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Antonio Castro


Imagen antigua del Teatro Pavón.

Francisca Pavón y Martos presentó al Ayuntamiento de Madrid en 1924 la solicitud de licencia para construir un teatro-cinema sobre un solar de la calle Embajadores, con casi novecientos metros cuadrados de superficie, encargando el proyecto a Anasagasti. Las obras terminaron el 30 de marzo de 1925, dos semanas antes de la anunciada inauguración. Ésta se produjo el 11 de abril de 1925, con la compañía de zarzuela de Pablo Luna y Ramón Peña que interpretó, en primer lugar, El asombro de Damasco. La velada terminó con Don Quintín el amargao. La Familia Real al completo presidió la primera función. En los diez primeros años de existencia se estrenaron numerosas comedias con ilustraciones musicales o zarzuelas de menor entidad: El tropiezo de la Nati (1925), El ingenio de Jeromo (1925), Sangre de reyes (1925), Rosa y clavel (1925), Los bullangueros (1927) o La copla andaluza (1928). También se estrenaron títulos como ¡Que mueran las feas! (1929), Un soltero difícil (1932), Las tentaciones (1932) o El bandido generoso (1934).

No debemos olvidar que en los primeros años fue un escenario apreciado por los flamencos, llegando a convocarse un concurso nacional teniendo como premio la Copa Pavón.

Las Leandras

Pero el Pavón entró en la historia del teatro español la noche del 12 de noviembre de 1931, cuando Celia Gaméz estrenó en su escenario una revista Las Leandras, de Alonso y Muñoz Román. En ese espectáculo nació un personaje que ha quedado como arquetipo del casticismo: El Pichi. Y una canción: Los nardos. La vedette argentina, ya conocida por los madrileños, logró el primero de sus numerosos éxitos en Madrid. Hoy el pasacalle de los nardos es casi un himno popular de la capital española.

A ese éxito siguieron Las tentaciones (1932), con música del maestro Guerrero, la reposición de Las de Villadiego (1933) y Las tocas (1936) aunque este título ha caído en el olvido.

Teatro Pavón

Arquitectos:

  • Teodoro Anasagasti y Algán (planos y obras, 1924).
  • José Antonio Corrales (reforma de 1953).
  • Enrique López-Izquierdo (reforma de 1978).
  • Ignacio de las Casas (reforma de 1999).

Inauguración: 11 de abril de 1925.

Ubicación: C/ Embajadores, 9.

Aforo: 500 espectadores (1.277 originalmente).

Imagen actual del interior del teatro.

Llegó la Guerra Civil y, bajo el control de la CNT, se programaron numerosos espectáculos populares, creados sobre todo para dar trabajo a los artistas. En ese año 1936, la gran Amparo Rivelles debutó en el Pavón junto a su madre en la comedia Nuestra Natacha.

La página negra

Madrid fue tomada, terminó la guerra y todos intentaron rehacer la vida cotidiana. En el Pavón se presentó el 10 de noviembre de 1939 el cantante Miguel de Molina, que intentaba sobrevivir al acoso de los vencedores.

Pero cuando el cantante esperaba en su camerino la segunda actuación del día, tres hombres se presentaron en el mismo conminándole a acompañarlos a la Dirección General de Seguridad. El automóvil en que fue metido no tomó esa dirección. Se desvió hasta un descampado en los altos de la Castellana. Allí Miguel de Molina fue salvajemente golpeado. Finalmente le cortaron el pelo al cero tras hacerle tragar aceite de ricino. Cuenta el artista en un libro de memorias que, a pesar de todo, logró regresar al Pavón con intención de hacer la segunda función en su lamentable estado. Pero no pudo llevarla a cabo. Miguel acabaría abandonando España para no regresar jamás.

Se ha escrito repetidamente el que el Pavón echó el telón tras la Guerra Civil y no lo levantó hasta treinta años después. No es cierto. Si bien no tuvo una programación regular, sí funcionó como teatro durante algunas temporadas.

Por ejemplo, en los veranos de 1946 y 1947 lo ocupó Mariano Ozores –patriarca de la familia– que estaba acompañado por su esposa, Luisa Puchol, y por sus hijos, José Luis y Antonio. El primero, afectado por una grave enfermedad, llegó a estrenar como autor en el Pavón un entremés titulado Y llegó Cantinflas.

Decadencia y rescates

El Pavón sufrió un constante deterioro durante toda la segunda mitad del siglo XX. En 1953 se le sometió a una reforma que contribuyó a desvirtuar la arquitectura original de Anasagasti. Más tarde, cuando Carmen Troitiño quiso relanzar la actividad escénica, se modificó aún más el primer proyecto. Y con la reforma final, que se aprecia actualmente, solamente se reconoce la fachada en la que Jerónimo y Antonio Maya reprodujeron los frescos primitivos. Troitiño y Manuel Collado quisieron recuperar el Pavón a principio de los ochenta, aunque su intento se saldó con rotundos fracasos.

El musical Buenos, estrenado el 15 de enero de 1985, sólo permaneció cinco días en cartel por los problemas con los productores. También se estrenó La última luna menguante, primera obra que llevó al teatro el drama del sida. Duró un poco más, pero tampoco fue un éxito. Así que el telón cayó de nuevo y con ello el avance de la ruina en el edificio.

Zampanó al rescate

El cierre prolongado durante quince años, el rodaje de Beltenebros, de Pilar Miró, y la falta de mantenimiento pusieron en peligro la existencia del Pavón.

Se presentaron algunos proyectos descabellados para reconstruirlo pero, finalmente, sería la compañía Zampanó la que acometiera la arriesgada aventura. Tras invertir un millón y medio de euros, el 22 de noviembre de 2000 volvió a levantarse el telón con El condenado por desconfiado. Ignacio de las Casas fue el arquitecto encargado de la última, por ahora, reforma.

Finalmente, tras el cierre provisional de La Comedia, el Pavón pasó a ser la sede temporal de la Compañía Nacional de Teatro Clásico que, desde marzo de 2002, mantiene así su actividad regular. Antes de entrar se realizó una nueva reforma, adelantando el escenario a costa de perder visibilidad en las localidades de los pisos superiores.

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