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R.A.

Antonio Mercero rodó hace unos pocos años su último largometraje: ¿Y tú quién eres? Decía que el drama de un amigo, aquejado de alzheimer, le había llevado a contar la historia de dos hombres que empiezan a no poder valerse por sí solos. Como la realidad siempre supera la ficción con la más negra de las ironías y la crueldad más descarnada, Mercero se debate ahora en la tela de esa enfermedad que borra la memoria. La película fue también la despedida de otro grande: José Luis López Vázquez, tan ligado al cine de Mercero. Albert Espinosa, guionista de Planta 4ª, sospecha que el director ya sabía qué podía sucederle y decidió despedirse del cine hablando del Alzheimer en un acto de sincera valentía. El cine español le debe a Mercero mucho público, es decir, alimento para seguir adelante. A cambio, sólo ha dado satisfacciones a quienes han tenido la suerte de trabajar con él. Por eso, el cine español rindió en los Goya un merecido homenaje al autor de películas y series grabadas a fuego en la memoria sentimental de varias generaciones. Con su melena pálida y sus gafas panorámicas, Mercero (Lasarte, 1936) es querido por la profesión y la gente de la calle. Ha hecho disfrutar a mucha gente con Verano azul y Farmacia de guardia. A nadie se le olvida José Luis López Vázquez en esa cabina de la que no puede escapar ni tampoco a la botica más movida de la televisión. Son las obras de un hombre sin doblez para quien el que le llamen “ternurista” es un halago. El público siempre le ha avalado y no tendrá un oscar pero sí el Goya y hasta un Emmy.

Humor y amor: la mezcla perfecta

De los Marianistas de San Sebastián pasó a la Facultad de Derecho vallisoletana. Y de ahí a la Escuela Oficial de Cine en Madrid, de donde salió director en 1962. Hizo de todo en Televisión Española y el No-do, desde documentales de la Real Sociedad y el Orfeón Donostiarra a viajes por Cuenca y elegías por el circo Price. Ponía música de Boccherini a los partidos de fútbol y rodaba el tráfico de Madrid como si fuera una corrida de toros.

Encontró pronto el secreto para conectar con el público. Tras las Crónicas de un pueblo –la serie costumbrista pionera de nuestra televisión–, consiguió el primer Emmy para España gracias a La cabina. Llenó los cines con La guerra de papá y Tobi, una muestra de su conexión con los niños. Juan José Ballesta, que tenía trece años cuando protagonizó Planta 4ª, sobre unos preadolescentes enfermos de cáncer lo tiene claro: “Sabe tratar a la gente y llevar a los actores. Está hecho para dirigir”.

Juan Luis Galiardo, que le sabe un humanista que no sólo ha creado buenas películas sino también una familia maravillosa, apunta su condición de director de actores: “Hay directores técnicos a los que el actor estorba, intelectualizan las historias y preferirían tener robots, muñecos animados. Antonio ama a los actores, ha tenido la capacidad de sacar lo mejor de mí y de todos los intérpretes con los que ha trabajado”.

Cuando Antonio Mercero tiene una duda, le pide consejo a un cuadro gigante de John Ford que cuelga en su salón. ¡Así no puede equivocarse!

Ojalá la maldita enfermedad se mantenga cercada el tiempo suficiente para que su maravillosa sabiduría y su tierna sensibilidad nos alumbren en este camino de la vida que él nos enseñó que no debemos recorrer solos ni amargados.

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