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Lola Blanco

“La mayoría de los seres humanos, son como hojas que caen de los árboles, que vuelan y revolotean por el aire, vacilan y por último se precipitan en el suelo. Otros, por el contrario, casi son como estrellas; siguen su camino fijo, ningún viento los alcanza, pues llevan en su interior su ley y su meta”

SIDHARTA

Nos reunimos para darte el último adiós, nos sentamos en el suelo, cerramos los ojos e hicimos una meditación conjunta para ti. Queríamos buscar y enviarte la luz y el sosiego que a todos nos faltó durante los últimos meses que te acompañamos, durante los cuales tú, nos has dado una gran lección de valentía y dignidad. Lola Blanco, actriz, cordobesa, se licenció en Arte Dramático en la ESAD de Córdoba y en Biología. Tras un tiempo de trabajo en Córdoba se instala en Madrid para realizar su sueño actoral y es en ese momento cuando se acerca a la Unión de Actores y entra en nuestras vidas. Fue compañera nuestra, colaboraba en la bolsa de trabajo, en las regularizaciones de la Seguridad Social, en la Secretaría de la Mujer y en el protocolo de los Premios de la Unión de Actores. Combinó el ejercicio de su profesión trabajando en series televisivas, cortometrajes y teatro. Complementó su formación en el Estudio Internacional de Juan Carlos Corazza. Fue socia fundadora de la Asociación “Yeguas, Mujeres Creadoras de las Artes”, asociación comprometida en potenciar el trabajo de las mujeres como creadoras, donde realizó la producción ejecutiva del montaje teatral La Estirpe de Aspasia dirigida por Denis Rafter, interpretando a Matilde Huici y la producción de Estampas Zambranianas de María Luisa Maillard. Lola, mujer luchadora incansable, comprometida con todo aquello que le parecía justo y necesario, perfeccionista, coqueta y sensible, protagonista de su propia historia, una historia que escribió con mucho esfuerzo y tremenda ilusión.

Me fallan las palabras, no encuentro cómo decir que te echaré de menos, que te echaremos de menos. Seguro que ahora utilizarías tu refrescante sarcasmo para quitarle importancia al asunto, pero amiga, no puedo creerme aún que esté haciendo esto.

Esta vez salió diferente Lola, éste no era el plan, pero ahora sólo tú tienes las respuestas… esas respuestas que estuvimos buscando y que, por fin, están ya a tu alcance. Querida Mariló (como diría tu madre) toda nuestra gratitud por brindarnos tu amistad. Te queremos. Y gracias a la Unión de Actores por habernos permitido que te conociéramos.

Teresa Morel, Isabel Arcos, Rocío Molina,
Isabel Brazales, Sheila González, Nacho Silva


Florinda Chico

La muerte de la gran Florinda Chico ha cogido a la profesión por sorpresa. En declaraciones a Radio Nacional, su marido, Santos Pumar, ha dicho que “casi siempre ella ha hecho reír a la gente, que es mucho mas difícil que hacer llorar”. Chico, que participó en más de 150 películas, nació en Don Benito (Badajoz) y comenzó su carrera en obras de revista. La Academia de Cine ha lamentado la pérdida de “una de las intérpretes más queridas y admiradas por el público” en un comunicado publicado en su web, donde señala que fue “una mujer que se adelantó a su tiempo y que, en los años de posguerra, se atrevió a decir aquéllo de ‘mamá, quiero ser artista’ mucho antes que Concha Velasco”. Tina Sainz, amiga de infancia de Chico ha dicho de ella que era “tan generosa que compartía hasta las ganas de vivir”. Su biógrafo ha señalado que “nació para ser actriz” y que con su calidez y genio marcó con su trabajo a toda una generación de actores.

