Palabros de teatro : Entre actores, chivatos y sesiones Golfas

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Manuel Gallardo

ACTRIZ.- Es esa señora que en su mayoría no ha querido terminar una carrera, por no estudiar, y no ha parado de hacerlo durante toda su vida, bueno, menos cuando está en paro, que son las más de las veces en los tiempos que corren. Es esa persona que interpreta un personaje imaginario, histórico o real, improvisando el texto, o teniéndolo escrito, en un teatro, en cine, televisión y donde la llamen.

Recuerdo que hace unos cientos de años las mujeres no podían salir a escena y los hombres debíamos vestirnos con falditas y teteros, lo cual a algunos les encantaba, para interpretar sus personajes, heroicos, maltratados o preñados.

Es también esa señora, o señorita “porque ella quiere”, como diría Bobby Deglané, que lo mismo interpreta a una reina como a una mendiga, a una monja, como a una puta, y además creyéndoselo, porque si no, no gusta al público, ni al director, que aunque sepa menos que ella, es el que manda.

Ellas no suelen aceptar que el termino de “actor” incluya las dos acepciones, “actor/actriz”, tal como dice la academia, por lo que yo lo tendré muy presente en estos palabros.

actor.- Lo mismo que actriz, o casi. Hay que resaltar que con él nació la profesión del actor. En la prehistoria la hembra, futura actriz, sólo se cuidaba del fuego y de parir; el macho, cuando había cazado un bicho para comer, como ya he explicado en otro artículo de esta revista, se subía a una piedra y desde allí les contaba a todos los espectadores cavernícolas lo que había cazado y las peripecias que habían concurrido en su hazaña, hasta convertir al pequeño zorrillo al que había dado caza en un colosal dinosaurio, y le creían y le escuchaban con la boca abierta, porque lo contaba con gestos y ademanes tan expresivos como ahora sus descendientes cuentan historias en un escenario.

No debo olvidar lo que le costó a nuestro actor, cuentista y narrador, conseguir que sus historias fuesen reconocidas como aportación a la cultura. Durante muchos años sufrió todas las vejaciones imaginables, y creo que ha llegado el momento de conseguir que al menos en uno de los medios donde hoy trabajaría nuestro hombre, el teatro, sea reconocido universalmente como “Patrimonio Histórico, Artístico y de Interés Cultural Inmaterial de la Humanidad”.

A pesar de ser el precursor del bello arte de la interpretación, la profesión de actriz-actor está muy mal remunerada. Ahora no podemos cazar un uro para llevarlo a la cueva y que coma nuestra prole; ahora tratamos de ganar un euro para llegar a fin de mes, pero cuando los gobiernos han despilfarrado el dinero, la primera partida que recortan es en la cultura, y cuando ésta está en crisis no hay trabajo para los actores en ninguno de sus medios laborales.

CONCHA.- En algunos países sudamericanos, coño. En España el coño, además de un taco, es otra cosa. También es el caparazón, o la casa de las almejas, de las tortugas y demás bichos parecidos en el mar y en algunos ríos; también hay almejas en los ríos, yo las he cogido, pero todo esto no viene al caso.

En el teatro se llama concha a un mueble cóncavo que se coloca en la corbata, (otro palabro) o en el proscenio, del escenario, con el fin de ocultar a un individuo, que llaman apuntador, pero que no apunta, sólo lee el libreto de la función que se representa, y va adelantándole las frases al actor que no da una a derechas ni izquierdas, aunque no sea ácrata. Sobre todo es útil cuando un actor hace un toro (chúpate esa mandarina, esto sí que es un palabro).

CHIVATO.- Todos conocemos su definición. En el colegio cuando algún chaval iba con el “soplo” de algo al profe, le llamábamos: “chivato, chivato” pero no, no es sólo eso. En el teatro el chivato tiene dos definiciones.

Una es la hojita de papel que llega al final de las funciones al teatro, comunicando a la empresa la cantidad de espectadores que han tenido los demás teatros de la localidad. Cuando nuestra función va a la cola del taquillaje se suelen callar los resultados a la compañía, pero cuando vamos delante se nos dice hinchando el pecho, para que digamos “somos los mejores”. Pero la acepción que más me gusta es la que se refiere al agujerito que tienen los telones de guillotina (los hay de cortina, y son muy lentos, a mi no me gustan). Ese agujerito está colocado en el centro del telón y su finalidad es que los actores y demás pululantes del escenario vean si entre el público está el crítico de turno. Dicho agujerito en sus bordes suele estar lleno de mierda, que han ido dejando allí los sudores y maquillajes de los curiosos miradores.

BISOÑÉ.- Con un poco de imaginación y leyéndolo al revés, podríamos decir que significa, “soñé con un visón”, pero olvidemos esta gilipollez y definamos lo que ya todos sabemos. Se trata de un puñado de pelo que algunos calvos, coquetos y que no se gustan al mirarse en el espejo, se colocan sobre su desmochada cabeza, y aunque a veces parezca una boina, no se lo quitan ni para dormir. Los días ventosos procuran no salir a la calle, pues una buena ráfaga de Eolo se lo puede poner como una peineta.

GOLFA.- Mujer de vida airada, prostituta, maturranga, coima, ramera, manceba, facilota, sexoservidora, zorra, maraca, perra, peripatética, pendón verbenero, puta, comerciante de la carne (no carnicera) y alguna cosilla más… pero no. Tampoco la acepción masculina se parece, ya sabemos que hay golfos de León, de Cádiz, de Vizcaya, de Valencia… No son esos a los que me refiero, aunque es verdad que hay golfos en todas partes.

Las Golfas de Teatro eran unas representaciones que se hacían una vez a la semana, después de la última función, a eso de las 12 de la noche o más tarde, destinadas a que los actores de otras compañías pudieran asistir y verlas, ya que por coincidir en horarios era imposible. Se abría la taquilla para todo el público y eso también aumentaba los ingresos de la empresa.

Hoy en día con la función casi única y horarios más tempranos no tendrían sentido. También se hacían Golfas de cine; se llenaban a tope. Recuerdo algunas de hace mucho tiempo, en un cine del barrio chino de Barcelona. Ocurría de todo, aquello era un desmadre: parejas ocupando una sola butaca, se fumaba y hacían su agosto las señoras peripatéticas y de vida airada.

GUINDALETA.- Su definición podía ser, “una guinda con aleta” y todos lo entenderíamos, pues no, no es eso. Se trata de un palabro que cuando se le nombra a alguien, que dice saber de los términos empleados en el teatro, te contesta, “¿y eso qué es?” y entonces tú, demostrando que conoces más términos que él, se lo defines, se lo explicas concienzudamente, con detalles y al final de la “charla” sigue sin enterarse, ¿por qué? Pues porque la tal Guindaleta, ya no se usa, tal y como se montan o diseñan los decorados hoy, es prácticamente inservible. De todas formas, como me he comprometido a definir éstos que yo llamo palabros y que desde luego lo hago a mi manera, y aun sabiendo que quizás no os enteréis, trataré de dibujar una definición lo más clara posible. Se trata de una cuerda, de unos cuatro metros de largo, dependiendo de la altura de los decorados, que estando sujeta en la parte alta de éstos, se compone de dos bastidores, sujeta a ambos, por medio de unos clavos o enganches, colocados en los lados de las piezas, y que en forma de trenza y de arriba abajo quedan sujetos y fijados en la parte baja del decorado.

¿A que seguís sin saber, que es una Guindaleta?

Continuará…

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