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“Los actores hacen llegar al espectador la magia del trabajo de todo un equipo”

R.A


Calígula, un montaje de la compañía L’Om-Imprebís,
dirigido por Santiago Sánchez.

Actores.- ¿Cómo comenzó tu vocación y de dónde crees que pudo surgir?

Santiago Sánchez.- Como mucha gente, en el colegio. Gracias a un profesor que se llamaba Fernando García y que nos dejaba imitar y hacer parodias de otros profesores y situaciones de la escuela. Eso me enseñó el aspecto más lúdico del teatro, sin duda fueron mis primeras improvisaciones… debía tener once o doce años y comencé a ver todo el teatro que podía: Els Joglars, Dagoll Dagom, Tábano, Pavlosky… también me acuerdo de Doña Rosita la soltera de Nuria Espert o Bodas que fueron famosas… del recientemente fallecido Rodríguez Méndez, primer montaje del CDN. A los dieciséis estaba dirigiendo e interpretando Muerte accidental de un anarquista de Dario Fo, una vez más como un juego. El número de representaciones que teníamos hizo que dos años más tarde pensáramos en profesionalizar el grupo y naciese el primer L’Om.

A.- A lo largo del camino… ¿cómo se superan las dificultades?

SS.- Nadie nos había dicho que esto iba a ser fácil, así que las dificultades estaban asumidas casi desde el inicio. Desde convencer a tus padres que vas a dedicarte a esto y no a las Ciencias Exactas como estaba previsto… hasta el empeño de formar una compañía, de hacer en cada momento los textos o el estilo de teatro que te apetece o que crees que hay que hacer, la dicotomía entre arte y mercado… Pero creer en lo que haces, hacerlo a conciencia, el trabajo con rigor, poner las tripas a cada momento… hace que los contratiempos se vayan superando.

A.- ¿Por qué la dirección?

SS.- Bueno, llegó de forma natural. Mis primeros trabajos profesionales tuvieron que ver más con la interpretación. Con sólo veinte años tuve la suerte de trabajar como actor con Albert Boadella. Luego vino Chiquilladas, un espectáculo dirigido por Raymond Cousse que me dio muchas satisfacciones. Pero también muy pronto había comenzado a compaginar la actuación con la dirección… Me llamaron para participar en el primer curso para Directores de Escena que organizó el Centro Dramático de Valencia con profesores como José Carlos Plaza y Pere Planella y, poco a poco, me fui decantando hacia este lado del trabajo. Lo que sí he tenido muy claro, después de algunos errores iniciales, es no hacer las dos tareas a la vez en el mismo espectáculo.

A.- ¿Qué influencias te han marcado?

SS.- Me inclino más por una visión artesanal de nuestro oficio que por las escuelas. Ser aprendiz de quien tienes al lado, de los maestros con los que puedes trabajar. Siendo muy joven tuve la suerte de conocer a gente que ya cité antes: Fo, Boadella, Cousse… También actores y directores que en los años ochenta venían de Lecoq en Francia y, con ellos descubrí el mundo de la improvisación. Ahí llevo casi veinte años colaborando con un maestro como Michel López. Y luego, ya en 1993, un espectáculo que me cambió la vida: Qui est là? de Peter Brook. Eso abrió un camino que he seguido explorando con gente de su entorno como Hassane Kouyaté. Ahora mismo, el ­autor y director que más me interesa es Wajdi Mouawad, creo que está explorando una nueva forma de contar en escena.

A.- ¿Cuál es tu visión de conjunto sobre los actores?

SS.- Para mí el texto (o su equivalente en el teatro gestual, la improvisación) y el actor son los dos elementos esenciales del teatro. Por tanto, mi admiración por el actor que se compromete con su trabajo es total. Ellos son los auténticos médiums para que la magia del trabajo de todo un equipo creativo llegue al espectador. De su energía, sensibilidad y talento dependerá el buen fin del trabajo de todos. Otra cuestión es la realidad profesional en la que vivimos, que quizás acabe dispersando esa energía necesaria en otras urgencias, otros intereses, otros medios…

A.- ¿Cómo se orquesta un montaje?

