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Conchita Núñez

De mi cosecha para ti, estos versos…
¿Quién será esa Conchita que todo el mundo llora?
Pues una gran señora, buena actriz y dobladora,
una hija colosal, buena esposa y buena hermana,
cuñada y tía excepcional, que nunca se metió en nada.
Pero la fatalidad quiso que Dios nos la arrebatara,
nos ha dejado sin ella antes de lo que se esperaba.
Ya estará contento el cielo, que tu voz alegrará
hasta al último amigo que allí te encontrarás.
Espéranos allí, Chitti, que alguno pronto estaremos
unidos en ese mundo que pensamos será el cielo. 

Tu hermana, Blanca


Manuel
Luque

Nunca estuvo en la cabecera de los carteles. Manuel Luque fue un actor de reparto que en las compañías donde trabajó realizó otros cometidos de producción y organización. Fue con Dionisio Ramos con quien más frecuentemente colaboró como ayudante de dirección. Su carrera como intérprete se cortó hace ya unos cuantos años. El último espectáculo del que tengo noticia en el que apareció fue No puede ser… el guardar de la mujer, el año 1987 con la Compañía Nacional de Teatro Clásico.

Durante bastantes temporadas estuvo actuando al lado de los actores cómicos más populares del país: Paco Martínez Soria, Antonio Garisa, Jesús Guzmán, Quique Camoiras… Con el primero actuó en La educación de los padres mientras que con Garisa hizo Este cura y Óscar. De todos es sabido que en esas compañías el único que podía lucirse era el titular de la misma. Los demás actores apenas eran comparsas al servicio de la figura. Ese papel, a veces tan ingrato, es el que le tocó a Manuel desde el final de los años sesenta.

Sirva esta breve reseña como homenaje a tantos actores que desaparecen de la escena tras el terrible olvido y sin haber gozado de la fama y privilegios que tienen los consagrados. 

Antonio Castro


Elvira Travesi

Me encuentro con Pedro Civera, que reverdece su ya dilata carrera de actor con la serie El internado. Por él me entero de la muerte, el pasado 15 de julio, de la actriz Elvira Travesi. Estaba a punto de cumplir noventa años. La última vez que la vimos en un escenario madrileño fue hace cuatro años, cuando participó en el montaje de Melocotón en almíbar que dirigió Mara Recatero. Ya entonces acusó problemas de salud y dejó las representaciones. Después, el silencio, como en tantas ocasiones. Junto a ella estaba su hija, también actriz, Gloria María Ureta. Considerada como una de las grandes actrices peruanas, nació en Argentina de padres españoles. Con ellos llegó a Lima donde forjó su leyenda. En los últimos veinte años trabajó con regularidad en la escena española. Cuando llegó a Madrid, pocos conocían su trayectoria en toda Latinoamérica. Aquí tuvieron que empezar prácticamente de cero.

Aterrizó la familia de actores en Madrid el año 1985. Vinieron, con Elvira, su esposo Juan Manuel Ureta –fallecido en 1995– y sus hijas Gloria María y Liz. Era la época más atroz del viejo teatro de Embajadores y su espectáculo A mi manera, pasó sin pena ni gloria. Poco después la actriz estrenó, en 1986, Los árboles mueren de pie, en el Príncipe. José Monleón escribió entonces de ella que era una actriz “en la línea de nuestras grandes intérpretes de Benavente, como, por ejemplo, Concha Catalá o Ana Adamuz”. Fue su mayor éxito en España. Ángel García Moreno la dirigió en varios montajes escénicos, entre ellos La cinta dorada (1989); Momentos de mi vida (1997); La fiebre del heno (2000) y La barca sin pescador (2003). Actriz de sólida formación, demostraba una gran naturalidad en escena, apoyada por una voz excelentemente colocada que nunca perdió del todo el dulce acento del otro lado del Atlántico. A quienes tenemos ya una cierta edad nos recordaba esa voz los viejos seriales radiofónicos. Aquí nunca tuvo el gran papel que permitiera al público español reconocer su calidad interpretativa.

Ya apareció en el cine a final de los años treinta y forjó su popularidad en muchas series de televisión. En 1969 rodó en Perú la tele-novela Simplemente María, que más tarde se vería en España. Pero los medios audiovisuales españoles apenas contaron con ella para algunos pequeños papeles en series como Hospital Central, Cuestiones de sexo o El comisario. En 2005 rodó a las órdenes de Sara Bilbatúa el cortometraje El aire que respiro. 

