Obituarios 106

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Aurora Bautista

Nacida en Valladolid, su padre es encarcelado al término de la Guerra Civil y siendo muy joven se traslada a Barcelona. Allí cursa estudios dramáticos con Guillermo Díaz-Plaja y Marta Grau, en el Instituto del Teatro, donde Cayetano Luca de Tena la descubre cuando acude a impartir una conferencia y la contrata para la compañía del Teatro Español de Madrid, con la que debuta en 1945 con El sueño de una noche de verano, de William Shakespeare. Mientras trabaja en obras del repertorio clásico, en 1948 Juan de Orduña le ofrece interpretar a la reina Juana en la película Locura de amor, junto a Fernando Rey, convirtiéndose rápidamente en una de las estrellas más destacadas del cine español del momento. Su contrato en exclusiva con la productora Cifesa la vuelve a unir a Juan de Orduña en Pequeñeces y Agustina de Aragón (1950) y a Manuel Mur Oti y Carlos Lemos en Condenados (1953). Con De Orduña repite en otro personaje de relevancia histórica, Teresa de Jesús (1961). Cierto declive en su carrera cinematográfica la devuelve al teatro a las órdenes de José Tamayo o Luis Escobar, casi siempre con textos clásicos (Antígona, Medea, Fuenteovejuna), salvo excepciones como Réquiem por una mujer (1958), de William Faulkner, La gata sobre el tejado de zinc (1959), de Tennessee Williams, o Yerma (1960), de Federico García Lorca, en una de sus primeras representaciones durante el franquismo. Se traslada a México, donde contrae matrimonio, para en 1964 renovar su éxito y conseguir sus mejores críticas como protagonista de La tía Tula, película de Miguel Picazo en la que intervienen Carlos Estrada, Enriqueta Carballeira, Irene Gutiérrez Caba y José María Prada. Con posterioridad aparece puntualmente y en papeles secundarios en El mirón, Extramuros, Divinas palabras, Amanece que no es poco o Tiovivo c.1950, continuando con su actividad teatral en los montajes Oye, patria, mi aflicción (1978), de Fernando Arrabal; La señorita de Tacna (1982), de Mario Vargas Llosa; Tito Andrónico (1983), de William Shakespeare, en el Festival de Teatro Clásico de Mérida, y Paso a paso (1986-1987), en versión de Nacho Artime. También Cartas de mujeres, Morirás de otra cosa y Bodas de sangre, que estrenó en Buenos Aires en 1995, entre otros. Actriz romántica y declamatoria, llena de fuerza y turbulencia, resultó la intérprete ideal para cientos de papeles a los que dotó de su expresiva fuerza y talento.

R.A.

Carlos Velasco

Conocí a Carlos Velasco en el montaje que Lluís Pascual dirigió de El Público, de García Lorca, en la “gran época” del Centro Dramático Nacional, hace más de veinte años.

Ahí descubrí a la persona que he visto más feliz sobre un escenario. Esta felicidad no le abandonó con los años, al contrario. Le duraba incluso después de terminar la temporada, asumiendo que no lo tendría fácil para volver a contratarse. Era feliz por lo que había hecho, sin amargarse la vida por esperar lo próximo. Lo comprobé en el último montaje en que coincidimos: Tórtolas, crepúsculo y telón donde componía una impagable pareja de ricachones con Trini Iglesias, totalmente a la altura de la teatralidad de gran estilo que impone el teatro de Paco Nieva.

Anteriormente había estado en otra obra de Nieva, Los españoles bajo tierra. Y más tarde en Queridos míos, es preciso contaros ciertas cosas, de Agustín Gómez Arcos, dirigida por Carme Portaceli, en el CDN. Y en gira en La abuela echa humo o El príncipe y la corista.

Hace cuatro años hizo un trabajo tan difícil como perfecto en Función Beckett, dirigido magistralmente por María Ruiz. Carlos logró transmitir todo el patetismo, humor contenido e ingenuidad, inherentes al teatro becketiano.

