Diez años de coro de la Unión de Actores

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Aurora Herrero y Almudena Moreno

Es imposible encerrar diez años de vida en unas líneas, pero yo me centraré en los comienzos del coro, ya que, con el director y tres compañeros más que aún permanecemos en él, soy parte de aquellos ochenta actores que iniciamos la andadura en octubre de 1998.

La idea de formar un coro de actores partió de Claudio Pascual, que la propuso a la Unión de Actores. La respuesta a la convocatoria de nuestra asociación fue masiva, y comenzamos los ensayos en el Auditorio de CCOO, donde permanecimos durante dos meses. El primer concierto “oficial” se celebró en junio de ese año en la basílica de San Francisco el Grande, contó con repertorio muy variado (que abarcaba desde canciones del siglo XV hasta gospel, pasando por canciones tradicionales españolas y argentinas) y fue un éxito que atrajo a nuevos integrantes, muchos de los cuales aún pertenecen al coro hoy.

Para que el coro no fuera uno más de los muchos que existían, y puesto que éramos conscientes de la imposibilidad de competir con cantantes profesionales, la idea de Claudio fue aportar algo que otros grupos no tuvieran, y así fuimos incorporando gestos, desplazamientos y pequeñas coreografías que contribuían a interpretar de un modo más expresivo esas canciones. Entre los conciertos de aquella primera etapa, cabe resaltar la Gala de Premios del 2000 –para la cual montamos una coreografía–, los certámenes navideños, conciertos pedagógicos y actuaciones en Televisión Española. El repertorio fue variando, añadiendo cantos de tribus brasileñas, africanas y norteamericanas; llegando en la actualidad a poner el acento en musicales de teatro y cine.

El coro y les Champs-Elysées


París es una hermosa y monumental ciudad cruzada por grandes avenidas delimitadas por enormes edificios de piedra de sillería que mantienen su gris natural gracias a una regular limpieza. Es quizás porque temes que en cualquier momento Napoleón aparezca subido a su hermoso caballo saliendo de una boca calle o tal vez por sus fantásticas farolas que nos devuelven al pasado, con una luz melancólica propia de una vieja obra maestra de Truffaut. Pero lo cierto es que a mí, París, siempre me había provocado una cierta melancolía (asumo, evidentemente, la carga subjetiva).

Todo esto cambió entre los días 17 y 20 de enero, probablemente para siempre. Mi visión de París se iluminó, las vidrieras de la Sainte Chapelle cubrieron de color la ciudad y la banda sonora pasó a ser música coral.

El coro de la Unión de Actores de Madrid fue invitado a París para participar en un encuentro coral en la UNESCO. Tras el subidón inicial, empiezan los problemas de intendencia, fechas, dinero… ¿estaremos a la altura?

Pero, poco a poco y uno a uno, se van arreglando todos los pequeños y no tan pequeños problemas que surgían. Y allí nos encontramos un puñado de actores representando a la Unión de Actores (gracias por todo), a Madrid y a la música coral, llenos de ilusiones y un poco de canguelo (negarlo sería mentir).

Así que nos dispusimos a llenar de color la ciudad de la luz. ¿Armas? Gospel, música africana, musicales y Machado…, y como quedó claro, “lo que nos echen” (disculpad la inmodestia, pero no veo la necesidad).

Tras varias visitas a Nôtre Dame, y digo varias porque cada día fuimos a saludar al jorobado, a las gárgolas y a dar las gracias al Sr. Victor Hugo, visitamos otros sitios emblemáticos que incluso nos sirvieron de sala de conciertos improvisada y publicidad sin comisiones; fantástica la capilla de Saint Pierre de Montmartre…

Al final, llegaron los momentos importantes: el viernes 18 fue el “Concierto de la Amistad” en el Espace Rive Gauche de Muriel. Fantástico y extenso concierto donde compartimos escenario con coros franceses e italianos.

Y el sábado 19, “Le XI Véme Festival Internacional de Chant Choral” (Palais de L´UNESCO), compartiendo escenario con coros de nacionalidades tan diversas como Alemania, Francia, España, Italia y China. Y estilos tan dispares como la música de Udo. Jürgens, Rossini, Mozart, Jules Beaucarne, Bepi de Marzi, J. García Roman, P. Delante, G. Verdi, Henri VIII y Fol. Song of Jiangsu, entre otros. O nuestros R. Sherman (La canción de Baloo) y Maerhofer (Yakanaka Vangueri) con los que muy ilusionados clausuramos finalmente el evento, disfrutamos e hicimos disfrutar a un auditorio muy predispuesto (todo sea dicho).

