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Enrique Cazorla (dcha.) encargado de los fondos bibliográficos y Juan Jesús Valverde, responsable de la videoteca.

Amaya Noain

La biblioteca lleva el nombre de Narciso Ibáñez Menta, quien donó a su muerte una gran colección de libros teatrales.


Biblioteca y videoteca de la Unión de Actores.


El despacho de la Fundación.

Le conocemos por sus interpretaciones en numerosas películas y series españolas pero, desde hace un año, Enrique Cazorla es también el responsable de la biblioteca de la Unión de Actores, un espacio donde todos los afiliados pueden consultar una cantidad ingente de textos relacionados con el mundo del espectáculo.

La biblioteca cuenta, además, con una videoteca a cargo del actor Juan Jesús Valverde. La extensa cantidad de fondos, donaciones en su mayoría, con los que cuenta esta biblioteca y la falta de espacio han motivado que en el último año se produzca una remodelación. Era necesario definir espacios para separar los fondos bibliográficos de los documentos audiovisuales y también para descartar algunos fondos, tarea ardua, ya que, según Cazorla, ha sido necesario “usar muchas lupas”, puesto que algunos eran documentos de gran interés, pero no guardaban relación directa con el mundo del teatro o del cine.

Variedad temática

Buceando entre los muchos ejemplares que descansan en las estanterías nos topamos con algunos dedicados en exclusiva al teatro: textos, estudios o crítica literaria, entre otros, principalmente en dos formatos: libros y revistas. Entre estas últimas, y sólo por mencionar algunos nombres, encontramos, por ejemplo, la Revista de la Asociación de Directores de Teatro, ADE, y la antigua Primer Acto, repletas de comentarios y textos importantes útiles para el lector.

Esta es, precisamente, la encomiable labor que realiza la biblioteca de la Unión: el cuidado y protección de textos teatrales. Muchos autores acuden en busca de escritos ya descatalogados para realizar sus obras y los encuentran aquí, entre los más de setecientos volúmenes en español, francés, inglés e italiano con los que cuenta la biblioteca.

La curiosidad y la memoria se dan la mano con ejemplares bibliográficos como: Las charlas de café de Ramón y Cajal, posiblemente el libro más antiguo de la biblioteca, además de multitud de guiones cinematográficos y publicaciones básicas como las biografías y autobiografías de personalidades: Antonio Ozores, Adolfo Marsillach o Fernando Fernán Gómez, entre otras muchas.

Sin dejar a un lado este género, Cazorla nos enseña uno de los últimos proyectos editoriales de la Unión al que ya se puede acceder en la biblioteca: treinta y siete biografías, promovidas por AISGE, y coordinadas por Juan Jesús Valverde, que pretenden dar a conocer las experiencias de actores que han dedicado toda su vida a la profesión y tienen mucho que ofrecer a las nuevas generaciones. Entre estas “memorias del soldado de a pie” Cazorla nos indica alguna como la de Paul Naschy, aunque también podemos encontrar la suya propia, escrita “sin la pretensión de ser escritor” sino para poner sus vivencias a disposición de sus compañeros.

Nos hemos centrado en el cine y el teatro, pero la biblioteca no desdeña otras artes tan necesarias y vinculadas como la danza o la música. Así, podemos encontrar multitud de libros sobre ballet para curiosos del baile o biografías, como la de Mozart.

Esta dotación ha sido posible gracias a la donación histórica de particulares, por ejemplo, actores y actrices como Ibáñez Menta y Raúl Fraire, ya fallecidos, que han cedido parte de sus colecciones de libros, así como instituciones entre las que destacan el Centro de Documentación Teatral, que registra todo lo relativo a cada función teatral y las publicaciones exclusivas del Teatro Español, coordinadas por el asesor de dicho centro, Ángel Facio.

Para acceder a la biblioteca es necesario estar afiliado al sindicato de actores y, a partir de ahí, podemos consultar todos estos valiosos documentos mediante una guía. Los préstamos, de quince días, permiten un máximo de cuatro libros con posibilidad de prórroga, aunque, a la vista de la media de libros prestados al mes (entre cuarenta y cincuenta) los afiliados ya conocen este servicio a la perfección.

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