Prevención de riesgos laborales (PRL): Psicosis en tiempos modernos

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miedo2No, no es este un artículo sobre las psicosis de actores y actrices. Tampoco es un artículo sobre la popular película de Hitchcock. Psicosis y paranoia es lo que hay en el terreno de prevención de riesgos laborales en España alrededor de los factores de riesgo psicosocial. Esos factores que dependen de lo humano. De cómo sea cada uno de nosotros y lo ejerzamos en el trabajo. Y lo humano, lo verdaderamente humano, en nuestra sociedad da miedo, produce rechazo o se intenta falsear. Más de un espectáculo ha comprobado en taquilla como lo humano no gusta, se rechaza, mientras a su lado el simulacro de lo humano triunfa, llena plateas, vende entradas, dvds y todo el merchandasing asociado.
La mejor manera de perderle el miedo es conocer qué son los factores psicosociales. De una manera sencilla podría decirse que son los factores del trabajo que nos afectan anímicamente de forma prolongada de tal manera que nos hacen sufrir, pasarlo mal, incluso pueden hacernos enfermar si ese estado anímico es mantenido en el tiempo. Ejemplo, Tiempos Modernos y su protagonista en una cadena de montaje. Donde un factor relacionado con la organización del trabajo, la presión de tiempos en el que tenía que dar respuesta a los “inputs” que le llegaban, parecían que podrían llegar a desquiciarlo. Claro que hablamos de Chaplin y tenía recursos propios para lograr que afectase lo menos posible a él y a sus espectadores.

Herramientas

Alrededor de todo esto se ha montado una construcción teórica que no conduce al control de los factores de riesgo psicosocial ni a que sus consecuencias disminuyan. Las discusiones entre las distintas partes se centran en qué herramientas se van a usar para objetivarlos, implantando complejos métodos académicos ya superados y poco ágiles a la hora de tomar decisiones para proteger lo humano. Herramientas que fácilmente llevan a la conflictividad confundiendo tanto a los trabajadores como a los empresarios, a los técnicos que hacen la evaluación y a las administraciones que vigilan que todo se cumpla de acuerdo a la ley. Y todo ello ocurre incluso con la mejor de las intenciones por parte de todos los que tienen voz y voto, empresarios y trabajadores, como de los que simplemente asesoran, los servicios de prevención, o controlan, la inspección de trabajo.

Lo más aconsejable es acordar una herramienta de screening que permita identificar qué no está funcionando y tomar acciones a nivel colectivo y a nivel individual.

Si se quiere que esto deje de ser una película que pone los pelos de punta a todos los que participan en ella, hay que tener claro que, en cualquier producción, hay personas. Y fomentar la comunicación, facilitar la información sobre el trabajo (algo que va más allá de la simple transparencia), fijar las expectativas (qué voy hacer, cómo y cuándo lo voy hacer, de qué voy a disponer para hacerlo y cuál va a ser la retribución), cumplir los compromisos e involucrar en el desarrollo de ese trabajo a quién lo hace. Y, también, conocer a las personas que se contratan para ese trabajo, a las que según el grado de madurez y circunstancias personales será necesario desarrollarlas u ofrecerles asistencia emocional.

Si se tiene en cuenta todo lo anterior, la discusión sobre el método de evaluación o cuestionario a pasar, lugar donde se encallan todas las negociaciones, es baldía. Lo importante es tener una herramienta sencilla que de resultados rápidos y fáciles de interpretar, que se pueda pasar con cierta frecuencia ya que el clima emocional de cualquier organización y el estado anímico de una persona no son estables, cambia, como lo puede hacer el clima. Lo más aconsejable es acordar una herramienta de screening que permita identificar qué no está funcionando y tomar acciones a nivel colectivo y a nivel individual. Pues mientras se discute el qué y el cómo se olvida que puede haber gente sufriendo, gente que si no se actúa rápido se puede perder o quedar dañada. Algo que se puede prevenir y evitar. Algo que es innecesario. Y eso siempre significa perder el talento humano que la producción quiso y fue capaz de atraer. Un mal negocio a corto y a largo plazo para los que forman parte del show business y piensan que el espectáculo debe continuar. De nuevo son las grandes empresas globales del espectáculo las que dan la clave. Con millones de espectadores allí donde estrenan y una rentabilidad a prueba de crisis financieras, son las que estudian con asiduidad el “clima” emocional en el que se desenvuelven sus trabajadores, pues saben donde se encuentra lo que les da valor como empresa en este sector y no quieren, ni pueden permitirse, el perderlo.

Autor: Antonio Hernández Nieto

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