PRL Prevención de riesgos laborales : Formarse para dar un espectáculo saludable

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Antonio Hernández

Sorprenderá a aquellas personas que por primera vez estén leyendo sobre Prevención de Riesgos Laborales que se le dedique un artículo a la formación. La formación es una de las mejores maneras de evitar accidentes y enfermedades de cualquier tipo. No sólo los relacionados con el trabajo. Esto se entenderá mejor con un ejemplo. Si se aprende a caer bien al suelo a la primera, y en esto las escuelas de arte dramático son claves, las posibilidades de que un actor o actriz haciendo un espectáculo de slapstick se dañe o lesione se reducen, incluso desaparecen.

Lo bueno sería que muchas de estas medidas se enseñasen en las escuelas de arte dramático. De hecho, se hace sin llamarlo Prevención de Riesgos Laborales. Pues… ¿no se enseñan en las buenas escuelas cómo cuidarse la voz para que se llegue con ella bien a un espectáculo cuando éste tiene ciertas demandas vocales y que dichas demandas no la estropeen? Hay que recordar que la voz y el cuerpo son herramientas de trabajo en los profesionales del sector. De mantenerlas sanas, incluso, de mejorar su salud depende de forma importante la posibilidad de tener trabajo.

Formación genérica

Sin embargo, muchas veces la formación que se recibe en las escuelas es genérica, pues se están formando profesionales para que puedan desarrollar cualquiera de los posibles trabajos que hay en el mercado. Lo que establece la legislación española actual es que esta formación en prevención sea específica del trabajo que se está realizando. De nuevo, con un ejemplo se entenderá mejor.

Se estrenó en Madrid, dentro del Festival de Otoño en Primavera, Playing cards 1: Spades (Juego de cartas 1: Picas) de Robert Lepage. Cualquiera que conozca los espectáculos de Lepage sabrá que, con un mínimo número de actores, este dramaturgo y director de escena es capaz de montar una obra con muchos personajes que aparecen, desaparecen y vuelven a aparecer sobre las tablas con asombrosa rapidez. Como es este caso. Pero no sólo eso. Esta vez se añadía la dificultad de ser una obra pensada para espacios circulares estables, estilo circo; de hecho se estrenó en el Circo Price. Por tanto, el espacio escénico en el que se desarrolla la obra está colocado en el centro y rodeado por todos lados de sillas ocupadas por espectadores. En estas circunstancias, Ex-machina, el grupo de Lepage, ha creado un escenario circular elevado de un metro o metro y medio bajo el cual se esconde todo el material escénico, la tramoya, los tramoyistas y los “camerinos”. Y es en ese espacio, con esa altura, en el que los actores y actrices tienen que hacer todos los cambios de vestuario, maquillaje, etc., y son muchos. Altura que viene condicionada para permitir la visión de los espectadores que se encuentran más cerca. Un metro o un metro y medio no es la altura habitual de un adulto, por muy bajo que se sea. A lo que hay que añadir que, entre compañeros, tramoyistas, materiales escénicos y vestuario el espacio que queda debajo del escenario para hacer los cambios tampoco es excesivamente grande. Todo ello condiciona posturas forzadas en los actores y actrices que deben mantener cuando no están en escena. Y movimientos (como desnudarse y vestirse) que se deben hacer rápidamente en poco espacio, cuando hay cambios. Riesgo frecuente, por las características del espectáculo y porque dura tres horas sin descanso, lo que condiciona, las veces y el tiempo que se tienen que hacer dichas posturas forzadas y movimientos en pequeños espacios.

Es cierto que todo lo anterior hace espectacular la propuesta desde el punto de vista del público. Pero tiene sus riesgos para la salud de los que trabajan en el espectáculo, que pasarán tres horas al día durante varios días en un pequeño espacio y haciendo movimientos y adoptando posturas no saludables. Algo que seguramente no aprendieron a evitar en los cursos por los que han pasado antes de intervenir en este juego de cartas, pues no es lo habitual enfrentarse a un espectáculo de estas características. En este caso, los actores, como el resto de profesionales que participan en la producción debajo de esa caja mágica que es el escenario descrito más arriba, necesitan una formación específica a la situación para la que se van a enfrentar y evitar la posibilidad de que esas posturas forzadas o movimientos en espacios reducidos les produzcan daños como dolores de espalda, cuello u hombros, o golpes, cortes, etc.

El proceso es sencillo. Los productores del espectáculo tuvieron que pensar en este riesgo de daño osteomuscular y evaluarlo. Y en función del mismo, planificar medidas realistas para eliminarlo si fuera posible. Cosa que no parece factible, pues el escenario tiene que ser de esa altura y no es factible excavar el suelo. Y al persistir el riesgo, primero informar y luego formar a los actores y actrices para enseñarles cómo moverse o adoptar posturas cuando estuvieran debajo del escenario, en definitiva, cómo hacer su trabajo, para no hacerse daño y así salir a escena “sanos y salvos”, a dar un bueno, bonito y saludable espectáculo.

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