Perfil : José María Labra“Me encantan las situaciones complicadas”

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Ada del Moral

A pesar de haber vivido la profesión desde muy pequeño por ser hijo de regidor, José María necesitó tiempo y una casualidad para entrar en este mundo. Una vez ahí, el amor por su trabajo llegó muy rápido, como si algo que estaba dentro empezara a crecer de forma maravillosa. Para José María lo fundamental es quedar satisfecho con los resultados. Los elogios, aparte.

Actores.- ¿Cómo empezó todo?

José María Labra.- Empecé de un día para otro. No pensaba dedicarme a esto pero a mi padre le salió un contrato estupendo, no encontró a nadie que le sustituyera y me llamó. Así que empecé sin saber nada y hasta hoy. Estaba haciendo la carrera de comercio, que terminé, aunque nunca la he llegado a ejercer.

A.- ¿Qué te llamó más la atención de este trabajo?

JML.- Me encantan las situaciones complicadas. Disfruto resolviéndolas. Es una satisfacción.

A.- La profesión te viene de familia, ya que tu padre también es un respetadísimo regidor… ¿Cómo percibías de niño su profesión?

JML.- No pensaba dedicarme a ello y, como estaba tan acostumbrado, no le daba importancia. Sin embargo, se me quedó dentro y, al final, algo debió marcarme porque aquí sigo y muy satisfecho de lo mucho que disfruto y del reconocimiento. Desanima mucho hacer tu trabajo bien y que nadie lo reconozca. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, y esto puede resultar contradictorio, cada vez soy más impermeable a los elogios. Es norma, cuando empiezas buscas el reconocimiento, ahora lo que más me gusta es disfrutar con mi trabajo y quedarme satisfecho con el resultado. Cuando haces un buen trabajo no haces nada extraño, es tu deber, tu obligación. La gente que se da coba a sí misma, me repatea.

A.- ¿La profesión ha ido transformándose…?

de cerca


Un secreto

Estar relajado a la hora de enfrentarme a cualquier cosa

Una desesperación

La situación del continente africano.

Teatrología

– Evita de Andrew Lloyd Weber
– Jesucristo Superestar
– El público de Lorca
– Cinco Lorcas, cinco
– Martes de Carnaval, de Valle Inclán
– Comedias Bárbaras, en versión de José Luis Pellicena y con siete horas de duración
– La vida del rey Eduardo II de Marlowe
– Pelo de Tormenta de Francisco Nieva

JML.- Sí, ha cambiado mucho. Al principio del siglo XX, en el teatro español, el único técnico que existía era el apuntador. Poco a poco empezó a bullir un personaje que hacía recados, que después se quedó de ayudante del apuntador y luego, viéndose que este hombre hacía cada vez más cosas en escena, se creó definitivamente como personaje. Así, el apuntador era el primer apunte y el actual regidor era el segundo apunte, a quien también se llegó a conocer por “traspunte”. Las funciones del segundo apunte eran: estar pendiente de los actores, prevenirles para sus entradas en escena, decirles cuando tenían que entrar y darles la primera frase porque el actor tenía tanto repertorio que nunca se llegaba a aprender las funciones. Las siguientes se las daba el apuntador. Otra de sus misiones consistía en encargarse de los “efectos especiales”. Como no había sonido, salvo algún que otro tocadiscos, se dedicaba a hacer efectos sonoros con unas máquinas especiales que imitaban al sonido de la lluvia o los truenos; también se fabricaba sus propias cosas para sacar los efectos. Era cuestión de agudizar el ingenio. Cuando le contrataban, como en aquella época no había ni directores, ni escenógrafos, ni figurinistas y ya que la obra la dirigía el primer actor o el autor, el “traspunte” se lanzaba a la calle a por muebles que cedían las tiendas a cambio de entradas o de un anuncio en el programa o en la pantalla. También ejercía de decorador y debía tener conocimientos de los estilos de muebles. Así, andando el tiempo, la importancia de su figura fue aumentando. En las giras no se llevaba nada, así que cuando llegaba a una plaza, tenía que buscar las cosas rápidamente y era una aventura; a veces, incluso le tenías que pedir a un particular su salón porque le venía bien a la obra; también se “peinaban” las iglesias o los casinos… nunca sabías cómo ibas a montar la cosa. En resumen, el segundo apunte tenía más y más cosas que hacer mientras que el apuntador, al bajar el repertorio de las compañías, cada vez tenía menos trabajo. Al llegar las nuevas técnicas, su manejo recayó sobre la figura del traspunte. Mientras, los repertorios se reducían más y más y, cuando ya sólo había una función, se quitó la concha y el apuntador ya sólo existió en los ensayos; ahora sólo existe en los teatros públicos porque son plazas como de funcionario. Hay una plaza por teatro. Y depende también de si el ayudante de dirección puede hacer labores de apuntador.

A.- ¿Cómo es tu relación con los actores?

JML.- Me llevo muy bien con ellos salvo cuando les sale el ego porque entonces corren el peligro de ponerse insoportables. Pero, por lo general, nunca hay problemas, sobre todos con los de ahora; los de la vieja guardia, a veces, se creían a otro nivel. Lo que sí tengo claro es que son la pieza fundamental. Puedes hacer teatro sin nada pero nunca puede faltar el actor, que además tiene un gran valor al salir a escena. Sobre todo cuando es un público de actores, que es el más exigente y despiadado.

A.- Llegan rumores de que estás ultimando un libro…

JML.- Trata sobre la profesión de regidor y me decidí a hacerlo para llenar el vacío sobre esta profesión. Tras una introducción y una breve historia de la regiduría, cuento, paso a paso, en qué consiste este oficio que se gesta en las mismas tripas del teatro…

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