Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedIn

Amaya Noain Sánchez

En la gala se dedicó un emotivo homenaje a Antonio Mercero y Almodóvar se reconcilió con la Academia


Foto de familia de los premiados en la XXIV edición.

Luis Tosar también se llevó un “cabezón” por su
papel de “Malamadre” en Celda 211.


Lola Dueñas ganó el Goya a la mejor actriz por su
interpretación en Yo, también.


La gran sorpresa de la noche llegó con Pedro
Almodóvar, que presentó el Goya a la mejor
película.

En la XXIV edición de la gran noche del cine español, Celda 211 de Daniel Monzón cumplió con las expectativas y se convirtió en la película ganadora de un espectáculo magistralmente presentado por Andreu Buenafuente. Pero este 14 de febrero sí nos reservaba sorpresas. San Valentín cumplió su cometido con creces y convirtió la ceremonia en una historia de amor: la de la reconciliación de Almodóvar con la Academia.

Celda 211, el filme carcelario en el que Luis Tosar encarna el papel de “Malamadre”, consiguió ocho galardones de los dieciséis a los que optaba. Además de mejor película 2009 y mejor director para Daniel Monzón, la favorita de esta edición obtuvo el reconocimiento para casi todos los trabajos de sus actores: Luis Tosar (mejor actor), Alberto Ammann (revelación) y Marta Etura (reparto) así como mejor guión adaptado, mejor montaje y mejor sonido. Monzón dio las gracias a todos los espectadores que han ido a ver Celda 211, una de esas películas hechas para que “conecten con la gente”.

Los galardones de la parte técnica y al mejor guión original fueron para Ágora de Alejandro Amenábar, que subió al escenario para recoger este último premio, un trabajo a medias junto a su habitual Mateo Gil. La producción, ambientada en la Alejandría del siglo IV, reunió un total de siete Goyas de los trece a los que optaba, entre otros, mejor fotografía obra de Xavi Jiménez, mejor dirección artística a cargo de Guy Hendrix Dyas, mejor vestuario de Gabriela Pescucci y mejor dirección de producción a José Luis Escolar.

El Goya a la mejor actriz fue para Lola Dueñas por Yo, también, el “papel de su vida”, según la propia actriz, y con el que consiguió arrebatarles la estatuilla a la internacional Penélope Cruz (Los abrazos rotos), Maribel Verdú (Tetro) y Rachel Weisz (Ágora). La película consiguió igualmente el premio a canción original, para Guille Milkyway. Raúl Arévalo, que competía con Carlos Bardem, Antonio Resines y el argentino Ricardo Darín, obtuvo el Goya a la mejor interpretación masculina de reparto, el único de los ocho premios a los que optaba Gordos. Otra de las favoritas, la cinta de Argentina en los Oscar este año El secreto de sus ojos, de Juan José Campanella, que también competía por ocho premios, se llevó dos: mejor película hispanoamericana y mejor actriz revelación para Soledad Villaamil, ausente en la gala. Fernando Trueba, que optaba a nueve premios con El baile de la victoria, no se llevó ninguno.

En la categoría de mejor música original, el compositor Alberto Iglesias se hizo con su séptimo Goya por su trabajo en Los abrazos rotos, de Pedro Almodóvar, nominada a cinco estatuillas. La taquillera cinta española Planet 51, de Jorge Blanco y con guión de Joe Stillman (Shrek) se alzó como mejor película de animación. En el apartado de cortometrajes los premios fueron para la animación La dama y la muerte, de Javier Recio la nominada al Oscar este año y producida por Banderas; el documental David Muñoz de Flores de Ruanda, y Dime que yo, de Mateo Gil, en ficción. El Goya a la mejor película europea fue para Slumdog Millonaire, de Danny Boyle.

Antonio Mercero, Goya de honor

Aunque no faltó un merecido homenaje a los desaparecidos en 2009, personalidades como José Luis López Vázquez, Fernando Delgado, Mari Carrillo, Lola Lemos, Carmen Lozano o Tedy Villalba, entre otros, el momento más emotivo de la noche tuvo como protagonista ausente a un imprescindible de nuestro cine: Antonio Mercero. Aquejado de alzheimer, el director no pudo asistir a la ceremonia aunque, días antes, De la Iglesia se trasladó a su domicilio para hacerle entrega del premio. Durante la gala se proyectó un vídeo en el que el director de La cabina, Verano azul, Crónicas de un pueblo o Turno de oficio, entre otros muchos títulos, daba las gracias por un Goya que le hacía “muy, muy feliz”. Sus hijos, los también cineastas Ignacio y Antonio Mercero, que sí estuvieron en la gala, agradecieron el premio. “Lo único bueno que tiene el alzheimer –afirmaron– es que puedes ver quinientas veces Cantando bajo la lluvia (la película favorita de su padre) como si fuera la primera vez”.

Almodóvar vuelve a la Academia

Como las buenas películas, la gala contó con un guión redondo de principio a fin, numerosas sorpresas y novedades (por primera vez una persona ajena al mundo del cine presentó un Goya) y cambios de ritmo hasta llegar al momento del clímax: la vuelta de Almodóvar. El manchego emocionó a todos al aparecer por sorpresa al final de la gala para entregar el Goya a la mejor película. Tras años de distancia, nadie se lo esperaba pero Almodóvar se reconcilió con la Academia gracias a la insistencia de Álex de la Iglesia (“tenéis un director muy pesado” dijo) que unos días antes de la ceremonia le convenció para seguir la senda de baldosas amarillas que lleva a la alfombra verde.

Como aliño de esta acertada ceremonia no faltaron los efectos especiales: al principio de la gala una cascada de agua empapó a Buenafuente y parte del escenario con una ilusión óptica concebida por la oscarizada compañía española Next Limit Technologies, artífice, entre otras, de la lava de El señor de los anillos. Pero fue a mitad de la ceremonia cuando el showman tuvo que verse las caras con el dibujo animado Pocoyo quien, muy su a pesar, ganó por votos en la web ser el presentador de la gala.

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedIn