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José Martín Elizondo, 1922-2009

Martín Elizondo fue esencialmente un buscador. El azar y la necesidad hicieron de él un escudriñador de la realidad, del arte, de la vida. Tuvo un primer aprendizaje en la búsqueda de su padre, exiliado republicano en México, cruzando clandestinamente la frontera con Francia con intención de embarcarse, cosa que nunca logró, pero sí un largo exilio en el que desempeñó numerosos oficios hasta recalar en Toulouse como profesor de español en la Escuela de Magisterio. Su contacto con otros exiliados españoles le lleva a fundar la Compañía de los Amigos del Teatro Español (ATE) desde donde da a conocer a los autores prohibidos en la España franquista, dando también cobijo a compañías como Tábano con Castañuela 70 o La Cuadra de Sevilla con Quejío. Le caracterizó su total compromiso con la lucha antifranquista.

Fue un hombre de corte renacentista, harto amplio en sus saberes. A través de la pintura llegó a la escenografía, de ésta a la dirección y finalmente a la autoría.

En 1979 su obra Memoria de los Pozos obtuvo el premio Santiago Rusiñol al mejor texto en el Festival Internacional de Teatro de Sitges que dirigía Ricard Salvat. Su consagración en España le llegó en 1989 cuando en el Teatro Romano de Mérida estrenó su obra Antígona entre muros, que había obtenido el I Premio Internacional Teatro Romano de Mérida.

Tiene más de cincuenta obras, diecisiete de ellas representadas. Podríamos decir que su obra se enmarca en el expresionismo. Poesía y dramatismo son los pilares de la escritura de Martín Elizondo.

En diciembre de 1990, en el Centro Cultural de la Villa de Madrid, Adriana Vázquez y yo estrenamos La ópera sorda, escrita y dirigida por él, y desde entonces mi respeto, admiración y amistad han ido en aumento. Nuestro último encuentro se produjo durante el pasado Festival de Cine de San Sebastián (su ciudad). Su cuerpo ya no podía sostener su inmenso talento y su inagotable sentido del humor.

Quedó un proyecto pendiente y este enorme abrazo que desde aquí le envío.

Mariano Venancio


José Luis Barceló, 1926-2009

José Luis Barceló era un actor vocacional que fue capaz de pasar por todos los apuros de los cómicos de la legua y siguió amando a su profesión por encima de todas las cosas. Empezó en los cincuenta con la compañía de Maria Fernanda Ladrón de Guevara que actuaba en el Teatro Circo de Albacete.

Barceló, que era un habitual del Café Ideal donde los cómicos tomaban su café, vio entrar a un miembro de la compañía y, armándose de valor, le abordó para solicitar su ingreso en la compañía. La suerte le fue propicia porque uno de los integrantes iba a darse de baja.

Debutó con Malvaloca y, desde entonces, no paró de recorrer los caminos hasta que su quebrantada salud, le impidió dedicarse al placer de la interpretación y la caracterización de la que tanto disfrutaba.

Frecuentó, además de la compañía de Ladrón de Guevara, la de Amparo Rivelles e Ismael Merlo donde disfrutó de su consolidación profesional con Mi mujer es un gran hombre y Morena Clara donde hacía papeles protagonistas. Por culpa de un enamoramiento que le exigió abandonar las tablas, se alejó del mundillo pero, nada más romper aquella relación, regresó hambriento a la escena. Más tarde, con su nueva y rubia pareja, montó un ballet con el que casi recorrieron el mundo. Fueron seis años en el cabaret que le alejaron del teatro y que le obligaron a empezar de nuevo aunque, pelón y tenaz como era, llegó a acercarse a la Televisión Española donde debutó en una versión de Cyrano de Bergerac, a Radio Nacional de España donde trabajó en muchas de las más famosas radionovelas y, por supuesto, al cine; intervino en medio centenar de películas y forjó amistad con Bardem o Fernán Gómez.

En los años ochenta se retiró parcialmente pero volvió con el exitoso musical Por la calle de Alcalá con Esperanza Roy y Paco Valladares. Al final de su carrera se vio obligado a aceptar todo tipo de papeles para vivir a los que dotó su dignidad, su entusiasmo y sencillez. Como dijo de él Miguel Mihura, al verle en El caso de la señora estupenda: “Ese actor le da caché al escenario, tiene una enorme presencia”.

Y también, añaden quienes le amaron, una fe inquebrantable en la dura profesión que eligió con todo su corazón y que, a pesar de los pesares, le hizo feliz. Descansa en brazos de Talía, hermano.

R.A


Fernando Cebrián, 1929-2009

Se lo ha llevado la dama última que habrá de reunirnos a todos. Pero nadie que le conociera puede decir que la vida de Fernando Cebrián (Bilbao, 15 de mayo de 1929-Madrid, 30 de enero de 2009) no haya sido plena, aunque, como tantas veces pasa con los cómicos, soldados de choque del ejército del arte, sus últimos tiempos hayan transcurrido en un íntimo y feliz anonimato junto a quienes le querían y disfrutaban del humor y la dignidad de este galán de pelo nevado y gesto bondadoso que ha circulado por nuestras pantallas durante más de medio siglo. Sufrió la Guerra Civil y tuvo que huir a Francia de la mano de su madre y sus ocho hermanos donde apuró un exilio de penalidades y vagabundeos que pudo superar con éxito, aunque padeció en sus carnes y en la de sus seres queridos la muerte y la represión.