SS.- Cada montaje es un mundo diferente. Diferentes estilos, diferentes personas, diferentes modelos de producción… por tanto: diferentes procesos. En mi caso puedes comprender la diferencia que hay entre montar un espectáculo de improvisación como Imprebís, un texto como Calígula, la adaptación de El Quijote, los sketches de Monty Python o una zarzuela como La boda y el baile de Luis Alonso… No creo que haya placeres excluyentes. Puedes disfrutar con Brecht y su Galileo y, a continuación, marcharte a Guinea o a Perú a zambullirte en la cosmogonía de cada cultura. Incluso es bueno este cambio, esta variedad de registros. Hay muchos espectadores que nos conocieron a través de la improvisación y ahora nos siguen en nuestros montajes de Cervantes, ­Zorrilla o Camus.

A.- Vas a dirigir la gala de premios de la Unión. ¿Es parecido a dirigir un montaje teatral? ¿Cuáles son los secretos de un tipo de montaje y otro?

SS.- Es la primera vez que dirijo una gala de estas características y, como te comentaba antes, si cada montaje tiene sus características diferenciales, con mayor motivo hay que tratar esta gala de forma distinta. Estoy apasionado con el proyecto y aspiro a que la gala sea entretenida, amena, a que se convierta en un reconocimiento al trabajo de los actores y, en especial, a los nominados, ya que son ellos los que, este año, conforman nuestro mejor reparto de cine, teatro y televisión. Y que ese reconocimiento les llegue de sus compañeros, desde los consagrados hasta los más noveles.

A.- ¿Cómo ves el panorama artístico actual en España? ¿Es el artista un agente de cambio?

SS.- Una de las cuestiones que más me preocupa es el deterioro de la consideración social de la cultura. Años de lanzar desde púlpitos y medios de comunicación una imagen distorsionada sobre los artistas ha acabado calando en mucha gente y es muy peligroso. Lo mismo que asociar únicamente el arte al “entertainment”. Muy pocos periódicos mantienen ya páginas de cultura y ésta acaba confundida entre sociedad, artes, vida, espectáculos…

De ahí a tomar el trabajo artístico como algo prescindible hay un paso. Se justifica que ante una crisis los primeros recortes se produzcan en cultura e incluso acabamos asumiéndolo como algo natural. Creo que es un gran error. Precisamente el arte puede despertar un espíritu crítico que cuestione porqué hemos llegado a determinadas situaciones, pensar nuevos modelos de sociedad o incluso de organización económica. No podemos olvidar que sin comer moriríamos, pero sin soñar, también. Aunque parece que algunos nos prefieren solo dormidos.

A.- El teatro… ¿debería darse en la escuela?

SS.- Claro que sí… habría que incentivar una formación humanística más completa. El teatro, la música, el conocimiento de las artes: “aprender a mirar, a escuchar, a sentir…”. Antes te decía que conocí el teatro gracias a un profesor… pero en aquella época muchos de sus propios compañeros criticaban que dedicara un espacio de la clase de Lengua y Literatura a “aquellos jueguecitos”. Luego, también he visto verdaderas aberraciones de artistas-pedagogos “enseñando” teatro, música, dibujo… por tanto la pregunta también debe ser ¿cómo y de qué manera deberían enseñarse las artes en la escuela?

A.- Estudio 1 marcó un hito, pero la TV desde entonces no se ha atrevido a realizar un programa así.