Chico se hizo muy popular por sus papeles de matrona, sobre todo en las 22 películas que llegó a rodar con Mariano Ozores. Sin embargo, también hizo papeles más contenidos en películas como Cría Cuervos, de Carlos Saura, y La casa de Bernarda Alba, de Mario Camus. Su último proyecto fue No somos nadie (2001), dirigida por Jordi Mollà. Tras estudiar canto, Chico comenzó su carrera en la revista con obras como El huevo y La blanca doble (1947), junto al famoso trío cómico Zori, Santos y Codeso. Debutó en el cine en 1953, con la película Pasaporte para un ángel, de Javier Setó. Pero la popularidad no llegó hasta los años setenta, cuando se convirtió en una de las secundarias más populares del cine español. En esas películas, gracias a su corpulento físico, repitió en numerosas ocasiones el papel de castiza matrona o sirvienta. Fue pareja habitual de Rafaela Aparicio, con la que compartió el papel de criada en series de TVE, como su primer éxito: La casa de los Martínez (1967). Otras series en las que participó son Los maniáticos (1974); Este señor de negro (1975–1976), de Antonio Mercero; Taller mecánico (1991); El sexólogo (1994); Makinavaja (1995–1996) y La casa de los líos (1996–2000). En teatro triunfó en los ochenta con Mi tía y sus cosas (1985), en la que interpretaba a una sobrina de Rafaela Aparicio.

Florinda Chico vio reconocida su larga trayectoria profesional con una Medalla de Oro de las Bellas Artes en 2003, ya apartada de los escenarios. La Academia resumía la carrera de la actriz con palabras de la propia Chico: “He tenido una vida muy bonita, pero muy dura. Lo mío no ha sido un camino de rosas, pero estoy satisfecha porque nunca pensé conseguir tanto”.

R.A.


Amparo Muñoz

Nacida en Vélez Málaga (Málaga) esta versátil actriz fue Miss Costa del Sol, Miss España y Miss Universo, convirtiéndose en la primera española con este título. Se negó a las manipulaciones de la organización y 6 meses después renunció al título. Trabajó con el productor José Luis Dibildos en Vida conyugal (1973), dirigida por Roberto Bodegas. Fue protagonista en Tocata y fuga de Lolita (1974), de Antonio Drove, en Clara es el precio (1974), de Vicente Aranda, o la muy taquillera Sensualidad (1975). Intervino también en La otra alcoba (1976), de Eloy de la Iglesia, en la que conoció a Patxi Andión, que se convertiría en su primer marido. Su carrera continuó con Mauricio mon amour (1976), Voltereta (1976), Acto de posesión (1976), Del amor y de la muerte (1977), de Giménez Rico, El tahúr (1979) –film mexicano nominado al trofeo Castillo de La Habana–, Experiencia extramatrimonial de una esposa, Mamá cumple cien años (1979), de Carlos Saura, y Dedicatoria (1980), de Jaime Chávarri. En México rodó Mírame con ojos pornográficos y Las siete cucas (1981). De nuevo en España: La mujer del ministro (1981), de Eloy de la Iglesia, Trágala perro (1981) y El gran mogollón. Entre sus filmes de mayor éxito figuran Hablamos esta noche (1982), que dirigió Pilar Miró. Intervino en dos de los capítulos de la serie de TVE Sonatas de estío, dirigida por Méndez Leite. En 1984 trabajó en Balcón abierto, del director Jaime Camino, película con la que en septiembre de 1988 se inauguró el Festival de Cine y Música de Tamara, celebrado en Rabat (Marruecos). En 1985, coprotagonizó con Antonio Resines La reina del mate, que supuso el debut como director cinematográfico de Fermín Cabal. También actuó en En penumbra (1985) y Lulú de noche, de Emilio Martínez Lázaro. Al año siguiente intervino en Delirios de amor de Antonio González Vigil. En abril de 1987 rodó Vidas privadas, una coproducción de TVE y la RAI. Ese verano protagonizó Al acecho, de Gerardo Herrero, basada en la novela de Juan Madrid Nada que hacer. Posteriormente, participó en La intrusa de Jaime Chávarri y fue actriz invitada en la serie Brigada Central. En 1989 protagonizó La Luna Negra episodio de la serie televisiva Sabbath, de Imanol Uribe. En 1996 Paul Naschy la hizo protagonista de Licántropo. Durante ese mismo año, trabajó en Fotos de Elio Quiroga y Familia, de Fernando León. En 2005 presentó sus memorias La vida es el precio. Ha muerto de una larga enfermedad y rodeada de toda su familia, que ha pedido absoluta privacidad en el funeral.

