Reportaje : El Plan General del Teatro: la voz de los profesionales

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Víctor Fernández

El 20 de mayo pasado se presentó en Madrid, en el marco incomparable del María Guerrero, el Plan General del Teatro. Se trata del fruto de más de seis años de trabajo y de una veintena de reuniones calificadas de ‘nada fáciles’ por sus propios organizadores.

El texto final presentado, al que han precedido hasta trece borradores, es el resultado de un “esfuerzo de consenso” del sector de las Artes Escénicas, representado a través de sus asociaciones, coordinadoras y federaciones sindicales, que lo suscriben. Más concretamente, han participado en su elaboración la Asociación Cultural Red Española de Teatros, Auditorios y Circuitos de Titularidad Pública, la Asociación de Autores de Teatro, la Coordinadora de Ferias de Artes Escénicas del Estado Español, la Coordinadora Estatal de Salas Alternativas, la Federación de Artistas del Estado Español, la Federación Estatal de Asociaciones de Empresas de Teatro y Danza y la Organización de Sindicatos de Actores y Actrices del Estado Español.

Los representantes del sector de actores
en el Plan General, Hermán Bonín de
OSAAEE, y Jorge Bosso de FAEE.

El Plan presenta una serie de propuestas y soluciones dirigidas a atajar los problemas, muchos de ellos hasta ahora percibidos como endémicos, que afectan al sector teatral. Además, el Plan pretende establecer un nuevo marco general de las Artes Escénicas, más dinámico y moderno, el cual pueda responder de manera eficaz y ­contundente a las necesidades actuales del sector.

Para todo ello, el Plan baraja una serie de cifras e indicadores del impacto y rendimiento de la actividad teatral, extraídos en gran medida de los datos de la SGAE y que contribuyen a desmontar algunos apriorismos frecuentes. Por ejemplo, se muestra que el volumen de representaciones, espectadores y taquilla, lejos de decaer, se ha incrementado en los últimos años: concretamente, el número de espectadores creció en un 39,2% en el período 2001-2005, mientras el porcentaje de recaudación experimentó una fulgurante subida del 99,9% en el mismo periodo. De acuerdo con estimaciones del propio sector, la cifra anual de negocio supera los 160 millones de euros y la actividad teatral emplea a más de 8.000 trabajadores de forma permanente. Solamente a través del IVA, el Teatro contribuye con más de diez millones de euros anuales a las arcas del Estado.

Más allá de las cifras, todos estos datos evidencian la necesidad de disponer de un marco jurídico y económico apropiado, en el que las asociaciones profesionales de las Artes Escénicas estén llamadas a ejercer una función de control y a velar por el correcto cumplimiento del mismo, “fomentando un adecuado y eficaz clima de autorregulación”.

El Plan General del Teatro viene a sumarse, como resultado de consenso del sector teatral, a iniciativas que se han desarrollado paralelamente durante estos años como las “Bases para un Proyecto de Ley del Teatro” (2006) formuladas por la Asociación de Directores de Escena, (ADE), con la colaboración jurídica de AISGE. Sin embargo, a diferencia de estas bases, el Plan no se presenta como un proyecto de ley con carácter vinculante, sino como un “plan general” que aspira a contar con el mayor número posible de apoyos en el sector y a indicar a las administraciones públicas las pautas de una profunda reforma de las Artes Escénicas, desde la legitimidad dada por la experiencia y la responsabilidad de sus propios profesionales.

Servicio público

El Plan parte de la premisa fundamental de que el Teatro, desde el punto de vista de la teoría económica, puede ser considerado como un “servicio cultural público”. Es público, entre otros motivos, en aras del “interés general de las necesidades sociales que cubre”, por sus propias características, y por la necesidad de corregir un desequilibrio existente entre la oferta y la demanda a fin de alcanzar el beneficio social pertinente.

Todas las iniciativas empresariales son legítimas: públicas, privadas o mixtas. En un nuevo marco jurídico, las Administraciones deberán contribuir a su promoción, viabilidad y financiación en los supuestos que se contemplen. Para ello, el Plan propone la creación de una Comisión Coordinadora del Teatro, compuesta por ­representantes de las asociaciones profesionales dedicadas a labores de control y ajuste en colaboración con los tres niveles de Administración (central, autonómica y municipal), que deberán a su vez potenciar la coordinación entre ellos.