Durante todos estos años de amistad, me di cuenta de que Carlos tenía una amplísima cultura teatral. Fuera de lo corriente. Se lo había leído todo. Tremendamente tímido y humilde jamás le vi presumir de ello. Cuando me hablaban de una función, yo no entraba en wikipedia, le preguntaba a Carlos. Habíamos llegado a un punto en el que yo no me privaba del placer de comprar libros, pero me ahorraba leerlos y se los pasaba a él. Cuando salía a algún trabajo en el extranjero, buceaba entre las tiendas de discos y le compraba lo más raro que encontraba. Inútil sorprenderle, se sabía perfectamente la carrera de la soprano búlgara de turno. La ópera era su pasión.

Siempre hizo bien todo para lo que le llamaran. Y es, desde luego, un ejemplo más de tantos actores y actrices desaprovechados en nuestro difícil país.

Como amigo es insustituible. Alguien que ocupaba un espacio en mi vida. Saber que no está me parece absurdo y me hace sentir muy sólo y muy triste. Se fue en unos minutos, inesperadamente, sin serios problemas de salud. Muy joven para morir. Creo que cincuenta y dos años. Se puede querer mucho a un amigo sin ni siquiera saber su edad.

Manuel De Blas

106-Carlos LarrañagaCarlos Larrañaga, galán hasta el final

Con la muerte de Carlos Larrañaga desaparece uno de los últimos galanes de la escena española. Larrañaga ya apareció en la gran pantalla el año 1941, junto a su hermana Amparo Rivelles, en Alma de Dios. Tenía cuatro años y daba vida al niño de la Ezequiela. Con trece años consiguió un gran éxito en la película Pequeñeces y ya no dejó la interpretación. Semanas antes de sufrir sus graves problemas de salud preparaba junto a María Luisa Merlo, su ex esposa, la reaparición teatral con la comedia Quizás, quizás. Pero a principio del año tuvo que ser intervenido de urgencia en el hospital Xanit de Benalmádena a consecuencia de un tumor en las vías urinarias. Estuvo tres meses internado, iniciando en abril un proceso de recuperación física.

Carlos era hijo de Pedro Larrañaga Ruiz-Gómez y nieto de Carlos Larrañaga, un ingeniero que realizó importantes obras civiles en el norte de España, en el final del siglo XIX. Pedro, sin agobios económicos, se dedicó a los deportes de élite y a la caza, a través de la cual se relacionó hasta con Alfonso XIII. Sus trabajos como actor fueron circunstanciales, aunque aparece en títulos como La aldea maldita (1929), de Florián Rey, que también produjo, El pilluelo de Madrid (1926), El conde Maravillas (1927), Sortilegio (1928), Rosa de Madrid (1927) o Zalacaín el aventurero, (1929). Relacionado con la actriz María Fernanda Ladrón de Guevara, cuya compañía teatral gestionó, fue el padre de Carlos. La recordada actriz había alumbrado anteriormente, de su relación con Rafael Rivelles, a su hija Amparo. Carlos Larrañaga Ladrón de Guevara también apareció pronto en el teatro junto a su madre. Fue en la comedia El último concierto. Después trabajó al lado de algunas de las estrellas de momento, como María Asquerino (La cornada, 1960); Concha Velasco (El novio, 1961) o Rocío Dúrcal (Un domingo en Nueva York, 1964). Su matrimonio con la actriz María Luisa Merlo fue un paso adelante en la carrera teatral, entroncando con la valenciana familia Merlo-Piquer. La pareja era entonces suficientemente conocida individualmente, por lo que decidió formar también compañía teatral. Durante casi una década interpretaron algunas de las obras más comerciales de la escena: Vivir es formidables (1963); Siete gritos en el mar (1968); Rosas rojas para mí (1969); Vidas privadas (1970); La visita inesperada (1972); Pato a la naranja (1975)…

