores. Unos espectadores invisibles y exquisitos (¿cadáveres exquisitos?), en el patio de butacas, que solo miran y no hablan, lectores de periódicos que nadie lee venidos de lugares remotos como Nueva York. Y otros espectadores visibles, que forman parte del espectáculo, lo quieran o no, porque lo habitan. Es un teatro que apenas da para comer un mendrugo de pan y chocolate rancio limosneado por unos monjes armenios que también son correo, policía y no sé cuantas cosas más. Un teatro siempre amenazado por el telón que corta y acaba cualquier espectáculo.

Nieva se libera a sí mismo, a los actores y al espectador, en este espectáculo que exige al público acudir con cuerpo de jota y de jarana, para reír y disfrutar del espectáculo con las vedettes Esperanza Roy y Jeannie Mestre. Y con ese espíritu, cualquier día se provocan diez minutos de aplauso y apoteosis final cuando sale el autor a saludar.


El cielo, o el arte contemporáneo recupera el humor y la poesía

Autores, productores, directores, escenografía y vestuario: los Torreznos
Con: Jaime Vallaure y Rafael Lamata (los Torreznos)

Esta pieza, estrenada en el Festival MAPA de Pontós, Girona, y que inauguró el Festival Escena Contemporánea de 2010, vuelve a representarse en la explanada que queda entre las naves del Matadero de Madrid. La convocatoria fue a las nueve de la noche, cuando el cielo que se preparaba para ser un cielo nocturno. La luz precisa para disfrutar de esta obra de arte que hizo realidad el dicho popular “De Madrid al cielo”. Eso es lo que consiguen Jaime Vallaure y Rafael Lamata, dos artistas contemporáneos que trabajan en el ámbito de la performance y que representaron a España en la edición 52 de la Bienal de Venecia en 2008.

Es un montaje sencillo. En escena, dos personajes vestidos de negro. Dos escaleras. Y un texto que hará subir, subir, subir, a los performers y a sus espectadores a lo alto de las escaleras desde donde salen volando entre aviones que pasaban por allí, cúmulo-limbos y cirros, para llegar a los planetas y al más allá. Lugar en el que, además de santos y santas, hay un señor anciano (acompañado de una mujer de pelo largo, un hombre desnudo y una paloma) que dice algo que no se entiende y que por mucho que se le pida que lo repita y que lo grite, sigue sin entenderse.

El espectáculo, creado para regocijo del personal, se debería representar en tantas plazas como se pueda, incluidas esas grandes plazas que se (de)construyen o maxi-minimalizan delante de los centros de arte contemporáneo. Lo que sin duda sucederá o debería suceder, dado su bajo coste de producción. Por tanto, hay que estar atentos, no sea que se le pase a uno el viaje que hay de una callosidad a un cirro, de una callosidad a un cúmulo-limbo.


Los chicos de historia, un hatajo de nuevos y buenos actores


Autor: Alan Bennett Versión: José María Pou Productor: Focus Director: José María Pou
Escenografía: Paco Azorín Iluminación: Pep Gámiz Espacio sonoro: Jordi Ballbé Vestuario: María Araujo

Con: José María Pou (Héctor), Joseph Minguell (Director de la escuela), Maite Gil (Sra. Lintott), Jordi Andújar (Irwin), Nacho Aldeguer (Timms), Javier Beltrán (Rudge), Albert Carbó (Posner), Oriol Casals (Akthar), Alberto Díaz (Dakin), Xavi Francès (Crowther), Ramón Pujol (Scripps), Juan Vázquez (Lockwood).

Esta tragicomedia sobre un instituto masculino de clase media con director empeñado en que sus alumnos pasen las pruebas de acceso de las mejores universidades británicas llega a España precedida de un gran éxito en Londres y en Broadway. Y un gran fracaso en su versión cinematográfica.

La obra, planteada en forma de personaje tesis (el profesor Héctor), personaje antítesis (el profesor Irwin) y, posiblemente, un personaje síntesis (la señora Linttot) da pie al debate de para qué sirve y cómo debe ser la educación en un mundo, representado por el director, que pide resultados cuantitativos en vez de cualitativos. Que Héctor, el profesor-tesis, disfrute metiendo mano a los chicos cuando los lleva en moto de vuelta a casa con el conocimiento, aceptación y cachondeo de los propios alumnos, o que Irwin, el profesor-antítesis, sea un homosexual conservador y acepte el agradecimiento del guapo machote de la clase por haberle ayudado a conseguir su plaza, también plantea otro tema candente en nuestra sociedad, la pederastia y el sexo juvenil hoy en día.

En la obra, Pou, al igual que el profesor Héctor, pasa el testigo de su conocimiento a un hatajo de nuevos y jóvenes actores para que sepan lidiar con las mezquindades de la vida (teatral). Y así, asegura la continuidad de nuestro teatro.


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