Obituarios 108

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apuntes_guillenFernando Guillén

Como tantos actores de su generación –y de posteriores– Fernando Guillén tuvo que empezar una carrera universitaria “convencional” antes de lanzarse a la interpretación. En su caso fue la de Derecho, que abandonó en 1952. Se cruzó el T.E.U. (Teatro Español Universitario) en su vida y ahí empezó todo. Ese mismo año formó parte del reparto que, a las órdenes de Pérez Puig, logró estrenar Tres sombreros de copa. Más tarde estrenan Escuadra hacia la muerte(1953), con un reparto inimaginable hoy: Adolfo Marsillach, Fernando Guillén, Juanjo Menéndez, Agustín González, Félix Navarro…

Tras aquellos éxitos el actor comenzó su gran carrera artística junto a profesionales como Pau Garbasal (Blum, 1954); Fernán Gómez (El caso del señor vestido de violeta, 1954); Tina Gascó y Bódalo (Mi mujer me gusta más, 1955) o Aurora Bautista (Medea, 1958). José Tamayo lo contrata para su compañía Lope de Vega, con la que permanecerá varias temporadas representando los títulos más importantes del teatro universal.

Gracias al extraordinario éxito de la comedia Todo en el jardín (1970) pudo formar compañía propia junto a su esposa, Gemma Cuervo, con la que había contraído matrimonio el año 1960. La pareja había coincidido ese mismo año en escena interpretando El avaro. Juntos harían En Flandes se ha puesto el sol (1961), El pensamiento (1963), Águila de Blasón (1966), El malentendido (1968) y Los secuestrados de Altona (1972).

Poco después de su debut teatral en 1954 apareció en el cine a las órdenes de Forqué: Un día perdido. Después vendrían, entre otras películas, La frontera del miedo (1957); El mundo sigue (1963); Pepa Doncel (1969); El amor empieza a medianoche (1973) o El caso Almería (1983). Tras participar en La ley del deseo (1986) rodó la que, seguramente, es su filmografía más interesante: Redondela (1986); Mujeres al borde de un ataque de nervios (1987); La noche oscura (1988); El invierno en Lisboa (1989); Don Juan en los infiernos, por la que ganó el Goya, (1991); Más allá del jardín (1996)… Los últimos trabajos para la gran pantalla fueron, en 2012, el largometraje Ventanas al mar y el corto Luisa no está en casa.

Fernando Guillén presumía con legítimo orgullo de haber realizado más de quinientas grabaciones para televisión. Perteneció a la prodigiosa generación que puso en pie programas como “Estudio 1”, “Pequeño teatro” o “Novela”. Seguramente su éxito más espectacular en este medio se produjo el año 1976 al protagonizar la serie La saga de los Rius, que le permitió ganar el TP de Oro a la mejor interpretación masculina.

Fernando Guillén y Gemma Cuervo tuvieron tres hijos: Natalia, Fernando y Cayetana. Los dos últimos siguieron la carrera de sus padres. Padre e hijo coincidieron en el filme La ley del deseo (1986). Con su hija Cayetana rodaría El chip prohibido (1996) y La herida luminosa (1997). El año 2007 Fernando montó el monólogo El vals del adiós expresamente para retirarse de los escenarios, lo que hizo tras una larga gira por España.

Autor: Antonio Castro

apuntes_picoTomás Picó

Tomás Picó siempre fue algo más que un intérprete. Creía por encima de todo en la cultura y la formación de las nuevas generaciones. Tuvo el valor, primero de desvincularse del encasillamiento de galán al que la industria pretendía cernirle y, después, ya establecido en la que sería su casa y su patria chica, Tarifa, lograr que una población entera se entregara a la magia del teatro, su gran pasión y al que enriqueció con su dedicación.

Allí, enamorado de la luz y el clima, hallaba la fuerza y la inspiración para crear. En los últimos años llegó a poner en pie un total de 17 obras, muchas de autores contemporáneos con el grupo Güenarate Teatro. También montaba una recreación veraniega de la Gesta de Guzmán el Bueno, que se representaba en el Castillo hasta que este edificio y el teatro Alameda, ambos de la localidad gaditana, fueron cerrados por trabajos de rehabilitación. Así, atrajo a muchos visitantes maravillados por la espléndida verosimilitud del espectáculo.