Propuestas

El Plan General del Teatro aspira a englobar a todos los colectivos de profesionales de las Artes Escénicas (artistas, técnicos, empresarios…), a la par que muestra una especial sensibilidad por las manifestaciones teatrales generalmente más desfavorecidas, como el teatro callejero, la creación alternativa, el TPN (teatro para niños y jóvenes) o el teatro no profesional. En grandes líneas, se propone fomentar la creación, la formación y la promoción, así como reformar el marco jurídico actual y redefinir las ayudas económicas con el fin de equilibrar la producción en clave de mayor paridad y mejor rendimiento.

En lo que se refiere a los teatros públicos, se plantea potenciar su condición de centros culturales de referencia mediante un nuevo sistema de nombramiento de su dirección. Ésta habrá de ser encomendada mediante un “contrato-programa” sólo a aquellos proyectos que presenten “objetivos de política cultural y teatral claramente definidos, difundidos públicamente” y un equipo de gestión con garantías de estabilidad. Un criterio relevante a la hora de designar la dirección de un teatro de titularidad pública será la mayor presencia de autores españoles vivos en la programación prevista. También se insta a definir criterios para la coproducción con otros centros, públicos o privados.

Para las iniciativas privadas o mixtas, se reclaman medidas específicas en función del tamaño de las empresas y una mayor coordinación que permita superar la situación actual de profundo desajuste entre la producción y la distribución. Entre las ideas que se apuntan para ello se encuentran combinar la “discriminación positiva” de las Comunidades Autónomas hacia espectáculos interiores con la distribución de espectáculos del resto del Estado, mejorar los espacios teatrales, potenciar la función coordinadora del INAEM, consolidar las ferias y festivales, e impulsar la presencia en los mercados exteriores en colaboración con el Instituto Cervantes.

A propósito de la creación alternativa, el teatro de calle, el teatro no profesional y el TPN, se reivindica, en primer lugar, el debido reconocimiento de éstos en razón de su importante labor de dinamización cultural. Además, se solicitan medidas concretas para su fomento: ayudas económicas, locales, promoción y, lo que es quizás más significativo, la completa inserción del TPN y del teatro no profesional en el sistema educativo. En este último sentido, se plantea la convocatoria de una mesa de trabajo tripartita entre responsables del ámbito institucional de la Cultura (INAEM y consejerías de las Comunidades Autónomas) y de la Educación y profesionales del TPN. Se reclama la existencia en el currículum escolar de una asignatura de Teatro con el mismo valor que tienen hoy en día las de Música y Artes Plásticas, y que ésta sea impartida por profesionales de la enseñanza teatral formados en centros especializados como la RESAD o el Institut del Teatre.

Un nuevo marco jurídico

Como se ha mencionado anteriormente, el Plan General del Teatro aspira a reformar el marco jurídico que regula las relaciones entre los profesionales y la Administración. Algunos de los objetivos que se plantean son combatir la precariedad laboral en el sector y reducir las cotas de desempleo permanente, que se sitúan en torno al 60% en el caso de los actores. De este modo, se insta a los poderes públicos a promover la ocupación a través del establecimiento de un acuerdo marco global y de un código de conducta “de obligado cumplimiento”; la promoción de normas concretas en el régimen de Seguridad Social de los profesionales de las Artes Escénicas, el desarrollo de un convenio laboral único para los técnicos del espectáculo, la creación de fondos de ayuda al empleo y a la formación en el INEM, etc.

La precariedad laboral en el sector es también la causa de una insuficiente formación artística entre los profesionales de las Artes Escénicas, quienes tienen que trabajar en la mayor parte de los casos en calidad de autónomos o intermitentes, asumiendo bajo su responsabilidad su propia educación. Por eso, el Plan aconseja la elaboración por parte del Ministerio de Educación de una Ley Orgánica de Enseñanzas Superiores Artísticas.

Otra medida que se reclama con carácter de urgencia es la aplicación del IVA reducido a las Artes Escénicas, de modo tal que se evite todo riesgo de doble imposición. Además, se estima conveniente la aplicación de un trato fiscal más favorable para las contribuciones derivadas de la actividad teatral.