R.A.


Asunción Villamil

Con la misma discreción con la que desapareció del escenario en 1993, la actriz Asunción Villamil nos ha dejado. Con ese apellido ficticio camufló durante toda su vida artística su aristocrático origen y sus apellidos reales: Cagigal Gutiérrez de Ceballos y Gutiérrez Alzaga.

En 1993 trabajó por última vez en Las de Caín, que se estrenó en el teatro de La Latina. Arniches fue un autor constante en su carrera y en su vida porque representando Los milagros del jornal, en 1955, conoció al actor Pablo Sanz (Nieva, 1932), que ese año se convertiría en su esposo. Ambos se encontraban en los comienzos de sus carreras teatrales. Poco después, la llegada de la televisión a España propició que el matrimonio se pasara a este medio, donde protagonizaron decenas de espacios teatrales y novelas, cambiando radicalmente su fortuna.

Asunción perteneció a una familia relacionada intensamente con el deporte español. Su padre, el santanderino Jesús Cagigal Gutiérrez de Ceballos, ocupó destacados cargos políticos en distintas capitales españolas. De su matrimonio con Asunción Gutiérrez tuvo nueve hijos. Asunción fue de los mayores y la única de los hermanos dedicada a la interpretación. Había estudiado Arte y Declamación en Madrid. Consiguió comenzar a llamar la atención con el estreno de Elena Ossorio, de Luis Escobar en 1958. Pasarían casi diez años hasta que, tras el éxito en televisión, el matrimonio se decidiera a formar la primera compañía propia, con la que recorrieron España. En su repertorio siempre estuvieron los dramaturgos españoles del siglo XX: Celos del aire, de López Rubio; ¡Qué hombre tan simpático!, de Arniches y, sobre todo, La locura de don Juan, también de Arniches. Este personaje, que estrenara Valeriano León en 1923, sería recurrente en la pareja Sanz–Villamil cada vez que se embarcaban en su compañía.

A la vista de los resultados de la primera experiencia, volvieron a ser empresarios en 1973. Un año más tarde contrataron al director Antonio Díaz Merat para poner en marcha el Teatro Popular, con la idea de llevar el teatro más asequible a las localidades más pequeñas. Y con Arniches diría adiós Asunción al teatro, hace ya 17 años.

El éxito en el teatro y la televisión no abrió las puertas del cine a Asunción Villamil. Buceando en la Filmoteca sólo se encuentran dos títulos en los que tuvo unas cortas apariciones: La mujer del juez (1984) y De hombre a hombre (1985). Pero su trabajo se conserva –es de suponer– en los archivos de TVE, cadena para la que protagonizó novelas como Eugenia Grandet, Fue en Molokai, Las aventuras de Tom Sawyer, El cardenal de Castilla o La condesa de Bureta.

Antonio Castro Jiménez


José Conde

En todos los años que existe nuestra revista nunca había deseado verme en este momento y, sin embargo, ahora se lo he pedido a los compañeros. Porque… cuántas veces hemos oído el comentario: ¿es que hay que morirse para que hablen bien de uno?

Y es que quizá no opinábamos lo mismo sobre esa persona… Ahora me doy cuenta del porqué de esta pregunta. Esa persona, en este caso tú, ha estado de un modo distinto en cada uno de nosotros.