Hombre muy querido, participó en numerosos actos culturales y dirigió el Aula Municipal de Teatro, entre 1995 y 2005, donde inculcó la pasión por el teatro a cientos de chavales de muy diferentes edades y clases sociales. Sus montajes eran sencillos, siempre utilizando a la gente de Tarifa, donde se acaba de abrir un aula municipal de teatro con su nombre.

Antes de establecerse en este refugio dorado, vivió diez años en Italia, donde trabajo en numerosas películas y, gracias a su correcto italiano, en bastantes obras de teatro, algunas bajo las órdenes del gran Lucca Ronconi. También hablaba perfectamente inglés y francés. Tenía gran espíritu, inteligencia y fuerza de ánimo. Durante su vida no hizo otra cosa que sembrar y el mundo podrá beneficiarse del capital humano que con tanta nobleza y talento iluminó.

Autor: R. A.

apuntes_dalmauJoan Dalmau

Joan Dalmau era un actor puro y comprometido con su arte. Tras una larga y sólida carrera, Montxo Armendáriz le dirigió en Secretos del corazón, donde interpretaba a un hombre que invitaba a su mejor amigo, dolorido por el recuerdo de la muerte de su hijo, a abrirse de nuevo al mundo exterior. Cuatro años después, le dio la oportunidad en Silencio roto. En 2003 David Trueba le dio el papel de Miralles en Soldados de Salamina, la adaptación de la novela de Javier Cercas. Allí fue la encarnación del individuo olvidado, el héroe anónimo, cuya memoria es reivindicada. Dalmau obtuvo una candidatura a los Premios Goya, que perdió frente a Eduard Fernández, quien le dedicó la estatuilla y quien recordó a la platea que Dalmau le trató con muchísimo respeto cuando él sólo era un figurante.

En Mar adentro interpretó al padre de Ramón Sampedro. En La noche del hermano reforzó su perfil de hombre que afronta el fallecimiento de sus hijos, esta vez asesinados por su propio nieto; el hombre terco incapaz de sacrificar sus pequeñas alegrías: fumar, volver a montar en el asiento de piloto en un avión… En Vida y color incorporó a otro abuelo que le enseñaba a su nieto sus ideales republicanos, que vivía bajo el recuerdo de una amistad truncada por la guerra y que sólo deseaba vivir para brindar por la muerte de Francisco Franco, sin conseguirlo.

Tras estos trabajos, grabó un episodio de la serie Vientos de agua, interpretando a un hombre mayor que ve morir a un nieto por sus ideales y al otro huyendo de España ante el estallido de la Guerra Civil. Trabajó en tres rodajes más: La luna en la botella (2006), Monso (2006) y La caja (2006).

Animal de escena, marcado por un físico único y una mirada profunda, sabía representar como nadie los vaivenes emocionales de los humanos atrapados en situaciones límite.

Autor: R. A.

apuntes_asquerinoMaría Asquerino, la dama de los anillos

En las memorias que escribió el año 1987, María Asquerino confesaba tener un carácter fuerte, como su madre, y repasaba una vida dedicada a la interpretación siguiendo la estela de sus antepasados actores. María fue una mujer libre e independiente. No parece extraño teniendo una madre –Eloísa Muro– que se negó a darle el apellido del padre, poniéndole en cambio el de un señor mayor que vivía con ellas, Esteban Serrano. Pero nunca se ocultó que era hija de Mariano Asquerino, con quien su madre decidió no casarse. Los padres y los abuelos maternos de María Asquerino fueron actores. De hecho su abuelo, César Muro, fue tutor de la niña cuando la madre se iba de gira. El padre, para entonces, ya estaba emparejado con Irene López de Heredia. Eloísa Muro, la madre, fue primera actriz en el Infanta Isabel, en el Lara, en La Comedia… Gozó de una gran reputación artística hasta que tuvo que retirarse con solo sesenta años porque comenzó a padecer una penosa enfermedad degenerativa. Por parte de padre, los Urdiain Asquerino eran más de la rama militar. Al padre de Mariano no le sentó muy bien que dos de sus hijos, Mariano y Matildita, se dedicaran a la farándula. La joven duró poco más de una década en el teatro, pero su hermano Mariano fue un galán hasta su muerte. De él se decía que no sabía hacer personajes de pobre porque, si le quitaban el traje cruzado y el frac, era incapaz de actuar.

