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R.A.

Actriz mítica, mujer libre, hija de leyendas y leyenda ella misma, Amparo Rivelles fue objeto de un caluroso homenaje en el Instituto Cervantes, donde estuvo rodeada de toda su familia y de los compañeros, esa otra gran familia del teatro y el cine. “Ha sido el día más feliz de mi vida desde hace muchos años”, dijo con agradecimiento.

Estuvieron desde Núria Espert a María Dolores Pradera, pasando por Raphael y Natalia Figueroa o Lina Morgan y Julia Gutiérrez Caba; los familiares, desde Luis Merlo a Amparo Larrañaga pasando por los “políticos” como María Luisa Merlo o Maribel Verdú, y los colegas, desde Aitana Sánchez Gijón a José Luis García Sánchez o Nati Mistral.

“Las he pasado canutas pero esto me compensa”, señalaba, vestida con un sobrio pantalón oscuro y una camisa de seda de color crudo, y delgada como no ha estado nunca. “Soy la actriz que más hambre ha pasado pero porque no comía, porque estaba muy gorda. Ahora como y estoy delgada. Será para irme acostumbrándome al esqueleto, que ya me queda poco”, bromeaba ante una nueva explosión de carcajadas del público.

Biografía

Hija de los actores Rafael Rivelles y María Fernanda Ladrón de Guevara, es medio hermana de Carlos Larrañaga y tía de Amparo Larrañaga y Luis Merlo. Entra en la compañía teatral de su madre y con tan sólo quince años aparece en su primera película. En la década de 1940 firma un contrato en exclusiva con la productora Cifesa, interpretando papeles protagonistas en Alma de Dios, de Ignacio F. Iquino; Malvaloca, de Luis Marquina; Eloísa está debajo de un almendro, El Clavo y La fe, de Rafael Gil; Eugenia de Montijo, de José López Rubio, o Alba de América, de Juan de Orduña, que la conducen rápidamente al éxito y el reconocimiento.

Trabaja a la vez en teatro, donde en 1947 representa A puerta cerrada, de Jean-Paul Sartre, con dirección de Luis Escobar y junto a Lola Membrives y Guillermo Marín.

Rueda a las órdenes de Orson Welles en la versión española de Mister Arkadin (1955) y de Tulio Demicheli en La herida luminosa (1956).

Vive durante veinte años en México, donde hace teatro y rueda películas y telenovelas. A su regreso es considerada una de las actrices más prestigiosas del panorama español. Pese a potenciar su carrera teatral, en 1986 consigue el primer Premio Goya a la Mejor actriz por la película Hay que deshacer la casa, que rueda José Luis García Sánchez a partir de la obra de Sebastián Junyent, que ya había representado Amparo en múltiples escenarios. Con Esquilache (1989), de Josefina Molina, obtiene una segunda nominación, esta vez como Actriz de Reparto.

Para televisión destaca su trabajo en las adaptaciones de dos clásicos literarios: Los gozos y las sombras (1982), con Eusebio Poncela, Charo López y Carlos Larrañaga en los demás roles principales, y La Regenta (1995), de Fernando Méndez-Leite.

En 1996 recibe el Premio Nacional de Teatro. En 2001 recibe por votación popular el IX Premio Nacional de Teatro Pepe Isbert, que concede por votación la Asociación de Amigos de los Teatros de España (AMITE). También ha sido nombrada Doctora Honoris Causa por la Universidad Politécnica de Valencia, siendo la primera actriz en recibir tal honor. A pesar de no haber vivido nunca en Valencia se siente muy vinculada a esta ciudad, de la que es hija adoptiva, ya que en ella están sus orígenes.

Con el teatro como eje de su actividad profesional reciente, en 2004 anunció que la representación de La brisa de la vida, que encabezaba junto a Núria Espert, podría ser su última función, aunque también afirmó: “Si encuentro algo que me ilusione, que me apetezca mucho, lo haré, pero si no, ésta puede ser una preciosa despedida”. Dijo adiós al teatro en enero de 2006 tras una representación de La duda en Santander, ciudad de su debut en escena.

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