Almudena Rodríguez: “El vestuario debe fundirse con el personaje”

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Ada del Moral

El trabajo de Almudena Rodríguez Huertas consiste en crear un vestuario que refleje la personalidad de los personajes en todas las situaciones de la trama, incluso cuando ésta pretende ocultar algo al espectador. Desde que hace años fundara su propia firma, ‘La Lagarta’, Almudena se ha convertido en maestra de diseñar de todo y para todos los públicos.

Del rey abajo ninguno, de Laila Ripoll

Actores.- ¿Cómo empezaste?

Almudena Rodríguez.- Estudié diseño de moda y me pareció que no era lo que quería. Al principio me dediqué a hacer de todo: moda, colecciones para los amigos, prototipos de chalecos antibalas… Me metí desde pequeña a la escuela de diseño de teatro y de allí fundé “La Lagarta”, donde hacía todo tipo de cosas para teatro, cine… también vestuario de época, disfraces, publicidad y hasta complementos para ballets. Fueron cinco años de un auténtico máster vital y profesional en el que mis compañeros llegaron a ser mi familia. Pero económicamente fue una ruina, nos apetecía hacer todo y nos apiadábamos de todos. Y así nos fue. Pero se disolvió pacíficamente porque nos absorbió Telecinco para trabajar como estilistas. Fueron unos años estupendos pero reconozco que éramos los peores empresarios del mundo: todo creatividad, cero perspectiva comercial.

A.- ¿Cómo definirías este mundo?

AR.- Me gusta formar parte de un equipo que lleva a cabo un montaje o una película o una serie. Me encanta trabajar con todo el mundo. A veces es muy creativo, pero siempre estás a las órdenes de un director, de un productor, de unas necesidades… y eso te limita.

A.- ¿Placeres y problemas?

de cerca


Una inspiración

Todo. Me considero una teatrera absoluta. No sólo figurinista.


Una desesperación

La mala información que sufrimos a todos los niveles. La desinformación.


Una anécdota

Fui con mi compañía Micomicón a un pueblo de Toledo, donde estábamos representando una tragedia en una sala de fiestas; todo estaba lleno de espumillón y máscaras porque había pasado el carnaval. Los actores representaban sobre una arena que llevábamos, y de repente se levantó una familia entera para irse mientras un actor recitaba un monólogo desesperado por la muerte de sus siete hijos cuyas cabezas arrastraba en un saco. El actor aguantó el tipo mientras la familia atravesaba la arena. Eso es valor de cómico.


Vestuariología

El hombre que quiso ser rey, de Ignacio García May, basado en cuento homónimo de Kipling
Del rey abajo ninguno, de Laila Ripoll 2007
Los niños perdidos de Laila Ripoll 2006
Ángel 2006, Jaime Pujol
Atra-bilis de Laila Ripoll 2001

AR.- Los placeres son muchos: desde leer el texto y vestir a los personajes a imaginar sus personalidades que se muestran a través de una determinada manera de vestirse. Cuando hago un vestuario contemporáneo es más difícil porque cuanto más real, más complicado. El vestuario debe ser un reflejo de los personajes hasta cuando quieres ocultar algo. Tiene que estar condicionado por la trama. Se trata de vestir a personajes determinados en un contexto y con unas acciones de por medio. Además, cuenta mucho la ambientación que pretende demostrar el director, lo que hace que me ciña a sus peticiones y a los personajes. Tengo que equilibrar lo que creo que es y lo que quieren los realizadores. La tercera parte consiste en vestir a los actores; cuando presento los figurines, el actor es una de las últimas personas en verlos, pero me gusta que opinen porque son los instrumentos, son quienes van a sufrir ese atuendo. Pongo bastante cuidado en ajustar el traje al actor y al personaje, lo malo es que a veces no sabes qué actor va a interpretar un papel… En otras ocasiones, visto a personas reales que defienden su imagen mientras presentan un programa y eso es de veras complicado porque estás jugando con su propia imagen y personalidad aunque también tengan algo de personaje.

A.- Uno de tus placeres…

AR.- Elegir telas, figurines, tejidos… primero hay que presentar el figurín, pero me encantaría poder elegir primero el tejido. La primera prueba me suele dar vértigo porque es la primera vez que pones el traje encima de la persona que lo va a llevar y ahí empiezan las dificultades o… todo lo contrario.

A.- ¿Coses y cortas?

AR.- Suelen hacerlo los talleres; la opinión que más me importa es la de los actores. Siempre me dicen que moverse cómodamente suele ayudarles a encontrar el personaje. El traje no debe ser una pesada carga: debe fundirse con ellos. Me gusta mucho documentarme en la primera fase; lo haces observando a la gente, leyendo libros, mirando fotografías y aunque es un trabajo solitario, me encanta. Hay trajes populares que son como fósiles de la Edad Media y que, mediante cinco faldas bordadas, representan el poderío de quien lo lleva.

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