Hoy, tras la desaparición de María, el apellido Asquerino se acaba en el teatro español. María vivió en los teatros desde que pudo andar. Así que su padre la metió en la compañía que había formado junto a Irene López Heredia para que hiciera papelitos. Su madre también intentaba colocarla cuando era contratada para el cine o para el teatro. Tengo un reparto de La Comedia en 1939 donde, con una censurada Caperucita encarnada, ya aparece la niña. Pero Marujita Asquerino prefería decir que su auténtico debut profesional fue de botones en el estreno de Eloísa está debajo de un almendro (1940). Tenía trece años. Trabajando con uno u otro progenitor –acabaron llevándose razonablemente bien– escaló. En 1951 ya protagonizó Surcos, con la que consiguió un extraordinario éxito. Tras él nadie la llamó durante un año. Pero nunca le faltó el teatro: Madrugada (1953), Una muchachita de Valladolid (1957), El comprador de horas (1959), La cornada (1960), Espejo para dos mujeres (1965), Las tres perfectas casadas (1966) y El sueño de la razón (1970).

La noche del 28 de septiembre de 1973 fue la auténtica consagración de María Asquerino. Se estrenó en el Eslava Anillos para una dama, la obra de mayor éxito de Antonio Gala. María, como Jimena, la viuda del Cid, espléndidamente vestida por Elio Berhanyer, dejó a todos sin aliento. Y eso que, a priori, no parecían tener seguro el éxito. La entonces joven triunfadora Pilar Velázquez se contrató sólo para un mes. A la vista del triunfo y la continuidad fue sustituida por Charo López. Esta comedia romántica acompañó a la Asquerino hasta los años ochenta. Después siguió trabajando en cine y teatro pero nunca revalidó el suceso de los famosos anillos. Motín de brujas (1980); La gaviota (1981); Las damas del jueves (1988); El león en invierno (1990); Perdidos en Yonkers (1992), Algún día trabajaremos juntas (1997) o Las señoritas de Aviñón (2001) fueron los títulos teatrales más importantes de su última etapa profesional.

En 1944 rodó su primera película como protagonista: Aventura. Pero habiendo participado en más de setenta producciones, María Asquerino no fue una actriz que lograra el estrellato en la gran pantalla. Ella misma, en las citadas memorias, afirmaba: “En el cine he tenido mala suerte, auténtica mala pata. Por fas o por nefas, el caso es que el cine no me ha tratado bien”. En 1977 fue reclamada por un ya decadente Buñuel para Ese oscuro objeto de deseo. Su amigo Fernán Gómez le dio un maravilloso papel de reparto en Mambrú se fue a la guerra (1986). La noche del estreno, al terminar una escalofriante secuencia de María, el público rompió a aplaudir como si se tratara de un triunfal mutis teatral. Álex de la Iglesia le dio estupendos papeles en Muertos de risa (1999) y La Comunidad (2000). Pagafantas fue su último trabajo para el cine en 2008.

María presumía de haber rechazado a Orson Welles. Pero con 17 años se casó con un galán, Alfonso Estela, que le hizo vivir un calvario. Lo abandonó y no volvió a contraer matrimonio. Pero vivió grandes amores, fue musa de intelectuales y jóvenes airados. Umbral la definió como “nochatriz”. Nunca ocultó sus relaciones ni se jactó de ellas: se limitó a disfrutarlas. No lo pasó bien en los últimos montajes que hizo: Roberto Zucco (2005), Flor de Otoño (2005) y Tío Vania (2008). Las tres para el Centro Dramático Nacional, merecido honor a toda su carrera. El año 2009 los compañeros de profesión le entregaron el premio a Toda una Vida. Anunció entonces su retirada definitiva. Había estado sobre los escenarios durante casi setenta años. El pelo rojo lo mantuvo casi hasta el final de sus días.

