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“Mi lema es confiar en la bondad de la gente”

Bernar Caldevilla

Actores.- ¿Cómo se te ocurrió meterte en esto?

Carmen Conesa.- Fue un poco de rebote, porque yo bailaba, estudiaba en el Institut de Teatre y al mismo tiempo hacía Bellas Artes en la Universidad, donde daba clases de baile para pagarme los estudios. Entonces, en el Teatro Romea hicieron audiciones a bailarines, cantantes y actores para La historia de un caballo, protagonizada por José María Rodero. Me presenté y me cogieron. Fue una sorpresa, porque a mí me gustaba el canto y el baile, pero no la interpretación, nunca lo había pensado. De repente, también tenía que hablar en el escenario y desde entonces no me he bajado, por suerte.

A.- ¿De dónde sacas vida para hacerlo todo?

CC.- Supongo que del aburrimiento. Lo único que hago es no aburrirme, siempre aprovecho el tiempo haciendo cosas. Cuando que tengo un rato libre me invento algo, me produzco algo, me busco un grupo para cantar o me pongo a pintar. También doy cursos de coach a directivos de grandes empresas.

A.- Solemos ir a clase para aprender pero, ¿qué aprendes tú como profesora?

CC.- Aprendo a vencer el pudor, a quitar los complejos enseñando a la gente a desinhibirse, a confiar en sí misma, a elevar la autoestima y eso queda.

A.- Y tú, ¿qué pintas en la vida?

CC.-Básicamente, pinturas figurativas y personas, me interesa mucho el ser humano. Sorolla es mi pintor favorito, me encanta cómo domina la luz y sus colores.

A.- ¿Cómo compaginas tu otra pasión, la de ser madre?

CC.- Lo compagino muy bien, porque tengo sólo una hija. Además, he tenido suerte porque Carmen me ha salido muy buena y tranquila; somos grandes amigas y me lo paso bomba, lo tomo como la producción más importante de mi vida.

A.- ¿No crees que Chicas de hoy en día trataba temas que todavía siguen en boga?

CC.- Exactamente ahora se cumplen los veinte años de la serie. Chicas de hoy en día es atemporal, tocaba temas que hoy siguen estando de actualidad con un tema universal: chicas que se buscan la vida, salen de sus ciudades porque quieren ser actrices y vienen a Madrid.

A.- ¿Cómo ser mujer y ser feliz en el intento?

CC.- Yo no he tenido problemas por el hecho de ser mujer, o por lo menos no he sido consciente de ello. He podido decir gracias a la vida y a las oportunidades, he conseguido todo lo que he querido. Quizá sea porque en la energía, en los deportes y en las relaciones soy un poco tío, mis amigas siempre me lo dicen. Me refiero a que cuando quiero algo voy a por ello, pero sin hacer daño a nadie. También soy bastante aventurera y nada acomodada, vivo al día y no tengo proyectos de vida.

A.- ¿Pero eso funciona?

CC.- A mí me ha funcionado. He sufrido como todo el mundo, he pasado momentos dolorosos pero es muy importante vivir mucho el presente. No existe el pasado ni el futuro, sólo el presente; lo único que importa es el momento que estamos viviendo, o sea ahora, hoy. No se puede hacer un proyecto de vida, es difícil, todo es mentira.

A.- Cantas jazz pero, ¿qué cantas cuando estas en casa?

CC.- No canto nada, ni siquiera en la ducha. Yo tengo la teoría de que los que cantamos fuera, cantamos poco en casa. Si tengo que repasar textos, sí que me estudio la letra pero cantar en casa, no.

A.- ¿Qué necesitas para estar en el séptimo cielo?

CC.- Amor. Amor a los animales, a mi hija y a mi amante y compañero.

A.- Seguro que tendrás muchas anécdotas.

CC.- ¡Uf, sí! En El abanico de Lady Windermere, trabajaba con Amparo Rivelles, a la que admiro profundamente y que era muy aficionada a las bromas. En un momento de la obra, yo le preguntaba si le gustaba mi hija y le enseñaba una foto de un tío en pelotas; cada día le mostraba una diferente. Una vez hicimos un montaje de estudio. Juan Gea, que hacía de marido, se puso unas orejas enormes y yo unas tetas postizas. Él aparecía en la foto mamando de la teta, una marranada pero bien hecha, y en otra, posamos Juan y yo con un mono, en vez de un hijo. Hacíamos esas obras de arte para enseñárselas a Amparo y ella en escena, aguantándose la risa, decía: “Es muy bonita querida, su hija es preciosa” mientras mantenía el tipo. En otra ocasión, le pinté un cuadro y en la última función de El abanico salió al escenario y se lo encontró allí. Como no lo había visto antes, se emocionó.

BREVE TRAYECTORIA

Actriz de amplio espectro, es hasta patrón de barco y pasa por todos los estilos, desde el naturalismo al musical. Tiene su propia big band de jazz.

En cine la puedes ver en: El caballero del dragón, Cómo ser mujer y no morir en el intento, Makinavaja el último choriso, El cianuro… ¿sólo o con leche? En teatro ha sabido rodearse de buenos directores y grandes autores: El abanico de Lady Windermere, Pelo de tormenta, Mariana Pineda, Chicago, Las últimas lunas, Te quiero, eres perfecto, ya te cambiaré… En televisión, junto a La Trinca en Tariro Tariro y recordada en Chicas de hoy en día o Inocente, inocente, y ¡Ay, Señor, Señor! Su último trabajo en La Señora le ha merecido su segundo premio de la Unión de Actores.

A.- ¿De qué puedes presumir?

CC.- De tener muchos y buenos amigos.

A.- ¿De qué sientes vergüenza?

CC.- De la crueldad del ser humano.

A.-¿Un lema?

CC.- Todo el mundo es bueno, confío en la bondad de las personas.

A.-¿Un capricho?

CC.- Dar en barco la vuelta al mundo.

A.-¿De qué salvarías al mundo?

CC.- Del hambre.

A.- ¿Una herida en el mundo?

CC.- El fanatismo.

A.- ¿Y una medicina?

CC.- Tener claro que todos estamos de paso.

A.-¿Una espina clavada?

CC.- No hacer más cine, porque el cine no me ha querido.

A.- ¿Qué anhelas?

CC.- Comprar un teatro, poder tener una sala para hacer experimentos y propuestas alternativas.

A.- ¿Qué te ayuda a seguir?

CC.- Pensar que estoy sana, que tengo fuerzas y poder ver el sol cada mañana.

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