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Ulises Dumont, 1937-2008

“Me siento cómodo en este mundo y me gustaría que fuese eterno: algunos no deberíamos cumplir años, hacemos mucha falta para entretener”.

De no conocerlo por sus actuaciones memorables en una prolífica carrera, poca gente podría pensar al pasar junto a su lado que fuera actor. Alguna vez dijo que se consideraba a sí mismo como un renacuajo en medio de actores de físicos destacados. Menudo, taciturno y reacio al reconocimiento público, cambiaba totalmente cuando se encontraba con sus pares en cualquier ámbito para hablar. En el barrio porteño de Belgrano que compartimos, los vecinos aprendieron a admirarlo en silencio, para no enfadarlo con adulaciones. Era de esos pocos actores extraordinarios que en la vida normal, en la calle, jamás actúan, porque lo quieren decir todo en un escenario, o frente a una cámara.

Hizo de su físico pequeño una verdadera gama de posibilidades histriónicas que abarcaban con igual credibilidad lo grotesco como lo trágico, o lo tremendamente interior que lo agigantaba en el escenario. Intérprete especial de la obras teatrales de Roberto (Tito) Cossa que han triunfado tanto en Argentina como en diversos países, sin que se pueda entender por qué no han funcionado en la misma manera en España. En cine, donde trabajó en cerca de ochenta películas y obtuvo reconocimiento internacional, el Festival de San Sebastián le dio el espaldarazo del premio al mejor actor en 1983. Hace algo más de dos años, volviendo de rodar en Barcelona, La silla, de paso por Madrid, me llamó porque se le había inflamado una rodilla de forma preocupante, para ver si la atención médica de la Unión de Actores lo podía revisar antes de viajar a Buenos Aires. Qué vergüenza me dio explicarle que nuestra Unión no tiene mutual médica gratuita como el sindicato argentino. Las varias veces que nos vimos posteriormente en los últimos años su salud se fue deteriorando. Pero, a pesar de todo, siguió trabajando, y hay media docena de películas suyas que esperan estreno en 2009.

Actor de una calidad muy especial que nunca aceptó ser más que un trabajador, fue socio fundador de la primera cooperativa de televisión en Argentina. Junto con actores como Osvaldo Terranova, Fernanda Mistral y los hermanos de Grazia, se unieron con un director, un autor, y gente de producción, compraron un espacio en el Canal 9 argentino, presentando una serie de programas dramáticos con éxito durante varios meses. Con los ingresos publicitarios pagaban al canal de televisión y la diferencia se repartía entre todos en una experiencia televisiva de características únicas sin que hubiera problemas de protagonismos ni de salarios. Eso fue hace años, pero Ulises mantuvo hasta el final su conciencia laboral y su respeto por el trabajo que, según él, le había hecho afortunado.

Jorge Bosso


Antonio Llopis, 1943-2008

Decía Nietzsche “Vive de modo que desees volver a vivir; ¡tú vivirás otra vez! Quien desee el esfuerzo, que se esfuerce; quien desee el descanso, que descanse; quien desee el orden, la consecuencia, la obediencia, que obedezca. ¡Pero que tenga conciencia de su fin y no retroceda ante los medios! ¡Le va en ello la eternidad!”

Uno es realmente algo solo cuando realiza la acción, que es lo que le hace poseedor de ser ese algo. Quiero decir, que se es albañil cuando se construye una casa, maestro cuando se enseña o médico cuando se cura… Y únicamente cuando el hecho se está produciendo. Así también, después, se es fumador cuando se fuma, alegre cuando se ríe y rubio o moreno dependiendo el color de pelo que tengamos. En fin, que se es lo que se hace cuando se hace.

Eso parece que sería lo más “razonablemente objetivo”, por lo que parecería demasiado petulante ir por la vida de algo cuando ni siquiera uno se conoce a sí mismo. Lo que uno dice que es, no es más que un título superfluo, un vestido de nuestra propia vanidad y un reflejo de decadencia espiritual.

Pero para los que habéis sido capaces de inventar una virtud y hacerla defensa y necesidad personal, no la virtud convencional símbolo del último agotamiento de la vida, la virtud por ti esgrimida de la excepcionalidad y el genio, tenéis pleno derecho al triunfo de ser algo y serlo ya para siempre.

Así, cuando cada uno de los que alguna vez te escuchamos y aprendimos, te miramos y admiramos, te vivimos y sentimos, cuando cada uno se suba a un escenario o interprete un personaje, tú serás el actor; al dar una clase, serás el maestro; montando una escena, el director; el coreógrafo en el paso de baile ¡y lo serás para siempre!

Trágica y mágicamente se cumple el mito del pájaro de fuego, sobre tus cenizas renace una nueva voz más sonora y brillante, la esencia de lo eterno, la voz de todos los que recogieron y legarán tú poderoso relevo.

Actor, director, maestro, Antonio… ¡gracias! ¡Amo el teatro!

José Bau

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