Autor: Antonio Castro

apuntes_shephardPatty Shepard

La actriz Patty Shepard falleció en Madrid el pasado 3 de enero a los 67 años, víctima de un infarto. La noticia no ha tenido el eco merecido, probablemente porque sean ya pocos quienes recuerdan su presencia en el cine español de los años sesenta y setenta, cuando intervino en unas 50 películas. Cierto es que la mayoría de ellas fueron de género, especialmente de terror, algunas junto al especializado Paul Naschy, que ahora valoran con entusiasmo los espectadores incondicionales (Los monstruos del terror, de Tulio Demicheli, 1970; La noche de Walpurgis, de León Klimovski, 1971; El asesino está entre los trece, de Javier Aguirre, 1973…).

Patty Shepard vino a parecerse a Bárbara Steele, musa británica encumbrada en el cine de miedo, aunque aportando una inquietante dulzura a sus personajes satánicos. Eran tiempos del cine español en el que este tipo de producciones baratas combinaban con el spaghetti western y la comedia erótica. Entre otras, Patty Shepard protagonizó: Y si no, nos enfadamos, de Marcello Fondato, 1974, junto a la pareja clásica del western europeo, Terence Hill y Bud Spencer; y también La curiosa, de Vicente Escrivá, en la que daba vida a una chica de 25 años que aún no sabía cómo se hacen los hijos. Pero no fueron de estos géneros sus únicas películas. La reclamaron, entre otros directores, Manuel Summers (¿Por qué te engaña tu marido?, 1969), Iván Zulueta (Un, dos, tres, al escondite inglés, 1970), Eloy de la Iglesia (El techo de cristal, 1971), José Antonio de la Loma (Timanfaya, 1972), Pedro Olea (La casa sin fronteras, 1972), Jaime de Armiñán (Un casto varón español, 1973), Antoni Ribas (La ciudad quemada, 1976), etc.

Shepard poseía una expresión angelical que cautivaba, una mirada transparente y una sonrisa deslumbrante, buen sentido del humor y una profesionalidad a prueba de bomba. Su presencia significó algo nuevo para el cine español, pero quizás fue demasiado discreta para obtener relumbrón popular; en aquellos años no existía la morbosa curiosidad actual por la vida ajena.

Esta norteamericana nacida en Greenville, Carolina del Sur, había aterrizado en España acompañando a su padre, oficial de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, destinado a la base madrileña de Torrejón. A sus 18 años ella estaba dispuesta a estudiar Filosofía y Letras, pero pronto llamó la atención de expertos en publicidad y su bello rostro comenzó a ilustrar los spots del coñac Fundador, con tal simpatía y gracia inocente, que seguramente estimuló a su consumo a los menos proclives.

Casada con el también actor Manuel de Blas, su carrera en el cine fue inmediata y fértil, hasta que a finales de los años ochenta decidió retirarse. En cualquiera de las películas en que intervino desplegó una magia ya inolvidable.

Autor: Diego Galán, El País

apuntes_sanchoPepe Sancho

Pepe Sancho tenía que haber estrenado a principio del pasado marzo el montaje de La amante inglesa en las Naves del Español. La víspera del debut se anunció la suspensión por enfermedad. Tres semanas más tarde, fallecía. Sancho apareció por Madrid a principios de los años sesenta, sustituyendo a Manuel Galiana en el montaje de Los árboles mueren de pie (1963). Ya entonces llamó la atención por su físico en la línea de los galanes duros y simpáticos. En esa cuerda se mantendría hasta bien entrada la madurez con apariciones en comedias como La mamma (1970). También en 1970, antes de triunfar rotundamente con Curro Jiménez, fue el galán que se disputaron Ana Mariscal y María Asquerino en O.K. de Isaac Chocrón.

La televisión fue, en dos etapas de su vida, un elemento fundamental en su carrera artística. El año 1976 TVE comenzó a emitir la serie de bandoleros Curro Jiménez en la que Sancho interpretaba al estudiante, un simpático canalla, en la línea de sus galanes castigadores. Durante tres años triunfaron cada semana en las entregas televisivas. Los tres protagonistas –sólo sobrevive Álvaro de Luna– quedaron marcados durante décadas por sus respectivos personajes.

