Prevención de Riesgos Laborales: Una mente preventiva mira a un actor de pie en un sillón

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedIn

prevención_576x341En la actualidad están de gira dos espectáculos que incluyen un sillón de orejas y un sillón de barbero como piezas claves de su escenografía y de su propuesta teatral. Los espectáculos son 30/40 Livingstone, de Jorge Picó y Sergi López, y El divorcio de Fígaro, de la Compañía Rojo y Negro. En ambos, el sillón es un elemento móvil sobre el que han de subirse los actores. No sentarse, que también, sino que se ponen de pie. A veces, apoyándose en los dos brazos de los mismos, sobre los que saltan. Es como si asistiera al número acrobático de un espectáculo circense donde ve el riesgo de volar en el trapecio sin red. Ambas obras lo promueven pues se dan un aire de circo. La de 30/40 Livingstone porque está montada como espectáculo de clown de principio a final. Y El divorcio de Fígaro porque el escenario está enmarcado con un círculo de arena y unas cuerdas que dibujan la silueta de una carpa de circo. Se oyen los redobles del más difícil todavía cada vez que se suben al sillón esperando que salgan airosos y que, al menos esta vez, no se caigan.

Si bien es cierto que esos momentos dotan de espectacularidad a ambas propuestas y proporcionan, de alguna manera, expresividad al montaje, una mente preventiva no puede por menos preguntarse ¿es necesario correr ese riesgo? Es decir, ¿es necesario que todas las tardes y noches que se representen estos dos espectáculos compañeros de profesión tengan que subirse al sillón y correr el riesgo de caerse y dañarse? ¿Está el espíritu artístico por delante o por encima de la salud de los compañeros y compañeras? Salud, que hay que recordar, es necesario mantener y, si es posible, mejorar para poder seguir con la vida. La propia vida que incluye, en el caso de actores y actrices, plantarse en un escenario a trabajar, siempre que puedan y quieran. Motivo por el que la protección y promoción de la salud en el trabajo se reconoce y se recoge en la legislación como un derecho que se convierte en una obligación del empresario. Lo que convierte aquello que, tal vez, podría ser considerado un acto aparentemente banal, como subirse a un sillón, en algo que ha de ser tenido en cuenta si pone en riesgo la salud, en este caso porque aumenta la posibilidad de caerse y romperse la crisma o cualquier extremidad. Además, hay que recordar que no están los tiempos para necesitar asistencia sanitaria y estar de baja médica ahora que corren aires de recortes sanitarios tanto en lo público como en los seguros sanitarios privados, que ya no tienen que competir con la cobertura universal que hasta hace bien poco garantizaba el sistema público de salud.


La imposibilidad de eliminar el riesgo

Son sencillas las preguntas que en estos casos hay que plantearse. La primera, ¿es posible eliminar este riesgo? A la vista de las propuestas, parece ser que no. Que los actores tendrán que subirse en el sillón de un salto y erguirse. Así que hay que pasar a la siguiente pregunta, ¿cómo se evita que el sillón se mueva? En el caso de 30/40 Livingstone simplemente se podría fijar a las tablas, claro está, estudiando la mejor manera para acomodarlo a los movimientos que hay en escena. Y en El divorcio de Fígaro esto lo evitan mientras una actriz sujeta el sillón y lo fija (pisando un pedal) mientras que su compañero se pone de pie encima del mismo para que no gire y él pueda decir su discurso de pie y mirando al público. Y, en ambos casos, tapizándolos de materiales que facilitaran la sujeción de los pies y evitaran el resbalón. La tercera y última pregunta es, si falla la medida anterior, ¿cómo se minimizaría el riesgo? Y la respuesta preventiva es sencilla. Primero, contándole al actor qué riesgo hay. Segundo, enseñándole a subirse y también a caer. Ya que existen formas más seguras de subir y caer, y de que el daño no se produzca o que de producirse, sea menor, leve, ligero. Lo importante es que un actor o una actriz sigan subiéndose a las tablas, y al sillón si es necesario, rodando películas, series, cortos, spots publicitarios, haciendo programas de entretenimiento o promos y continuar con su vida, la vida que tienen fuera de los focos. Una vida que no para aunque uno esté parado, desempleado. Pues aunque el sabio de Peter Brook no encuentra ninguna razón para suscribir la frase “el espectáculo debe continuar” (Hilos del tiempo, editorial Siruela 2000), todos tenemos razones para que nuestras vidas continúen.

Antonio Hernández Nieto

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