Querido José, cuántas veces hemos hablado sobre la amistad y que era una de las cosas más hermosas de la vida. De esta vida que da y quita y que a mí me ha quitado a una persona muy especial, a ti mi querido amigo, buena gente, cariñoso, seductor y a veces mordaz.

Adorabas a tus hijos y a tu mujer y tenías una sensibilidad y calidad humana tan singular que te hacía correr al lado del amigo que en ese momento te necesitara.

Hace años coincidimos en una serie –¡qué guapo!– y tuvimos la suerte de estar en ella cerca de tres años, lo que nos dio tiempo para, al conocernos, hacernos amigos, poco tiempo claro, pues te has ido muy pronto.

No te voy a decir adiós, porque como creo que es el olvido lo que aleja a las personas, no hay cuidado de que esto suceda.

Gracias amigo por haberte encontrado en mi camino y que, por fin, hayas encontrado tú el tuyo.

Amparo Soto


Paco Maestre

Adorado por el público y su gente, siempre creando y riendo, Maestre empezó a sentirse mal mientras participaba en el rodaje de la popular serie Amar en tiempos revueltos, donde interpretaba a ‘Celso’. Tras sufrir un desmayo, el SAMUR lo trasladó al hospital madrileño, donde falleció. Ingresó en el centro madrileño en “parada cardiorrespiratoria”.

Según el director teatral Ángel Facio, que le dirigió en obras como El balcón y Romance de Lobos, el actor sufría desde hacía tiempo una “patología cardiaca”. “Necesito un gordo”, y siempre era Paco Maestre, ha señalado con cariño Facio sobre la predilección de la profesión hacia este “secundario de lujo de voz profunda y poderosa”. Maestre, nacido en Mérida, fue, antes que una cara reconocible en las pantallas, un clásico en los escenarios españoles.

Su capacidad musical le permitió alternar las producciones de zarzuela y de teatro. El director Emilio Sagi, que trabajó con Maestre en muchas producciones musicales, ha subrayado que “era un hombre muy querido en la profesión, “un estupendo actor que cantaba muy bien, muy simpático y bon vivant”.

Sobre las tablas, destaca su trabajo en Pelo de Tormenta, de Francisco Nieva en el Centro Dramático Nacional. Aquella interpretación le valió el premio Max de 1989. También fueron muy aplaudidas sus interpretaciones en la Las alegres comadres de Windsor, Flor de otoño y el monólogo El cerdo, de Raymond Cousse. En medio, Maestre alternó con varias generaciones de autores y actores cómicos españoles, desde Luis García Berlanga (Todos a la cárcel), hasta Álex de la Iglesia (Acción mutante) o La Cuadrilla (Justino, un asesino de la tercera edad).

En televisión, intervino en series como El comisario, Pepa y Pepe, Lleno por favor, Ana y los siete o Manos a la Obra.

Además del Max, tenía el premio Ágora del Festival de Almagro a toda su carrera, el de la Unión de Actores al Mejor Actor de Reparto por la película ‘Barrio‘ y el de Mejor Actor de la Mostra de Cinema de Mataró.

