Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedIn

Ian McKellen: “Contar historias es esencial para
el ser humano”

R.A.

© Festival de San Sebastián.

Es Caballero del Imperio Británico y todo un señor. Ian McKellen hizo gala de su gran personalidad, amabilidad y exquisita educación en el encuentro que tuvo con los medios horas antes de recibir el Premio Donostia 2009 de su amigo y admirador José María Pou. Feliz y agradecido por ser el destinatario de este galardón, el único de esta edición, el veterano intérprete británico conquistó a los periodistas, ante los que lució una camiseta con el logo del “Peine del viento” de Chillida. Se quitó el traje del famoso mago de El señor de los anillos y, a su manera, homenajeó y promocionó a la ciudad que acoge el festival, que ya le galardonó con una Concha de Plata por encarnar a James Whale en Dioses y monstruos.

Sin decantarse por ningún personaje “para que el resto no se pongan celosos”, sir Ian McKellen dejó claro que era mucho más que el actor de Shakespeare. Modesto al señalar que su única contribución al cine y al teatro era “interpretar lo mejor posible y ser cada día mejor actor”, este profesional que debutó en el West End londinense con 25 años y se unió a la Royal Shakespeare Company y también al Broadway neoyorkino avisó que su carrera “no se había acabado”, que la idea de estrella “me es ajena”, y que era “un gran fan de Gandalf. Estar asociado a este maravilloso personaje es una suerte, es un hombre bueno amable y valiente, un modelo para todo el mundo”, apostilló.

Más titulares. “Me hice actor para ocultarme, para esconderme, en lugar de para mostrarme, porque soy muy tímido. A los intérpretes se le presta demasiada atención, creo que se nos admira porque, como dijo Shakespeare, ‘la vida es un escenario’. Todos nos pasamos la vida cambiando, disfrazándonos. Hay otros actores que son populares por su atracción sexual, pero no creo que sea mi caso. Esta profesión es muy honorable porque contar historias es esencial para el ser humano”, declaró el que es conocido por sus históricos trabajos en Romeo y Julieta, Macbeth, Hamlet, Ricardo III y Rey Lear.

Acoso en el colegio

Versátil, riguroso, sólido y con gran personalidad, McKellen, de 70 años, salió del armario cuando el Parlamento británico debatía una ley por la que se quería prohibir hasta la mención de la palabra homosexual. “Pensaba que era el único gay. Buscaba imágenes positivas en la literatura y el cine, pero éste sólo reflejaba la ignorancia social y la desaprobación por los homosexuales. Hollywood no ha avanzado socialmente, aunque ahora está empezando a crecer. Yo he participado en varias películas sobre esta temática –Bent y Dioses y monstruos– y ayudó mucho los dos Oscar que dieron al filme Harvey Milk. Pero hay países en los que te pegan un tiro o te ahorcan por ser gay”, declaró este conocido activista de los derechos de los homosexuales.

Llegó al cine tarde, después de sus triunfos en televisión. Pero en los últimos años mantiene una estrecha relación con la gran pantalla, a la que ahora está “al cien por cien” y que le ha dado un reconocimiento mundial gracias a encarnar a Magneto –X-Men– y Gandalf –El señor de los anillos–. “Cine y teatro es lo mismo si la historia se cuenta bien. Lo maravilloso de ver películas en una sala es que lo haces con gente que siente como tú, aunque sea distinta. Somos sociales y queremos estar con gente. Lo que sí tiene el escenario es que el actor tiene el mando, mientras que en el cine el que siempre tiene la última palabra es el director”, matizó.

Sin juzgar nunca los personajes que hace e igual de cómodo en superproducciones que en el cine de autor, aunque confesó que las producciones independientes le gustan más, McKellen quiso ser chef y periodista, pero cuando decidió que podía ser un buen profesional en este oficio fue al teatro, “donde me habían dicho que había gente rara, desviada. Y, gracias a Dios, la había”, ironizó el que se volverá a poner el traje de Gandalf en El Hobbit.

Le gustaría meterse en la piel de una mujer, “pero ya estoy mayor para ser Cleopatra, aunque sí puedo hacer de madre o, como mujer, casarme con Meryl Streep”, bromeó el señor McKellen, que como vivió en propia carne el acoso en el colegio –”recibí palizas de otros chicos por ser raro”–, da conferencias en las escuelas sobre “bullyng”.

José María Pou fue el encargado de entregar el único Premio Donostia de esta edición a este británico que siempre ha sido para el español “un referente” y el actor “que representa el maridaje ideal cine-teatro”. 

 

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedIn