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R.A.

La Academia de Cine premió el pasado mes de octubre las ocho décadas que lleva sobre los escenarios María Isbert y la nombró Académica de Honor.

María Isbert recibió la Placa de Académica de
Honor

Durante un multitudinario acto en homenaje a la hija del mítico Pepe Isbert, en la sede de la Academia, la nonagenaria actriz derrochó simpatía y buen humor y agradeció a su familia del cine esta distinción con un: ‘os quiero a todos, no puedo decir más’.

Manuel Alexandre, Álvaro de Luna, Tito Valverde, Pepe Sancho, Silvia Tortosa o Emma Ozores fueron sólo algunos nombres de las decenas de amigos y compañeros de profesión que arroparon hoy a Isbert en este emotivo encuentro, en el que se proyectó un vídeo, rodado por los hijos de la actriz, en el que se hacía un repaso a su trayectoria, y recogía palabras de la propia Isbert.

Una vida en las tablas

Con más de 250 películas a sus espaldas, en la mayoría de ellas trabajó como eterna secundaria, muchas veces dando vida a solteronas, chachas o en el rol de extranjera, y casi siempre en papeles cómicos, demostrando “la chispa de talento” en sus interpretaciones, como destacó su hijo Toni Isbert, quien hizo de maestro de ceremonias. La hija del gran Pepe Isbert lleva ocho décadas “dedicada en cuerpo y alma” a la interpretación. Comenzó de la mano de su padre en películas como La vida empieza a medianoche a la que seguirían Un hombre de negocios, El verdugo, Viridiana, Botón de ancla, Sor intrépida, Recluta con niño, Los ladrones somos gente honrada, El cochecito o El bosque animado.

Todos estos títulos sólo una pequeña muestra de la amplia filmografía de esta actriz, que también ha trabajado en proyectos como Amanece que no es poco, La gran aventura de Mortadelo y Filemón o la última en 2005, Envejece conmigo. Madre de siete hijos, presentes en el acto junto a algunos de sus nietos, María Isbert se dedicó al cine porque su padre también era actor. “Salir y vivir el papel, es lo que hay que hacer”, confesaba, apuntando que “nunca ha quitado un papel a nadie”. “Yo adoro a la gente”, enfatizó Isbert, quien desveló el secreto de su felicidad: “para ser feliz hay que hacer felices a los demás”.

La gran actriz, que recogió de manos de la presidenta de la Academia, Ángeles González-Sinde, la placa que le designa como Académica de Honor, no pudo ocultar su emoción, si bien no dejó de sonreír ni de bromear en todo momento. “Os quiero a todos, no puedo decir más”, señaló ante un auditorio hasta los topes, que se puso en pie y rompió en aplausos y bravos hacia la actriz. “Ahora ya soy muy vieja y lo sigo echando de menos. Lo leo (el teatro) y me aplaudo. Ahora vivo de nuevo otra vez mi vida pero de memoria”.

“Deudor del apellido Isbert”, como puntualizó González-Sinde, el cine español ha contado desde hace ya ochenta años con esta “maestra en el ejercicio de ponerse en la piel de otros”. Entre otros elogios, se escucharon durante este acto los de José Sancho o Álvaro de Luna. “Has tenido amor por esta profesión. Gracias, sobre todo, porque eres una actriz con una gran dignidad”, señaló Luna mientras Alexandre comentó que siempre fue difícil trabajar con ella porque “para no borrarme de su lado, me ponía en un aprieto”.

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