¿Por qué no pongo un pie en el Fringe Madrid?

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No tengo nada contra el Fringe como concepto. No tengo nada contra su equipo ni contra su programación. Muy al contrario, del Fringe han salido montajes como “Diario de un loco” que me hubiera encantado tener en la sala, y esta semana estrenan compañías como Vaca 35 o Venezia Teatro, proyectos de gran interés para mí. Y siempre que he tratado con el equipo del Teatro Español o las Naves del Matadero, me he encontrado con gente profesional, muy cualificada y de buen trato.

Lo que no me gusta del Fringe, la    razón por la que no quiero ser  “Fringer” (como quieren denominar a  los que participan del evento), son las  condiciones que ofrece: 90% de la taquilla y un mínimo asegurado de 600€. No está mal. Son condiciones mejores de las que podemos ofrecer en muchas de las salas que luchamos día a día por sacar la cabeza. Pero hay una diferencia: En un momento de necesidad extrema de la profesión como sector, cuando las condiciones de trabajo se hacen más complejas y muchas de las compañías operan en términos de autoexplotación o pura supervivencia, el teatro público debería ser un refugio para las compañías y una referencia en el modo de hacer las cosas. Porque para eso pagamos nuestros impuestos: para que me aseguren que al menos en los teatros oficiales, se cumple el Convenio de la Unión de Actores, que las compañías trabajan en condiciones que les permitan asegurar unas condiciones mínimas a sus trabajadores. Punto y aparte merecen la publicidad, donde las compañías se amontonan en listados sin que el público pueda saber quién es quién, o las condiciones de programación, uno o dos días en los que el crítico a veces no tiene tiempo de acercarse o cuando lo tiene, no puede publicar la crítica porque el espectáculo ya no está en cartel. Aún así alardean de haber recibido más de 500 propuestas. Más que del éxito del Festival, es un síntoma de la necesidad del sector de mostrar sus trabajos en las condiciones que sean.

Es cada vez más habitual que los teatros oficiales  creen fórmulas (Fringe, Talent… ) que pretenden copiar al circuito off en un intento de apropiarse de un fenómeno de creación emergente. Que nos copien en la creatividad, en la generación de residencias, en la capacidad para innovar… pero que no nos copien en las condiciones en las que el mercado nos obliga a trabajar.

El Fringe se anuncia como “el Festival más arriesgado de Artes Escénicas y Música”. Que arriesguen en lo que hay que arriesgar: ofreciendo cachés y mejores condiciones. Porque si cuando uno va a trabajar en un teatro municipal le ofrecen ir a taquilla (90%), pagar los soportes publicitarios y parte de los derechos de autor, cuando los privaticen, (si los privatizan) ¿qué más nos van a quitar?.

Fuente: Blog de www.elsoldeyork.com 19 julio, 2014

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