R. A.


Juanito Navarro

Una vida de revista

Juanito Navarro quiso ser presidente del Real Madrid cuando ya su carrera como actor había terminado. Fue, en teatro, uno de los reyes de la revista. En cine formó parte de un clan de cómicos que transitó de la censura al destape, a bordo de un humor generalmente grueso. Estuve charlando con Juanito hace unos meses cuando se rindió homenaje a su colega Enrique Bariego. Era consciente de que sus días en la escena habían quedado muy atrás. Seguramente cuando el género revisteril echó definitivamente el telón. Aún en el año 2004 protagonizó una comedieta en el teatro Real Cinema, junto a otro superviviente de su especie artística: Quique Camoiras. Tras unos primeros trabajos en las tablas, Juanito comenzó a sobresalir cuando el teatro de La Latina volvió a levantar el telón en la década de los cuarenta. Se reinauguró el 5 de abril de 1947 con La blanca doble. La compañía de Mariano Madrid incluía a Zori, Santos, Codeso y a Juanito. En ese escenario se consolidarían grandes cómicos y Juanito protagonizó Los Babilonios (1949); Un lío de padre (1962); ¡Ay, que ladronas! (1964) o La chica del barrio (1967). En esos años –y en ese teatro– se forjó una de las parejas artísticas más populares durante casi veinte años: Lina Morgan y Juanito Navarro. Fue siempre un señor con una gran mujer al lado: Amparo de Lerma, Addy Ventura, Ethel Rojo, Vicky Lusson, Piti Sancho… Pero de todas ellas a la que siempre se recuerda es a Lina. Juanito y ella formaron una pareja que hacía llorar de risa. Ambos dieron mucho dinero con revistas como ¡Ay que ladronas! (1964); Dos maridos para mí (1965); ¡Y parecía tonta! (1967); ¡Qué vista tiene la Calixta! (1970) y Nena, no me des tormento (1972). Juanito aguantó en la revista hasta que el género no dio más de sí. La época más intensa de este actor en la gran pantalla fue entre los años 1970 y 1990. Dos décadas en las que se pasó de la censura total al desnudo total, pasando por el denominado “destape”. Juanito Navarro protagonizó, entre otras películas: Las señoritas de mala compañía (1973); La mujer es un buen negocio (1977); Los chulos (1981); Al este del oeste (1984); Los presuntos (1986)… Pero mientras que otros compañeros como Luis Cuenca o Ángel de Andrés lograron intervenir al final de sus vidas en algunas producciones que les “redimieron” como actores, Juanito no tuvo esa oportunidad.

Antonio Castro Jiménez


Andrés Resino

Andrés Resino, versátil galán, exquisito actor que marcó un hito en los malos del cine y la televisión españoles con su personaje de Alfonso Torres en la serie televisiva El Súper. Falleció en la clínica Mompía, en el municipio cántabro de Santa Cruz de Bezana, tras una larga batalla contra el cáncer al que se enfrentó con valor y elegancia.

Sus restos fueron incinerados en el crematorio de la funeraria La Montañesa, en la localidad cántabra de Camargo, tras un funeral celebrado en la iglesia de Nuestra Señora de la Visitación de Santander, informó El Diario Montañés.

Resino, nacido en Velada (Toledo), comenzó su carrera profesional en 1968 con la película Días de viejo color, de Pedro Olea, y posteriormente trabajó en distintos largometrajes en España e Italia.

En televisión formó parte del reparto de algunos de los montajes teatrales que el espacio “Estudio 1” emitió entre 1979 y 1883, como La de San Quintín, El mercader de Venecia II y Sur. Habitual de los escenarios españoles, participó en la vuelta al teatro de Chicho Ibáñez Serrador con Aprobado en castidad, en 2001, y su último trabajo en este medio fue la obra teatral dirigida por Josema Yuste, Nadie es perfecto (2006).

No obstante, el papel que le hizo ser adorado por el público fue Alfonso Torres, el “malo” de la serie El Súper que interpretó entre 1996 y 1999.

En televisión también participó en series como Lleno, por favor, Canguros, Hermanos de leche y El auténtico Rodrigo Leal; su último trabajo en la pequeña pantalla se pudo ver en la miniserie 20-N: Los últimos días de Franco, emitida en 2008. Casado durante diecisiete años con la actriz Eva León, de quien se divorció en 1984, estaba unido sentimentalmente a la profesora cántabra María Julia González Cárcoba. Hace un par de años dio una lección magistral, siempre con la modestia de un verdadero artista, con el corto sobre el Alzheimer Fuera de Lugar, de Rosario F. Yubero.

Maldito sea el cáncer que se nos lleva a las buenas personas y a los excelentes talentos.

R.A.


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