Gracias a todos los que lo han hecho posible. Y a los coristas, que por causas de fuerza mayor no pudieron venir, solo deciros que se os añoró.


El coro, en el encuentro coral de la UNESCO

En los últimos años el coro de la Unión ha interpretado muchos conciertos, pero de todos ellos, hay dos que ocupan un recuerdo muy especial: el encuentro coral de la UNESCO en París y el concierto por la paz tras el terrible atentado del 11-M en Madrid.

En estos años, el coro se ha reducido en número pero ha aumentado en calidad. Prácticamente, el grueso del coro no varía desde hace cinco años, y aunque hay bajas e incorporaciones, suena mejor y más cohesionado, gracias al trabajo con una profesora de canto –Beatriz Arenas– y a la constancia en los ensayos.

Para acabar, quiero agradecer, a todos los que han formado parte del coro, su trabajo y los buenos ratos pasados juntos. No puedo citarlos a todos, pero me parece necesario destacar la labor de Karmele Aramburu, Raquel Traverso y Magdalena Broto, que con su iniciativa, esfuerzo y gestión han contribuido y contribuyen a que el coro siga adelante. Con su aportación y la de todos, unidas a la iniciativa de la Unión y de AISGE, el coro cumple diez años con perspectivas de futuro.

El concierto por la paz


¿De blanco? ¡Pero yo no tengo nada blanco! ¿Alguien tiene un abrigo blanco? ¿Vale el crema? ¿Los zapatos también? ¡Esto me va a hacer muy gorda! Yo tengo un pañuelo, te lo dejo.
¿El cinturón puede ser negro? “¡Pues yo os traigo para todas”, dijo Perla Cristal. Y así, sin darnos tiempo para respirar, Claudio nos arrastró a las estaciones de Renfe, con más miedo y respeto que otra cosa, sin saber muy bien qué nos íbamos a encontrar, ni qué pintábamos en medio del silencio abrumador que se había instalado en Madrid después de los atentados. Cada uno tenía sus razones para cantar en las tres estaciones, o no. Claudio nos explicó que la fuerza de la música iba a ayudar a transmitir algo positivo dentro de tanto dolor y nosotros mirándole con incredulidad, accedimos. ¡Somos muy fáciles!

Empezamos en la estación de Santa Eugenia: ¡Qué frío!. Abrigados hasta las orejas con nuestro nuevo e improvisado uniforme blanco los miembros de Etnopercusión empezaron a tocar los djembés en la estación desierta, mojada y helada.

El frío que teníamos no solo era el de fuera. Las pocas personas que había apenas se paraban a escucharnos.

Al abrirse las puertas de los trenes oíamos el silencio atronador dentro de los vagones y veíamos las caras tensas, con miradas vacías llenas de incomprensión que se iluminaban ligeramente al oír la música. Se nos oyó poco y menos mal, porque el frío, los nervios y los sentimientos apenas nos dejaban sacar la voz.

A los pocos días fuimos a la estación de El Pozo. con las ideas mas claras, o no, pero sí con muchas más ganas, tomamos posiciones en la escalera rodeados de recuerdos, flores, cartas, velas, expresiones de amor y dolor que nos envolvieron en una atmósfera que convirtió ese concierto en el más emotivo de todos. Gracias a que la escalera era estrecha nos pudimos apoyar unos en otros e incluso cogernos de las manos, mas que otra cosa para lograr mantenernos en pie y conseguir que saliera la voz llena de nuestro cariño, tragándonos el dolor que bastante había ya afuera. La gente se iba parando y… se quedaba; cuando empezamos a ver que se movían al ritmo de la música, que sonreían al aplaudir aún llorando, nos dio fuerzas para seguir. Por fin comenzábamos a comprender qué hacíamos allí.

Y llegó la estación de Atocha… el frío de Santa Eugenia, la intimidad con las víctimas de El Pozo se convirtieron en un acto mediático que se salía de nuestras primeras intenciones, pero al cual nos sumamos con igual entusiasmo. ¡Somos tan fáciles! Con el apoyo de otros compañeros de la Unión y el de mucha más gente que se arremolinó a nuestro alrededor hicimos un concierto lleno de fuerza y esperanza.

Este viaje que comenzamos para aliviar el dolor, se convirtió a su vez en un punto de inflexión para este coro… y no solo por el uniforme blanco.


Concierto del coro de la Unión en la estación de El Pozo
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