Los siguientes fueron años difíciles en los que se refugió nuevamente en el teatro. Hizo, entre otros espectáculos, La molinera de Arcos (1980) y Calisto y Melibea (1980). En 1987 protagonizó uno de los escasos estrenos de Vargas Llosa: La Chunga. Treinta años más tarde de Curro Jiménez, también para la Primera, José Sancho dio vida al fascista y estafador Don Pablo en la serie Cuéntame cómo pasó. Nuevamente se colocó en la cresta de la ola durante varias temporadas. Finalizado su trabajo en la pequeña pantalla volvió al teatro interpretando Memorias de Adriano (2006), Enrique IV (2008) y Los intereses creados (2011). Pero la televisión volvió a reclamarle para miniseries como Tarancón, donde encarnó al recordado cardenal, y las dos “de romanos”: Hispania e Imperium.

También fue habitual en el cine desde que rodara en 1964, a las órdenes de José María Elorrieta, El hombre de la diligencia. Su filmografía es bastante ecléctica. Desde spaguetti western como Los siete de Pancho Villa (1966) y Dos mil dólares por Coyote (1969) a comedias de la Transición como El virgo de la Visanteta (1979) o La boda del señor cura, el mismo año. Fueron, sin embargo, los últimos títulos en los que intervino los que dignificaron su trabajo de actor en el cine: El Dorado (1988), Montoyas y Tarantos (1989), Todos a la cárcel (1993), Mar de luna (1995), Carne trémula (1997, por la que ganó el Goya), París-Tombuctú (1999), Kasbah (2000) o Hable con ella (2002).

Autor: Antonio Castro

apuntes_bilbaoMariví Bilbao

La actriz Mariví Bilbao gozó de la fama entrada ya en la vejez. Dos series de televisión –Aquí no hay quien viva y La que se avecina– sirvieron para que el público de toda España descubriera a una actriz con una irregular carrera en el País Vasco. Podríamos catalogarla, según la antigua clasificación, como característica.

Fundadora del grupo Akelarre, comenzó muy pronto a actuar en teatro en su ciudad, con el nombre de Ángela Valverde. Salvo que participara en algún festival teatral, en Madrid no hemos tenido oportunidad de verla en escena.

Su carrera cinematográfica, con papeles generalmente de reparto, comenzó a consolidarse el año 1981 –superado ya su medio siglo de edad– con la película Siete calles. En treinta años ha participado en títulos como Salto al vacío, 1995; A ciegas, 1997; La comunidad, 2002; La mirada violeta, 2004; Sueños de juventud, 2009 y Maktub, 2011. Directores como Daniel Calparsoro y Álex de la Iglesia casi la convirtieron en su fetiche particular a la hora de confeccionar repartos.

El fallecimiento de su esposo en 2003 estuvo a punto de retirarla de la actividad artística, pero se sobrepuso y siguió en las series televisivas. Poseedora de un humor mordaz, que traspasaba a sus personajes, fue precisamente la risa la que hizo de ella una mujer querida y admirada por los espectadores más jóvenes, seducidos, sin duda, por sus diálogos políticamente incorrectos.

Hace unos meses la actriz decidió abandonar la serie La que se avecina ante el cansancio que le suponía el régimen de grabaciones. Instalada en su Bilbao natal ha fallecido por causas naturales. Sin embargo, casi cada día podemos seguir viéndola en la pequeña pantalla en las continuas reposiciones de sus trabajos televisivos. Algo parecido ocurre con Emma Penella, la actriz fallecida hace ya seis años.