En su producción teatral del final del siglo XX se encuentran pocos títulos realmente interesantes: La gata sobre el tejado de zinc (1979); El pasajero de la noche (1987) o Camino de plata (1988). La última vez que apareció en un escenario fue el año 2005 con la comedia El hombre de Central Park. Tuvo una carrera cinematográfica intermitente, con alguna película de culto en su filmografía, como El extraño viaje (1964), donde fue, seguramente, el primer travesti del cine español. En 1957 rodó Orgullo y pasión, de Stanley Kramer, junto a Frank Sinatra, Cary Grant y Sofía Loren. Más irregular fue su producción a partir de los años setenta, aunque hizo algunos títulos reseñables: Los pájaros de Badem-Badem (1975) y Las verdes praderas (1979). En los últimos años rodó a las órdenes de José Luis Garci: Tiovivo 1950 (2004); Luz de domingo (2007) y Sangre en mayo (2008). Su última película fue el año pasado, Los muertos no se tocan, nene, a las órdenes de García Sánchez.

Gracias a la televisión, medio del que fue pionero en España, reverdeció su carrera el año 1991 al protagonizar la serie Farmacia de guardia, que, con extraordinaria audiencia, se mantuvo en pantalla hasta 1995. Pero no debemos olvidarnos de algunas producciones de gran calidad grabadas para este medio: Los gozos y las sombras (junto a su hermana Amparo, en 1982); Proceso a Mariana Pineda (1984) y Tristeza de amor (1986). Y la televisión fue su refugio laboral más habitual en los últimos quince años, con decenas de personajes episódicos en las series de más audiencia.

Carlos y María Luisa tuvieron tres hijos, muy conocidos actualmente en el mundo del espectáculo: Amparo Larrañaga, actriz, Pedro Larrañaga, productor, y Luis Merlo, actor. Carlos aportó además un hijo –Juan Carlos– fruto de otra relación anterior.

Tras divorciase el actor de María Luisa Merlo, inició otras relaciones que terminaron en matrimonio: con la escritora Ana Diosdado y con la también actriz Ana Escribano, con la que tuvo a su última hija, Paula. En el año 2003 fue galardonado con la Medalla de Oro a las Bellas Artes.

Antonio Castro

Lina Canalejas: De la pasarela a Saura

Tras luchar durante nueve años contra el cáncer, la actriz Lina Canalejas falleció el pasado sábado en la residencia de Tres Cantos donde pasó la última etapa de su vida. En septiembre de 1945 –¡con trece años!– ya participó en una función de la Asociación de Artistas Noveles que se ofreció en el teatro Español con dos juguetes cómicos: Como Diógenes y Todo fue un sueño. Cuatro años más tarde figuraba en la compañía titular del teatro Martín, donde estrenó Yo soy casado, señorita (1949). Y en 1950, recién cumplidos sus 18 años, figuraba en los repartos de dicho teatro, actuando junto a Trudi Bora en la revista Moreno tiene que ser. Y es que los principios de esta actriz, que sería una gran trágica, fueron sobre la pasarela como bailarina. Del Martín pasó, al año siguiente, a La Zarzuela, con Irene Daina y Beatriz de Lenclos. Estaba todavía en la letra pequeña de los carteles, junto a Luis Cuenca. El espectáculo: La media naranja. Después haría Locura de humor, en La Latina (1951) o Las cuatro copas, en el Martín (1953). En 1952 montó compañía con la legendaria Olvido Rodríguez, Ángel de Andrés y Antonio Casal.

Con poco más de veinte años entró en el teatro de verso de la mano de Ismael Merlo, debutando el año 1954 con La vida en un bloc (1954), en una compañía en la que también figuraban su hermano José y su cuñada Mari Carmen Yegros, hermana de Lina Yegros. De aquí pasó a la comedia y al drama protagonizando Prohibido suicidarse en primavera (1965), Sólo una noche (1967), Pablo Iglesias (1984) y La dama del alba (1991). No podemos olvidar su extraordinario trabajo en La casa de las Chivas (1968) donde sustituyó a Terele Pávez, montando después una gran compañía para recorrer España con este taquillero título. Su joven galán era Pedro Osinaga.

