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R.A.

Realizador, guionista, productor, actor, montador, director de fotografía y músico, Jesús Franco abandonó la Filosofía y el Derecho para dedicarse a su gran pasión, el cine, entre las ciudades de París y Madrid.

Jesús Franco recibió el Goya honorífico
en la pasada edición de los Premios
Goya.

Jesús Franco, También conocido por sus seudónimos Jess Franco, Clifford Brown, James P. Jonson o Jess Frank es un verdadero hombre de cine que tuvo más suerte fuera que dentro de España, un país muy aficionado al refrán: “Nadie es profeta en su tierra”. Pero esa situación está a punto de cambiar para este cineasta, adorado por su público como verdadero mito viviente.

Ahora, la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas reconoce a Jesús Franco como “un cineasta resistente de personalísima trayectoria”. Así, le ha sido concedido el Goya de Honor 2008 “por su larga, rica y variada filmografía, por su absoluta entrega a su profesión y por convertirse en los últimos años en referente creativo y ejemplo vital para varias generaciones de cineastas y aficionados dentro y fuera de nuestras fronteras”.

Clásico posmoderno

En 1954 comenzó a trabajar delante y detrás de las cámaras y ya en 1959 filmó su ópera prima: Tenemos 18 años, una comedia que reunió a Antonio Giménez Escribano, Antonio Ozores o Luis Peña. Este fue el inicio de una prolífica carrera donde llegó a crear diez películas en un sólo año. En 1973, destacan títulos como Vuelo al infierno, Un capitán de 15 años o Diario íntimo de una ninfómana. Gritos en la noche (1962), con Howard Vernon, sería el primer éxito de un director declarado, junto a Buñuel, “peligroso” por el Vaticano. Después siguieron Miss Muerte (1966), El Conde Drácula (1970) o El castillo de Fu-Manchú (1971) donde trabajó con Klaus Kinski o Christopher Lee, tras el éxito en Berlín de su Necronomicón (1968).

Gran admirador de Orson Welles, con quien colaboró en Campanadas a medianoche y cuyo Don Quijote montó al quedar inacabado por la muerte del director estadounidense, Franco ha frecuentado todos los géneros sin preferir ninguno, aunque ha mostrado predilección por el terror, lo erótico y lo fantástico. Entre pitos anda el juego (1985) o Drácula contra Frankenstein, películas que aunaban estas temáticas son un buen ejemplo de su creativo eclecticismo.

Tras una carrera entre géneros, actores, países y focos, Franco ha recibido con “alegría y como un honor” la noticia de su elección. “Estoy encantado y, como nunca me he creído merecedor de nada, me parece un regalo precioso”, aseguró.

Este reconocimiento oficial llega tras el ciclo que dedicó el pasado verano la Cinemateca Francesa bajo el título “Jess Franco, fragmentos de una filmografía imposible”. Fijar filmografía completa de un director tan prolífico como desorganizado, propenso a dobles y triples versiones, trabajos inacabados y algún que otro título fantasma, parece una tarea imposible, pero la Academia colgará en la Red el fichero razonado de las 188 películas que integran el conjunto de su obra como director. Ha contribuido a la labor José Luis García Sánchez, que lleva años preparando un documental titulado Los blues del tío Jess mientras en la red nacen más y más páginas dedicadas a Franco: el Franconomicón (franconomicon.wordpress.com) es una de las más recientes y ambiciosas.

“Jesús eligió ser El Coyote. Así es inevitable que lo suyo tenga que ver con la marginalidad, el hábil manejo del disfraz, la documentación difusa… Es un niño que ha falsificado todo lo que le ha rodeado”, ha comentado García Sánchez. Franco se hace un retrato más sencillo: “Mi objetivo siempre ha sido entretener al máximo número de gente, divertir al prójimo. No sé si ése es el fundamento del cine, pero, por lo menos, sí lo es de mi cine. Soy un director ligero: un músico de jazz que, en vez de tocar el trombón, hace películas”.

Lo que más le importa es rodar su último trabajo: La cripta de las mujeres malditas donde propone la abolición del relato a lo largo de 150 minutos en los que son las propias actrices quienes construyen y graban la película ante los ojos del espectador, sin visible interferencia del propio Franco. “Después de un disgusto que me dio un productor del Opus Dei, Berlanga me dijo que para hacer cine sólo hacían falta dos cosas: una cámara y libertad. Y ésa es la verdad: que te dejen en paz y te dejen hacer”.

Jesús Franco. Toda una lección de cine bien vivido.

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