SS.- Sí, creo que ha habido intentos de recuperar ese formato pero no han funcionado. Era otro momento histórico, otra forma de ver televisión. Hoy mismo, cuando volvemos a ver muchas de aquellas grabaciones no acaban de engancharnos. Personalmente creo que una de las características esenciales del teatro es el hecho de ser en vivo y en directo, por tanto, verlo a través de una pantalla, y más aun grabado, hace que lo que vemos no sea teatro, que sea “otra cosa”… Creo que la televisión podría hacer mucho por el teatro, pero no a través de su emisión completa sino con programas de divulgación: informar de lo que se prepara, seguir las giras, los ensayos, acercar al público diferentes oficios singulares, figuras de actores, etc. Además, estoy convencido de que estas cuestiones interesarían al público.

A.- ¿Qué necesita un director para ser bueno en su oficio?

DE CERCA


Un capricho

Sinceramente, creo que no soy caprichoso.

Una fobia

Las cosas relacionadas con los ojos. En fin, que me pongo fatal sólo con pensar en El perro andaluz.

Un deseo

No es uno, son tres… pero el genio de mi lámpara solo me deja contárselos a él.

Un miedo

“El miedo es lo único que puede hacernos creer que no podemos ser libres”.

Una esperanza

Que no nos roben las ilusiones.

Una conclusión vital

La escuché en África: “Hay tres verdades: tu verdad, mi verdad y la verdad”.

SS.- Una de las cuestiones más curiosas es definir el papel del director. Cuántas veces vemos un magnífico trabajo y alabamos la dirección y, luego, sabemos que el director ni siquiera estuvo presente en la mayor parte de los ensayos y, al contrario, otras veces cargamos contra una dirección sin saber las dificultades que tuvo con la calidad de los actores, su disponibilidad, con los medios de producción… Muchas veces una buena dirección consiste en desaparecer, hacer que todo parezca sencillo, fluido… A veces hay que aprender a callar… En todo caso, me acuerdo de lo que una vez me dijo el propio Brook: “al principio creía que dirigir era coordinar diferentes artes, ahora sé que dirigir es coordinar a diferentes personas”

A.- ¿El secreto de una buena interpretación es una buena dirección? ¿Son los directores actores deficientes?

SS.- No creo que sea así. Ha habido magníficos actores que han sido grandes directores y viceversa. En nuestro país, me vienen a la mente Fernando Fernán Gómez, Adolfo Marsillach, José Luis Gómez… y fuera Kenneth Branagh, Steven Berkoff o el propio Robert Lepage. En cuanto al secreto de una buena interpretación creo que está ahí: en que es un secreto. Suma a veces del talento del actor, la colaboración del director, la comprensión conjunta del texto, el trabajo del resto de los actores, una iluminación y vestuario adecuados, la capacidad de hacer vivir un espacio… tantas cosas… añade un pellizco de magia y otro de suerte para que todo fluya y llegue al espectador y sea capaz de conmoverlo en su butaca.

A.- En tu opinión… ¿Cuál es el presente y el futuro de la escena?

SS.- Quiero ser optimista. Creo que hemos avanzado en muchas cosas y perdido algunas. Para mí, el avance más significativo ha sido el desarrollo de una red de teatros en las principales ciudades del país, acompañado de unos circuitos autonómicos que han consolidado una oferta de más de 150 salas y teatros. Esto es muy importante para los profesionales pero, sobre todo, para los espectadores, que pueden disfrutar de muchas de las obras en su propia localidad. Esto también ha multiplicado el número de espectadores que ahora no se circunscriben a los de Madrid y Barcelona. Esperemos que los vientos de crisis no deshagan este tejido. Por contra, creo que la gran pérdida es la del concepto de compañía, sustituida por productoras y producciones (¡qué peligro tiene el lenguaje!) que se hacen y se deshacen sin una vocación clara de estabilidad y continuidad. Además, aparejado a la tentación de creer que la gran productora tiene más que ver con las industrias culturales, como si los buenos artesanos fueran de segunda categoría… El equilibrio de estos factores, entre otros muchos, podría ser la clave. En todo caso, como decía Marsillach: “El teatro no morirá, claro que no; pero hay que tener cuidado, no vayamos a convertirlo en algo que no nos apetece demasiado”.

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