A.C.


Daniel Martín

El actor José Martínez Martínez, que había adoptado el nombre artístico de Daniel Martín desde sus primeras películas en la década de los 60, falleció el lunes 28 de septiembre en su residencia de Nuévalos (Zaragoza), a los 74 años, víctima de una enfermedad fulminante. Martín, cartagenero de nacimiento (12 de mayo de 1935) y zaragozano de adopción, se hizo muy popular como protagonista masculino de Los Tarantos, la mítica película de 1962 con la que Francisco Rovira logró ser finalista a los Oscar de Hollywood y en la que bailaban Antonio Gades y Carmen Amaya. En AISGE tenía el número de socio 1.251, había ingresado en febrero de 1996 y tenía registradas 112 obras, entre películas y capítulos de series televisivas.

Martín residía desde hace años en el Hotel Las Truchas, un negocio familiar muy cercano al Monasterio de Piedra, y allí falleció rodeado de sus seres queridos. En los últimos años había reducido mucho su actividad profesional, pero participó de forma puntual en abundantes series: Hospital central, Éste es mi barrio, Montoyas y Tarantos, El comisario, Petra Delicado, El Quijote y, sobre todo, Calle nueva y Al salir de clase, dos títulos en los que su presencia fue más constante.

Había debutado en la pantalla grande con un papel menor en La espada del Cid, de Miguel Iglesias (1962), pero pocos meses después cosecharía gran popularidad gracias a Los Tarantos, donde encarnaba a Rafael, la pareja de Juana (Sara Lezana). En aquella época dorada también participó en Los felices sesenta (Jaime Camino, 1963) o Los guerrilleros (Pedro Luis Ramírez, 1963) antes de centrar gran parte de su actividad profesional en el género del spaghetti-western.

Fue un secundario muy querido en su tiempo gracias a su presencia en títulos como Duelo en Texas (en la que, para incrementar el “sabor americano”, se acreditó como Dan Martin, sin acento), La ley del forastero, El último mohicano, La cabeza del bautista, Siete pistolas para Timothy o la mítica Por un puñado de dólares.

Durante la década de los 70 aún siguió cultivando la faceta de pistolero, aprovechando su físico vigoroso, pero también se dejó ver en producciones de corte bien distinto, como la controvertida Cambio de sexo, de Vicente Aranda (1977), o la fábula de ciencia ficción Espectro-Más allá del fin del mundo (1978), de Manuel Esteba, donde era el científico protagonista junto al actor pontevedrés Eduardo Fajardo. Descanse en paz. 

R.A.


Lola Lemos

Dolores García Lemos, hermana del galán Carlos Lemos, nació en mayo de 1913 en la localidad zaragozana de Brea de Aragón durante una gira teatral de sus padres, en el seno de una estirpe de cómicos que se remonta al siglo XVIII. Actriz de formación y de gran presencia escénica, debuta en el cine en 1959 con la película Llegaron dos hombres (1959). Su trayectoria posterior en la gran pantalla, sin embargo, no fue especialmente profusa, aunque llegó a participar en el rodaje de una treintena de títulos, entre los que pueden mencionarse Sor Citroen (1967), de Pedro Lazaga; ¿Qué hacemos con los hijos? (1967), de nuevo con Lazaga; Crónica de nueve meses (1967), de Mariano Ozores; Zorrita Martínez (1975), de Vicente Escrivá; Extramuros (1985), de Miguel Picazo; Alegre ma non troppo (1994), de Fernando Colomo o Cachito (1996), de Enrique Urbizu. Por el contrario, fue en el medio televisivo donde más se prodigó. Presente en televisión desde los años sesenta, en espacios como Historias para no dormir, Estudio 1 o Novela, la mayor popularidad sin embargo la alcanzó en su última etapa profesional, interpretando siempre un prototipo de personaje de abuela dulce y preocupada por los suyos en series tan célebres en su momento como Menudo es mi padre (1996-1998), interpretando a la madre de El Fary o Abierto 24 horas (2000-2001), dando vida al fantasma de la madre de Pilar Bardem. A finales del pasado año, Lola Lemos aparecía en el libro 34 actores hablan de su oficio, firmado por Arantxa Aguirre y José Luis López-Linares donde se recogen testimonios de actores sobre su trayectoria profesional. En el mismo, Aguirre destacaba especialmente el testimonio de Lola Lemos, al que calificaba de “conmovedor” al considerar que evidenciaba que los actores “están enamorados de su oficio”. 

A.M.F.

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