Fondo de Promoción del Teatro

El Plan denuncia una exigua presencia del Teatro en los medios de comunicación. Para paliar esta circunstancia, propone el establecimiento de un contrato-programa entre el INAEM y las televisiones públicas (RTVE y las autonómicas) para la difusión de las Artes Escénicas. Igualmente, sugiere la involucración de las cadenas privadas. Además, recomienda que se definan líneas de financiación y de coproducción entre el Teatro y las televisiones. Por otro lado, se pide la creación de una Academia de las Artes Escénicas, análoga a las ya existentes en los sectores del cine y de la televisión.

Otras estrategias de promoción que el Plan bosqueja son la creación de un sistema de recogida de datos sociodemográficos que sirva para indicar los hábitos y las preferencias de los espectadores teatrales a lo largo del año o el desarrollo de nuevos sistemas de abonos transversales, más flexibles.

No obstante, la propuesta más significativa en este sentido (y también uno de los aspectos del Plan más resaltado por los medios de comunicación) es la creación de un Fondo de Promoción del Teatro, capacitado para canalizar la financiación tanto pública como privada destinada a proyectos teatrales específicos, con el respaldo de la Administración. De ese modo, se incentivaría el desarrollo de propuestas que presentaran “una clara voluntad de estabilidad”. Dicho fondo estaría costeado por dos tipos de contribuciones distintas: recursos aportados directamente por la Administración central a través del INAEM o de los ministerios, y recursos dinerarios procedentes de grandes empresas privadas, entidades financieras del sector público y cadenas de televisión.

Acogida favorable

El Plan General del Teatro ha sido apoyado por el Ministerio de Cultura durante todo su proceso de negociación y elaboración; éste se hizo cargo igualmente de su publicación y de su presentación, en noviembre del 2007, a los responsables de Cultura de todas las comunidades autónomas, que lo han acogido con beneplácito. La presentación oficial a los medios de comunicación del 20 de mayo pasado contó, además, con la presencia en el patio de butacas del Director General del INAEM, Juan Carlos Marset.

El Plan, en definitiva, surge en un momento en que el Ministerio de Cultura ha manifestado su voluntad de renovación del sector, impulsando entre otras medidas la elaboración de un Libro Blanco, la creación de una Agencia Estatal de Artes Escénicas y Musicales, y la aplicación de un Código de Buenas Prácticas.

Los proyectos del INAEM

El Ministerio de Cultura, a través del INAEM y de su director general Juan Carlos Marset, ha hecho saber que trabaja en unos cuarenta proyectos para las Artes Escénicas previstos para los próximos cuatro años, los cuales aún están pendientes de presupuestar. Asimismo, espera tener listo
el borrador de una nueva Ley de las Artes Escénicas y la Música para marzo de 2009, para cuya redacción Marset anunció, en mayo pasado, un “otoño caliente” de negociaciones con los sectores a los que dicha ley irá dirigida.

El INAEM pretende ampliar las ayudas públicas destinadas a las Artes Escénicas. Además, se ha comprometido a impulsar la gestión de calidad y el uso de las nuevas tecnologías. Prestará igualmente especial atención a la promoción internacional mediante la creación de una Oficina de Exportación de la Música, del Teatro y de la Danza.

Entre los proyectos que el INAEM baraja, se encuentra también la creación de nuevos espacios especializados de titularidad pública como el Centro Nacional de las Artes Escénicas y de las Músicas Históricas en León, el Centro para la Difusión, el Museo Nacional del Circo en Albacete, el Centro Internacional del Teatro Clásico en Almagro o la Ciudad de las Artes Escénicas y de la Música, sin emplazamiento aún decidido. Ésta última incluiría un Centro Nacional de Documentación e Investigación de las Artes Escénicas y de la Música.

La inmensa mayoría de las propuestas presentadas por el Ministerio encuentran su eco en el Plan General del Teatro, redactado por los profesionales del sector. El INAEM, por su parte, está además a la espera de una profunda transformación, en virtud de la cual se convertirá en “Agencia Estatal de las Artes Escénicas” y descentralizará su acción cultural.

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