Autor: Antonio Castro

apuntes_saraSara Montiel

Creo que nadie podrá discutir que Sara Montiel ha sido la gran estrella del espectáculo español desde que en 1957 se estrenara El último cuplé en el cine Rialto de la Gran Vía. Alejada del cine desde 1974 (Cinco almohadas para una noche) siguió en escena como cantante y realizó esporádicas apariciones en series televisivas. También es difícil de rebatir que sus primerísimos primeros planos no tenían nada que envidiar a los de Ava Gardner o Greta Garbo. Apareció en el cine en 1944. Su carrera española no avanzaba en esa década, aunque apareció en películas como Locura de amor (1948) con un pequeño personaje. Es fascinante estudiar cómo una chica manchega sin apenas formación acabó en México haciendo una película tras otra, entre ellas Cárcel de mujeres, 1951; Ella, Lucifer y yo, 1953; o Por qué ya no me quieres, 1954. Mucho más sorprendente es que acabara recalando en el Hollywood esplendoroso de los años cincuenta. Su matrimonio con el director Anthony Mann la convirtió en un personaje popular, más allá de sus apariciones en Veracruz, 1954; Yuma, 1957; o Dos pasiones y un amor, 1956.

Parece que nadie confiaba en el éxito de El último cuplé, por el que Sara cobró 100.000 pesetas. Pero acabó por convertirse en un suceso de taquilla. Tras ella Benito Perojo contrató a la estrella, que nunca superó el impacto del cuplé, aunque sí consiguió éxitos económicos notables: La violetera, 1958; Mi último tango, 1960; La reina del Chantecler, 1962; Esa mujer, 1969… En un intento de elevar su consideración cinematográfica se puso a las órdenes de Bardem en Varietes, 1971, pero tras filmar tres años después Cinco almohadas para una noche, dijo adiós a la pantalla. Tenía, oficialmente, 46 años y se refugió con sus canciones en los escenarios.

Aunque nunca tuvo una gran voz, hizo de ‘Fumando espero’ y ‘La violetera’ sus cartas de presentación. Abordó todos los estilos: cuplé, rumba, cha-cha-chá, zortzicos… Hasta se atrevió con partituras clásicas como un aria de Lucía di Lammemmoor que perpetraba en Mi último tango o una versión de la sinfonía nº 5 de Tchaikovsky.

La estrella de Sara se eclipsó un tanto en los años setenta, tras dejar el cine. En 1974 presentó en el desaparecido teatro Fuencarral el espectáculo Saritísima, apelativo con el que sería conocida a partir de entonces. La modernidad la adoptó a principio de los ochenta tras el espectáculo Doña Sara de la Mancha (1981). Ella ya estaba refugiada en el teatro y sus recitales se sucedieron. Memorables fueron sus relaciones con Celia Gámez y Olga Guillot, a quienes invitó al espectáculo Nostalgia en La Latina. Celia ya se movía como las muñecas de Famosa, pero la cubana era un ciclón arrollador que superó a la manchega, empresaria además. Y no le gustó, claro. La música fue su refugio artístico hasta el final. Todavía en 2009 sacó un disco, Absolutamente saritísima. Para su promoción grabó un video impagable junto a Alaska.

Ídolo de los gays en todo el mundo de habla hispana, imitada por decenas de transformistas, no tenía inconveniente en sumarse a las causas más descabelladas. Últimamente se dedicaba a apoyar la carrera musical de su hijo Zeus. Con él grabó hace un año otro video promocional, Sex dance, con el que puede corroborarse mi titular: María Antonia Abad fue antes muerta que sencilla.

Autor: Antonio Castro

apuntes_alcazarÁngel Alcázar

Ángel Pérez Alcázar, conocido artísticamente como Ángel Alcázar, estudió Arte Dramático en Madrid. Sus primeros pasos los dio con la Formación Integral del Actor, en la Escuela de Teatro dirigida por Mela Pérez Forte –calle López de Hoyos– bajo la dirección de Ángel Ruggiero, con Agustín Bellus como preparador de expresión corporal, y Lidya Gorossito, especialista en ortofonía y dicción. La Sala Cadarso estrenó el 19 de abril de 1979 la representación de ¿Fuiste a ver a la abuela?, primer trabajo protagonista de Ángel Alcázar como miembro del Grupo Magerit y primera puesta en escena en España del maestro y director de teatro Ángel Ruggiero (con guión de Fermín Cabal y creación colectiva). Ha protagonizado diferentes obras de teatro y películas como Últimas tardes con Teresa, además, trabajó a las órdenes de Almodóvar.

Autor: R.A.

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