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Bernar Caldevilla

El periplo vital de Juan Ribó empieza en Amman, donde nació. Después pasó su infancia en el Congo. Hijo y nieto de diplomáticos creció entre París, Camboya y México. Su carrera se ha desarrollado principalmente en el teatro –donde empezó al finalizar sus estudios en el Liceo Francés– y en México, con Alejandro Jodorovski. En los setenta aterrizó en España y no paró. Fue protagonista de varios montajes que marcaron un antes y después en el teatro nacional: Equus y Godspell. Con más de 35 años en los escenarios, ha trabajado con directores como Narros y José Luis Gómez, Roberto Villanueva y el recientemente fallecido Manuel Collado.

Con 38 años aparcó su carrera y se fue dos años a Nueva York a estudiar con Uta Hagen. En su haber, una interminable lista de personajes desde la comedia musical a la tragedia griega, pasando por textos contemporáneos, y en TV, desde El pícaro de Fernan Gómez hasta en 2009 la serie Unidad Central Operativa. Todo un referente.

Actores.- Tantos botes por el mundo ¿ayudan a la interpretación?
Juan Ribó.- El viajar también es tambien maravilloso, la soledad te ayuda a conocerte y a crear tu universo interior, que es propicio para crear y tener un discurso propio. Te abre la mente.

A.- ¿Quiénes son tus referentes?
JR.- Fernán Gómez y López Vázquez, además tuve la suerte de trabajar con ellos y no paraba de preguntarles y de aprender; después están Flotats y José Luis Gómez, Juan Diego, Blanca Portillo, Lluis Omar… sería injusto decantarme por uno sólo y, además, ahora hay una generación con muchísima calidad.

A.- ¿Qué es lo que te ha dado la vida que no te ha dado la actuación?
JR.- La vida me ha regalado mucho más que el trabajo, la vida es mucho más interesante, te permites más licencias; sin catarsis no hay cambio ni evolución, y en cada paso de evolución mío me gustaría tener un personaje donde pueda volcar el crecimiento personal.

A.- ¿Por dónde buscas los personajes, qué técnica utilizas?
JR.- Me inspiro en la calle y en el ser humano, también en los autores y los directores con los que he trabajado. Uta Hagen me enseñó, a desarrollar una técnica de estudio para que la interpretación sea más íntima y más personal, un actor nunca deja de aprender.

A.- ¿Con qué personaje te has sentido mejor, o a cuál le tienes más cariño?
JR.- He sido muy feliz con muchos de mis personajes: en comedia con Mi gato ha muerto y quizá el que más me dejo explayarme fue Amadeus de Shaffer.

A.- ¿Tienes alguna ceremonia o superstición antes de entrar a escena?
JR.- Antes del estreno, una vez construido el decorado, suelo buscar un clavo o un tornillo que haya quedado por ahí limpio. Creo que trae buena suerte. Es como un amuleto o me hago a esa idea, es algo espiritual. También cuatro segundos antes de salir pienso en mi padre y en toda la gente que me ha querido dándome energía positiva. Eso me hace estar más sensible y receptivo… me recojo…

A.- ¿Qué es lo peor y lo mejor de la profesión?
JR.- La satisfacción de poder comunicarme con el público, y lo peor estar sujetos a la audiencia de TV. En cuanto a la situación actual del actor, es bastante precaria, las contrataciones son más cortas, las prestaciones sociales son deficientes y los sueldos cada vez más bajos. Creo que el actor debería estar más cuidado, se ha convertido en el último eslabón de la producción cuando es la conexión directa con el espectador. Es el elemento fundamental, creativo y artístico.

A.- ¿Qué le pides a la vida?
JR.- Pues como cualquier ser humano acercarme, poco a poco, a cierta felicidad. Yo creo que estamos llegando a un punto en el que todo sirve y hoy el dinero, por desgracia, lo es todo. Nos estamos cargando la naturaleza y deberíamos mirar más hacia dentro; la cultura es importantísima, es la seña de identidad de un país.

A.- Una anécdota que te haya ocurrido…
JR.- En la obra Godspell había unas beatas en la puerta del teatro rezando para “purificar” los pecados, y en Equus hubo que desalojar el teatro porque pusieron una bomba. Era una época oscura y represora contra la cultura.

A.- Un consejo para los actores que empiezan.
JR.- Que se preparen. Triunfar con 20 años es relativamente fácil, lo importante es mantenerse y enriquecerse y ser cada día mejor. Es un oficio muy serio, la vocación es muy importante, el talento hay que alimentarlo.

A.- ¿Qué ves en la tele? ¿Qué echas de menos?
JR.- Televisión e Internet son el poder del futuro pero suelen estar mal utilizados, deberían estar más cuidados y con mayor responsabilidad creativa, y aunque a veces hay grandes aciertos, no utilizan el substrato cultural del país.

A.- Si no hubieses sido actor, ¿qué te hubiera gustado ser?
JR.- Cantante de rock. Los cantantes tienen una conexión especial y conectan con la sensibilidad por diferente que sea su cultura, siendo ellos mismos.

Un dolor
La muerte de mi padre.


Una esperanza
Que la crisis no cale demasiado en la gente y perturbe la pequeña alegría cotidiana.


Una pasión
El teatro y la música.


Me gustaría
Que se difundiese el teatro desde la escuela como complemento de la educacion, sería importante.


No soporto
La mediocridad, la envidia.


Una pesadilla
La falta de agua.


Un sueño
Que no haya diferencias sociales ni tanta devastación.

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