Reportaje : Cine, muerte y memoria: The artist

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José María Ruiz

The Artist
Bartolomeo Pagano.

La sensación de inocencia, aún hoy, perdura cuando las luces se apagan y el proyector lanza su foco de ilusión. Y en inocente niñez asistía a la magia de las imágenes en movimiento sin importarme. ¡Válgame Dios! ¿Cómo vivían las películas cuando no eran proyectadas ni se apreciaba la piel del fotograma con el que se construían los sueños? Esto para la niñez no era relevante. Claro que asistir a los cines de barrio, con programas dobles y películas que pululaban durante cuatro años, deparaba el rayado de las copias, el color virado e innumerables cortes. Chillidos y pitidos atronaban el patio de butacas. Quizá ahí estaba el primer grito insumiso ante las lacerantes heridas sufridas en el alma de la ilusión. Sí, eran heridas visibles para una muerte anunciada.

La memoria va al cine y ve todos esos cines que han muerto para levantar sobre su tumba dinosaurios de frialdad. Si ya no están los cines, que al menos estén las películas. YThe artist viene a rescatar de la muerte el cine y darle su memoria.

La grandeza deThe artist no viene de su mudez en pleno sonoro, ni siquiera del blanco y negro, su mérito es poner sobre la mesa la caligrafía del cine, ese saber construir la puesta en escena y llevarla a cabo con unos planos confeccionados artesanalmente, véase la escena inicial de la película (admito que debe mucho a Cantando bajo la lluvia), para comprobar su minuciosa planificación; el cine a uno y otro lado de la pantalla y proyectándose una película cuya acción requiere un primerísimo primer plano, porque ha de enfatizar una acción concreta, y la profundidad de campo desde el palco del cine para ver la grandiosidad del patio de butacas, el plano general cuando juega con el perro sobre el escenario y el contraplano con la reacción del público.

Hazanavicius, el director de la película, nos ha traído a la memoria el modo de rodar y contar historias del cine clásico, un cine que se hacía para ser visto en cine sin preguntarse cómo se verá esto en televisión. Es más, los movimientos de cámara son suaves y tienen una elegancia digna de admirar. Por elloThe artist viene a ser un grito despavorido ante el cine que se ha dejado de hacer. De ahí que no sea baladí que la última escena de la película de cine mudo que rueda el protagonista sea su muerte en tierras movedizas. Al cisne lo han convertido en patito feo.

El último consuelo del protagonista es ver sus propias películas en el salón de su casa. Es el conservador de su legado cinematográfico, y allí están depositadas en la estantería cual libro de bolsillo, mas es tal el peso de la carga que busca en el nitrato el fuego purificador. La derrota se ha consumado mientras a su corazón aferra una última prueba del esplendor en la hierba.

Fragilidad

Bien dijo Alfonso del Amo (restaurador de la Filmoteca Española) en el acto de presentación de la película Rescatando sombras: cine, memoria y muerte, de Julián Franco Lorenzana: “El cine está desapareciendo entre nuestras manos, no se mantiene solo, no es un libro en una estantería, es extremadamente maleable”. Su fragilidad es tal que llega a convertirse en una masa pegajosa, corroída por dentro, aceitosa y de cenizas líquidas. Es una imagen gore nada edificante. Ese cuerpo de lata se ha quedado sin el corazón de la película y el Mago de Oz no ha obrado el milagro. La muerte es cruel.

El frágil velo con el que están construidos nuestros sueños provoca que deba ser mimado, que su preservación, conservación y restauración requieran un hotel totalmente acondicionado para su bienestar. De ahí que el nitrato requiera un tratamiento y la celulosa otro. De ahí que lo analógico sea un ser vivo que pervive luchando contra la muerte denodadamente, ya que al principio, en aquellos años que narra The artist, se pensaba que las copias de bobina eran imperecederas. Hoy muchos vienen a apostar por el digital como el salvador de tamaño mal, mas no ven que, déjenme ejemplificarlo, este disco de vinilo cuando se raya no hay persona que levante esa aguja para avanzarla y proseguir con la audición, no ven que si el pie no encuentra la horma de su zapato, no podrá echar a andar (es decir, si el soporte no reconoce ese carácter incrustado), no ven que si el virus ataca al ser binario, la migraña se hace insoportable. No ven que en esta discusión sobre si galgos o podencos la herida puede ser mortal.

La película Rescatando sombras… está dedicada a la difusión y promoción de las labores de restauración y conservación del patrimonio cinematográfico. Un documental que analiza el cine de forma integral: como arte, como industria del espectáculo, como vía de formación social, como texto simbólico transmisor de valores e ideas, como lenguaje y su relación con el espectador y como reflejo de las épocas que jalonan la historia del siglo XX. La narración usa la fascinación propia del lenguaje cinematográfico para apelar a las emociones del espectador. Se da a conocer el arte de la recuperación fílmica y reclamar su lugar como protector de la cultura de los dos últimos siglos, que encontraron en el cine la principal forma de expresarse.

Apuntar que se trata de un proyecto producido por la AAFE (Asociación de Amigos de Filmoteca Española) como necesidad de documentar las actividades desarrolladas por la AAFE y cuyo corolario es la Muestra de Cine de Recuperación de Películas: Sombras Recobradas (ya en su octava edición). Así, en la última edición se proyectaron: Cabiria (1914), de Giovanni Pastrone; La guerra e il sogno di Momi (1917), de Segundo de Chomón, o Maciste (1915), de Vincenzo Denizot y Romano Luigi Borguetto, entre otras. ¿Cuáles serán las sorpresas que depare la nueva muestra? Estos ojos aman la vida del cine.

Y, en último término, si las subvenciones para el cine se han reducido, no digo “ná” en el tema de la restauración cinematográfica. El cine como creador de memoria, la memoria como elemento para eludir la muerte, la muerte como mal irremediable. ¡Esperanza! ¡Cine, dame esperanza!

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