Empezó en el teatro con el grupo de Núria Espert y trabajó con la mayoría de los directores importantes de aquel cine español de los cincuenta, sesenta y primeros setenta, cargado de ilusión: José María Forqué, Pedro Lazaga, Robira Beleta o Antonio Isasi-Isasmendi. También estuvo a las órdenes de dos mitos: Luis Buñuel y Abel Gance, en Cyrano y d’Artagnan (1963) y Tristana (1970), y compartió película con la reina de las pantallas españolas de la década prodigiosa: Pepa Flores, en Marisol rumbo a Río de Fernando Palacios. Luego le reclamó la televisión y se convirtió en una de las figuras del mítico y añorado Estudio 1, donde su preciosa voz y su buen gesto cautivaron a las audiencias tanto como aquel alcalde justo de las Crónicas de un pueblo de Antonio Mercero, todo un hito televisivo.

Luchador infatigable, progresista, inteligente, cultivado, desinteresado, justo, ecuánime, amoroso, con el refinamiento de las almas delicadas y una educación profunda nacida de la buena pasta y el interés hacia el ser humano, digno hasta el final y ya para siempre, así era Fernando Cebrián, un hombre que nació bueno y eligió continuar siéndolo. Aquel muchacho de talento que recibió de Paul Newman, tras arrebatarle el galardón de aquel festival de Iberoamérica, una sincera felicitación por su interpretación de Cerca de las estrellas (César Fernández Ardavín, 1962), el autor de Mi primera incomunión: Barcelona, 1939 (Biblioteca Nueva), sus memorias tiernas y estremecedoras, el actor que apostó por la democracia en el estreno de Jueces en la noche, de Buero Vallejo, el señor de rostro distinguido que siempre tenía una sonrisa y desayunaba cada día en la cafetería de El Corte Inglés de Princesa y no perdonaba “su” El País, se ha ido y nos deja en las manos vacías la plenitud de la nobleza y la incapacidad de rendirse, esa gran virtud de los corredores de fondo. Salve, Fernando.

Ada del Moral (texto publicado en El País)


Pepe Rubianes, 1947-2009

Pepe Rubianes nació en Pontevedra el 2 de septiembre de 1947 y falleció el pasado 1 de marzo en Barcelona. Actor y director, especializado en mimo, imitaciones y monólogos. Se definía como “actor galaico-catalán: galaico porque nací en Galicia aunque casi nunca he vivido allí y catalán porque siempre he vivido en Cataluña aunque nunca nací aquí”. Actuaba tanto en español como en catalán.

Con tan sólo 16 años debutó en una obra de la Organización Nacional de Ciegos (ONCE). Pero fue en la Universidad de Barcelona, donde estudiaba derecho, donde se familiarizó con los escenarios. Primero se unió al grupo TUC (Teatro Universitario de Cámara). Posteriormente se integró en el NGTU (Nuevo Grupo de Teatro Universitario) dirigido por Frederic Roda, y donde conoció a los integrantes de la futura compañía Dagoll Dagom, con la que colaborará en diversas ocasiones de su carrera. Posteriormente participó en El café de la Marina de Josep Maria de Sagarra. También tuvo un papel en El mono piadoso, de José Ruibal. En 1977, actuó en No hablaré en clase, la tercera obra de Dagoll Dagom. El éxito de la obra le hizo dedicarse ya profesionalmente a la interpretación. En 1981 formó parte del reparto de Operación Ubú de Els Joglars, representada en el Teatre Lliure, y que fue otro éxito.

En 1981 Rubianes decidió hacer su carrera en solitario. Estrenó su espectáculo Pay-Pay, que representó durante tres años en diversas salas de Barcelona y otras ciudades españolas, y que lo llevó a actuar en solitario por Centroamérica. En 1984 estrenó su segunda obra, Ño. En 1987 estrenó Sin palabras, y en 1988, En resumidas cuentas, antología de los mejores números de sus tres primeros espectáculos. En los 90 se introdujo en radio, cine y televisión que le otorgaron gran popularidad. Fue el protagonista de la serie Makinavaja, adaptación del conocido personaje del dibujante “Ivá”. En 1995 estrenó en Barcelona su espectáculo Rubianes: 15 años, en el que reunió lo mejor de sus espectáculos en solitario desde 1980. En 1999 participó como entrevistado en el programa Malalts de Tele, de TV3, donde se consiguió el récord Guiness a la entrevista más larga en televisión. Desde 1997 hasta 2006 representó su espectáculo más laureado llamado Rubianes, solamente. Durante el 2006 dirigió la función Lorca eran todos. En abril de 2008 le fue diagnosticado un cáncer de pulmón que le mantuvo fuera de los escenarios, y que finalmente le ocasionó la muerte en la mañana del día 1 de marzo de 2009.

A. M.

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