Para la gran pantalla ha interpretado medio centenar de títulos, entre ellos El fenómeno (1956), Los derechos de la mujer (1962), De cuerpo presente (1965), El jardín de las delicias (1970), La prima Angélica (1974), Duerme, duerme mi amor (1975), Emilia, parada y fonda (1976), Marian (1977), Entre tinieblas (1983), Amo tu cama rica (1991) y Niño nadie (1996), su última aparición. Puede verse que en el cine trabajó a las órdenes de los más importantes directores de las últimas décadas: Carlos Saura, Francisco Regueiro, Angelino Fons, Pedro Almodóvar y José Luis Borau, entre otros.

Le sobrevive su hermano el actor José Canalejas (1925).

Antonio Castro

Pablo Sanz, el gran actor de Buero Vallejo

Once años después de su última aparición teatral, el actor Pablo Sanz ha fallecido en Madrid. Su salud se deterioró notablemente tras el fallecimiento de su esposa, Asunción Villamil, el 25 de diciembre de 2010. El matrimonio no tenía hijos.

Pablo Sanz pertenecía a la generación pionera del teatro en televisión. Llegó a la pequeña pantalla tras algunas experiencias teatrales, iniciadas con poco más de veinte años. Mientras estudiaba Derecho, se adentró en el Teatro Universitario. Con Modesto Higueras entró en el Teatro de Cámara el año 1957. Ese mismo año hizo su entrada en TVE. Dos años antes había contraído matrimonio con la actriz Asunción Villamil. Con ella formaría compañía teatral propia varias veces entre 1967 y 1975, avalados por la enorme popularidad que el matrimonio había conseguido en espacios televisivos como Estudio 1, Pequeño teatro, Novela o Tengo un libro en las manos. Hasta fue el primer presentador del pionero de los programa musicales: Escala en HI-FI.

En el extenso currículo escénico de Sanz figuran tres de los grandes estrenos de Buero Vallejo: El tragaluz (1967), La Fundación (1974) y La detonación (1977). También obras muy populares de Pemán –Los tres etcéteras de don Simón (1958) y Tres testigos (1970)– y Don José, Pepe y Pepito (1971), de Luca de Tena. Su presencia en Madrid, en el final de los 90, fue escasa. Sin embargo el matrimonio siguió trabajando los años 1993 y 1994 en la compañía de Ángel Luis Yusta y Tania Ballester, recorriendo toda España con la comedia de Jaime de Armiñán, El último tranvía. La retirada definitiva de Pablo Sanz se produjo tras las representaciones, tormentosas por motivos empresariales de 12 hombres sin piedad. Pablo era muy popular por su extraordinaria memoria. Según algunos compañeros que trabajaron con él, era capaz de aprenderse un papel protagonista en 24 horas, por lo que se recurría a él cada vez que se presentaba un toro, o sea, una sustitución inmediata en un montaje escénico. Así pudo reemplazar al gran Ismael Merlo, que falleció mientras representaba Diálogo secreto (1984). No sabemos si por su dedicación a la televisión y, más tarde, a su compañía, Pablo Sanz solo trabajó para el cine en los primeros años de su carrera. Intervino en Tenemos 18 años (1959); Días de feria (1960); 091 policía al habla (1960); Los económicamente débiles (1960); Vampiresas 1930 (1962) y Tú estás loco, Briones (1980).

Antonio Castro

106-Sancho GraciaSancho Gracia

Nació en Madrid. A causa de la Guerra Civil Española tuvo que exiliarse con su familia a Uruguay, donde estudió interpretación en la Escuela Municipal de Arte Dramático (EMAD), dirigida por Margarita Xirgu. Debutó a su lado en este país sudamericano con un montaje de El sueño de una noche de verano, de William Shakespeare. Luego seguirían obras de Lope de Vega, Jacinto Benavente y Albert Camus. En 1963 regresó a España, donde trabajó a las órdenes de los grandes directores de escena del país, como José Tamayo o Miguel Narros. Su paso por el cine comienza en 1964, cuando debuta con La otra mujer, de François Villiers. A partir de ese momento, y a lo largo de cuatro décadas de carrera, rueda más de 80 películas con, entre otros, José Luis Sáenz de Heredia, Juan Antonio Bardem, Jaime de Armiñán, José Luis Cuerda y Álex de la Iglesia.

