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Paseando por el Doré

José María Ruiz


Laura Dern, en Inland Empire.

Isabella Rossellini y David Lynch durante el rodaje
de Terciopelo azul.

El caminar siempre es errante, mas a la hora de vislumbrar el amanecer los pasos derivan a la fuente del querer. Agua pura, cristalina, fresco elixir: Cine Doré (sala de proyección de Filmoteca Española), manantial de celuloide. Nada de intermediación internauta a la hora de adquirir las entradas, he ahí la taquilla donde encontrarás a Pilar y Yolanda que te ofrecerán una localidad mágica.

No me despaches palomitas, regálame silencio; no me extravíes en las multisalas, depárame una tertulia; no me tientes por la moda de mercado, dame personalidad. He aquí el respeto que impone este albergue del séptimo arte (hermandad de culturas). Cine Doré, de palacio de las pipas a diamante de la corona, porque (parafraseando a Víctor Erice) la Filmoteca es la poesía de la literatura.

El preludio enlaza con la escena (“al pie de tu ventana vengo a cantarte”), no hay mejor carta de presentación que un vistazo a su programación (primer trimestre de 2010). Arriba el telón: Cariñoso recuerdo a los amigos que nos dejaron en 2009, con énfasis en López Vázquez donde se proyectaron 15 películas, cuatro entroncaron con el ciclo “La comedia cinematográfica española” (estupendo libro de Álvaro del Amo), añádase la obra de Chaplin, Robert Mulligan, Sally Potter…

Diga usted, señor platero

La filmoteca es arte que ofrece arte en sus ciclos, como el que acogía la obra íntegra del cineasta David Lynch, el cual ha hecho de Los Ángeles escenario y nombre de su cine (Mullholland Drive, una avenida, o Inland Empire, un barrio), creador de universos (“hay diferentes mundos en un mismo lugar”, afirma) desde su obra iniciática: Cabeza borradora, mundo abstracto cuyo feto vomita bilis, existencia gris y asfixiante. La sociedad bien pensante rehuyó esta monstruosidad y se apiadó del monstruo de El hombre elefante sin verse reflejada en la hipocresía. El zarpazo continúa en Terciopelo azul, donde la sociedad luminosa americana esconde cucarachas debajo del mantel, una oscuridad que sigue indagando en Twin Peaks para llegar al paroxismo en Carretera perdida. Este camino desbocado solicita una reflexión en Una historia verdadera, así afirma “es increíble todo lo que puedes ver mientras esperas” y remata con “me encanta ver las tormentas con rayos”, una meditación trascendental que le conduce a la “beatitud”, mas en este punto revisita su primera obra en Mullholland Drive en una espiral mareante para enlazar el final, aparentemente feliz, de Terciopelo azul (Laura Dern en primer plano) con el inicio de Inland Empire para sumergirnos en el yo interior lleno de pesadillas. “Lo siniestro en el reverso luminoso del sueño americano” escribe José Luis Espejo. La película Dune no se proyectó por expreso deseo del director, las cucarachas también se aprecian en esta ausencia.

Lynch llevó el cartel de sesión completa a la vidriera de taquilla para sorpresa de poco avezados al Doré.

Hacer visible lo invisible es una de las facultades que posee Filmoteca, así llega a nuestros ojos el mar refrescante de la cinematografía hongkonesa: Navegas por la obra de Tsui Hark y su magna Érase una vez en China, seis horas en el siglo XIX sobre la incomprensión de las colonias occidentales a la cultura asiática y ello dirimido por la épica kung fu. Zu: Warriors from the magic mountain (1983) es la metáfora de la paz mundial a la hora de doblegar al diablo que induce a la guerra de las banderas (todo ello bajo el pensamiento único), y Shangai blues es un desplegable de comedia loca y musical americano, un juego luminoso.

El novísimo cine de aquellas latitudes concita a Johnnie To y su Sparrow, un antikitano donde unos pickpockets sin clase se pierden en una charada de tintes negros y cómicos, donde sobresale la música de Xavier Jamaux. La negritud salvaje es The moss, de Derek Kwok, un infierno sin salida donde apenas uno sobrevive, un puñetazo al hígado. High noon, de Heiward Mak, retrato casuístico de la juventud marcada por un mundo adulto incomprensible, desesperanza a raudales. True women for sale, de Herman Yau, es la venta del cuerpo, la decrepitud de la caries impostada en el matrimonio de conveniencia. Una radiografía impactante, un cine que abre ojos.

El viaje de Los Ángeles a Hong Kong tendrá una nueva escala en el Festival Imagineindia. Filmoteca viaja y nos regala frutos exóticos, al paladar se le hace la boca agua.

Punto y seguido

No os extrañe que se escapen suspiros de mi escritura, la Filmoteca es amistad y amor al cine, recorrido continuum al aprendizaje cinematográfico. Porque ¡ay! de aquéllos que acuden sólo cuando hay coloquio (Jarmusch, Atom Egoyan, Paco León o Agnès Jaoui) porque se pierden los cinefórums improvisados en el hall (Javier Aguirre, Jos Oliver, José Manuel Marchante en el recuerdo, Mary G. Santa Eulalia –medalla Círculo de Escritores Cinematográficos a su labor periodística). ¡Ay! de aquéllos que miran sin ver.

Cual biblia el programa de Filmoteca es devotamente escrutado para peregrinar a ese monumento de interés arquitectónico y ambiental en el barrio de Antón Martín que proyecta 800 películas al año. Así este 2010 Kurosawa, Truffaut, Don Siegel y Portabella expondrán sus obras. Recuerda que Yolanda y Pilar poseen la llave de entrada al mundo de la ilusión, quizá porque una flor es el comienzo de un capítulo de amor.

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