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Antonio Hernández

Decíamos en el número anterior que todos los trabajadores y, por tanto, actores y actrices contratados tienen reconocido legalmente su derecho a la salud en el trabajo. Ese derecho a la salud se convierte en una obligación de quien contrata. Esto significa que debe poner en marcha todas las medidas necesarias para proteger y promover la salud de las personas que tiene a su cargo durante el período que dure dicho contrato. No es algo exclusivo de actores, sino que es aplicable a toda persona que se contrate para dicha producción.

Lo anterior parece sencillo, pero en realidad no lo es, pues ¿hasta dónde debe llegar esa protección y promoción? Para marcar estos límites lo primero que se tiene que hacer es evaluar los riesgos que va a haber en la producción que se está montando. Aspecto que se debería tener en cuenta en el origen de la actividad para que fuera una producción realmente saludable, en la que la probabilidad de cualquier accidente de trabajo (por ejemplo, una caída de alguien subido a un andamio desde donde recitará ese monólogo que conmoverá a los espectadores) o de enfermedad profesional se redujese o tendiese a cero. En esto siempre hay que fijarse en los mejores. Espectáculos como los que trae Cirque du Soleil no desmerecen ni en espectacularidad ni en calidad, aunque es posible ver las medidas de seguridad que se ponen para, por ejemplo, evitar caídas de los artistas del alambre. La cuerda del arnés que sujeta al artista siempre se ve colgando como muy acertadamente señalaba el crítico Haro Tecglen, pues el único riesgo que se debe correr es el artístico. Otras veces, las incluyen con imaginación en el conjunto dando la impresión, a ojos del público y personas no avisadas, de que son un elemento decorativo más que subraya o potencia el elemento estético y lo que quieren contar o transmitir.

Por tanto, hay dos conceptos que como trabajador asalariado todo actor debería conocer: el primero es el de factor de riesgo, se entiende como tal cualquier condición del trabajo para el que ha sido contratado con posibilidad de impactar en su salud; el segundo es el de evaluación del riesgo, es decir, el proceso por el que se identifican las condiciones de trabajo que pueden dañar la salud y la probabilidad de que produzcan esa lesión. En dichas evaluaciones de riesgos se incluye un apartado que identifica medidas para reducir o evitar la probabilidad del daño a la salud si el riesgo se acaba, por desgracia, produciendo.

Por tanto, la evaluación de riesgos, que incluye los riesgos para la salud en el trabajo y las medidas que adoptará la empresa y que también deben seguir los trabajadores para que no haya daños, es un documento clave para que se eviten accidentes de trabajo y enfermedades profesionales. De ahí que el empresario deba hacer una evaluación al inicio de los trabajos e informar de su resultado a la plantilla a través de sus representantes legales, cuando los haya, o directamente, cuando no haya dichos representantes legales.

Esta información debe ser más específica para cada persona, en función del puesto de trabajo que ocupe. Es decir, no se puede dar la misma información si se va a hacer un trabajo en un estudio, que si el trabajo va a ser en exteriores. Igual que no se puede dar la misma información a aquéllos que van a participar en un típico montaje de La Fura del Baus que a los que participasen en un montaje dirigido por Bob Wilson. No es que por sus características en uno haya riesgos y en el otro no. Los riesgos son distintos. En los trabajos de los primeros suele haber actividad física y no son pocos en los que hay manipulación de cargas, a veces en situaciones de baja iluminación y rodeados por los propios espectadores que dificultan el movimiento. Mientras que en los montajes del segundo, el estatismo o fragmentación del movimiento, es decir, el propio trabajo actoral que exige el montaje, condiciona posturas mantenidas y un trabajo muscular para el que hay que preparase. Trabajos, en estos casos, que se repiten todas las tardes-noches que el espectáculo esté en escena.

Por tanto, la mejor manera de proteger la salud en el trabajo es tener información de los riesgos y de las medidas para evitarlos o eliminarlos. Si se desconocen las posibilidades de que se produzcan daños para la salud debidos al trabajo, aumentan de forma importante. Ser informado es un derecho, informarse es una obligación. El empresario debe proporcionar dicha información, y si no lo hace hay que solicitársela, pues el único riesgo que se debería asumir como actores es el riesgo artístico para hacer y ofrecer buenos espectáculos.

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