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César Casares


Junto a Jorge Bosso (izda.), vicepresidente de la FIA,
María Fernanda García, presidenta de Sidarte (Chile)
y Oscar Roney, presidente de Sated Ceará (Brasil).

OMPI, Organización Mundial…, un nombre campanudo y resonante de especial importancia para los profesionales de la interpretación, y de cuya evolución merece la pena estar al tanto; de lo que allí se decida depende que los que realmente proporcionan experiencias estéticas, entretenimiento y disfrute a los espectadores, participen de la explotación comercial de su trabajo asegurarles unos ingresos decentes.

Para las generaciones de artistas que nos precedieron es un logro que este tipo de instituciones existan, y que en ellas se reconozca el trabajo y la reivindicación por las que fue posible hacer oír nuestra voz; para quienes hoy nos interesamos por estos temas el reto es conseguir que ese halo de grandeza y lejanía inalcanzable se allane, tanto para los intérpretes como para el público en general, y generar mayor sensibilización en la opinión pública sobre la necesidad de otorgar a los artistas la protección que se merecen.

OMPI, FIA Y FIM

FIA (Federación Internacional de Actores, en la que Jorge Bosso ocupa una vicepresidencia), junto a nuestra federación hermana FIM (Federación Internacional de Músicos), firmó el 23 de septiembre un Memorándum de Entendimiento con la OMPI. Este importante documento permitirá una cooperación más sistemática entre estas organizaciones, y nos dará más oportunidades de interactuar con quienes toman las decisiones en diferentes partes del mundo y continuar haciendo campaña eficazmente por un tratado del audiovisual.

Ésta es probablemente la primera vez desde la Conferencia Diplomática de 2000 que una combinación de factores nos plantea la oportunidad real de avanzar y, con suerte, ganar por primera vez en un tratado internacional histórico que garantice la protección de la propiedad intelectual de las emisiones audiovisuales. Pero aún queda mucho por hacer, y los riesgos todavía son altos.

Varias circunstancias nos han llevado adonde estamos en este momento.

Entre ellas:

1) El hecho de que la OMPI realmente necesita un resultado exitoso en el terreno de copyright y derechos conexos. Desde 1966, de hecho, la OMPI no ha logrado alcanzar ningún nuevo tratado en este campo –debilitando su rol como agencia de la ONU a cargo de establecer las normas y estándares internacionales en este sector.

2) Un creciente sentido de frustración entre los gobiernos del mundo, que se han reunido durante años, gastando valiosos recursos para lograr poco o nada. La negociación frustrada sobre los derechos de las organizaciones de radiodifusión fue la gota que rebalsó el vaso.

3) La emergencia de un extendido lobby de grupos de interés y de la sociedad civil que se inclinan por socavar las bases mismas de la propiedad intelectual, intentando perturbar el establecimiento de normas internacionales de la OMPI, presionando una preocupante agenda sobre limitaciones y excepciones.

4) El estallido de la piratería como un fenómeno masivo que no se limita sólo a la industria de la música, afectando a todos los sectores que dependen del copyright y de su cumplimiento para estimular la creatividad y la inversión de compensación.

5) Una creciente conciencia entre los productores de que la piratería y los grupos de la sociedad civil que se oponen a la propiedad intelectual son una amenaza real, mucho más grande que los artistas audiovisuales, a quienes ahora necesitan como aliados para responder el ataque y evitar que la industria pierda billones en ganancias.

6) El hecho de que FIA y FIM hayan sido capaces de dejar sus diferencias de lado y aceptar tener una sola voz, llamando a que el tratado audiovisual se finalice sobre la base de los 19 artículos, como fue aprobado provisionalmente por la Conferencia Diplomática de la OMPI.

Mientras tanto, ha empezado a circular la noticia de que los productores en Estados Unidos, que hasta ahora se negaban a firmar un tratado sin cláusula de “transferencia”, podrían estar suavizando su punto de vista. Sin embargo estos rumores (con buena o mala fe) podrían estar distorsionando la percepción de la situación.

Como sabemos, el gobierno de Estados Unidos no cambiaría su posición hasta que los sindicatos y los productores del país hayan alcanzado un acuerdo sobre el tema de la transferencia de los derechos de los artistas. Sin embargo, por lo que surgió de la última reunión con la MPA (la Asociación de Productores de Música) en Los Ángeles, éste no parecería ser el caso. La MPA acordó apoyar los 19 artículos con tres condiciones: 1. Que éstos no sean modificados de ninguna forma; 2. Que la ratificación del tratado no requiera cambios en la ley nacional de Estados Unidos (La Oficina de Copyright estadounidense no cree que esto sea posible); 3. Que se pudiera encontrar una fórmula para garantizar que los artistas empleados en sus producciones no les demandarían ante tribunales de países firmantes del tratado, para reclamar más de lo que originalmente se haya acordado en su contrato, basado en los términos aplicables a los convenios colectivos de Estados Unidos.

Problemática

Mientras se logró consenso, a nivel de artistas y productores, en los dos primeros puntos, la situación fue menos clara sobre el tercero. No quedó claro si ese lenguaje debería estar incluido en el tratado (como un artículo, una declaración acordada o en el preámbulo) o al menos reflejado oficialmente en una futura conferencia diplomática.

Esto significa que mientras dos de las tres condiciones necesarias para que la MPA apoye el tratado parecen no haber sido alcanzadas todavía, la noticia en Europa y en la OMPI parece ser –como ya mencionamos– que Estados Unidos podría estar listo para apoyar el tratado sobre la base de los artículos acordados provisionalmente en 2000.

En Europa, mientras aparentemente todos los demás estados miembro parecen estar listos para aprobar un tratado basado en 19 artículos, Gran Bretaña, Francia y Alemania han pedido más tiempo para pensarlo. Aunque Alemania está fuera del alcance de FIA, al menos por el momento, dada la visión negativa de GVL (la sociedad de gestión conjunta de artistas y de productores de Alemania) sobre los 19 artículos, los gobiernos de Gran Bretaña y Francia pueden ser fáciles de convencer.

La consecución de este tratado es importante no sólo para países como el nuestro, en el que la legislación sobre propiedad intelectual está desarrollada, sino también y principalmente para los países en desarrollo, donde los actores tienen muy poca o ninguna protección, y apenas pueden ganarse la vida a pesar de su innegable contribución a la diversidad cultural y el crecimiento económico. Como muchos de estos mismos países están frustrando sistemáticamente cada una de las operaciones destinadas al establecimiento de normas en el área del derecho de autor argumentando que limitaría su crecimiento económico, y como la OMPI necesita un resultado exitoso, esta organización está ahora considerando al tratado del audiovisual como una herramienta estratégica para reafirmar el valor de la protección de los derechos de autor y reafirmar su rol en el terreno internacional.

En todo este complejo entramado de equilibrios comerciales, políticos y diplomáticos se dirime el futuro de parte de tus ingresos, además de la expresión tangible de los derechos por los que largamente se ha luchado. Esperamos haber sido capaces de acercártelo de una forma comprensible.

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