Es uno de los iconos televisivos españoles. Comenzó en este medio a principios de la década de 1960. En los siguientes años, su presencia ante las cámaras de Televisión Española fue casi continua, con apariciones en las obras de teatro televisado del espacio Estudio 1 (interviniendo en las adaptaciones para la pequeña pantalla de, entre otras, El alcalde de Zalamea, Otelo o Doce hombres sin piedad), o series como Los camioneros. Fue en 1976-1977 cuando protagonizó la serie que le llevó definitivamente a la fama, Curro Jiménez, por la que sería recordado hasta el momento de su muerte. En 1984 interpretó al criminal ajusticiado José María Jarabo en un capítulo de la serie La huella del crimen, que dirigió Juan Antonio Bardem. En la década de los 90, también trabajo en televisión como presentador de algunos programas como por ejemplo en Todo por la pasta (1993).

A lo largo de su amplia carrera cinematográfica trabajó en multitud de producciones internacionales, tanto norteamericanas como europeas, varias de ellas del género spaghetti western. Destacan: 100 Rifles (con Burt Reynolds y Raquel Welch), Pampa salvaje (con Robert Taylor), Marco Antonio y Cleopatra (con Charlton Heston) y Marbella, un golpe de cinco estrellas (con Rod Taylor, Britt Ekland y Paco Rabal). Casado con la uruguaya Noelia Aguirre Gomensoro, tuvieron tres hijos: Rodrigo, Félix y el también actor Rodolfo Sancho.

R.A.

Tomás Gayo, actor y productor teatrala

Tomás Gayo, actor, productor y escritor teatral, falleció en México. Aprovechando una pausa veraniega en la gira de La familia de Pascual Duarte, se había desplazado a Cancún para descansar. Poco después de llegar tuvo que ser ingresado de urgencia a consecuencia de una gravísima afección respiratoria. Durante diez días intentaron salvar su vida. Fue imposible, falleciendo el sábado 21 de julio, a los 52 años de edad.

El pasado 8 de febrero se estrenó en el teatro Fernán Gómez la versión teatral de La familia de Pascual Duarte, adaptada y producida por Tomás Gayo, que también interpretaba al sacerdote. En este mismo escenario, veinte años atrás, el actor había logrado un resonante triunfo personal con ¡Feliz cumpleaños, señor ministro!

Tomás Gayo, licenciado por la RESAD en 1979, se dedicó sobre todo al teatro. Tuvo la suerte de trabajar en sus comienzos al lado de grandes de la escena, como Fernán Gómez (El alcalde de Zalamea, 1980), Nuria Espert (Yerma, 1986) y Arturo Fernández. Con este último aprendió todos los secretos de la producción, organización de giras y administración de compañías. Llegó un momento en el que decidió fundar su propia productora. Se asoció para ello con la actriz Paula Sebastián. Juntos montaron Y yo con estos nervios, Etiqueta Negra y Sabor a miel. Después cada uno siguió con su carrera. Al frente de Tomás Gayo Producciones logró algunos grandes éxitos: La importancia de llamarse Ernesto (1995), El apagón (1997), El botín (1997) o las reposiciones de Pato a la naranja (2004) y La señorita de Trevelez (2008). En todos sus montajes se reservaba un personaje. Dos días antes de emprender el que sería su último viaje estrenó en “La casa de la portera” un divertimento titulado Sexageración, que sigue representándose. La gira con Pascual Duarte debía reanudarse el pasado fin de semana en Oviedo. Como productor tuvo el olfato de propiciar debuts de algunas figuras actuales. En La importancia de llamarse Ernesto debutaron teatralmente Jesús Vázquez y María Esteve. Con El adefesio se presentó Olivia Molina y con Odio a Hamlet, Anne Igartiburu.

Aunque en los primeros años de su carrera trabajó en algunas películas y series de televisión como La reina del mate (1985), Boca a boca (1995) y El amor perjudica seriamente la salud (1996), su vida fue el teatro, al que dedicaba todo su tiempo y todo el dinero que ganaba produciendo.

Antonio Castro

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