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Estado actual del Teatro Bretón.

En el año 2003, el Teatro Bretón de Salamanca cuelga el cartel de cerrado y, a los pocos días, los medios de comunicación locales recogen que la familia propietaria quiere venderlo. Alertada sobre le futuro incierto del histórico teatro, la Asociación de Ciudadanos por la Defensa del Patrimonio comienza a dar pasos para asegurar su pervivencia. El primero, conseguir que el Ayuntamiento de Salamanca no modifique el uso que ostenta (equipamiento privado) en el Plan General de Ordenación Urbana de la ciudad. Y es que el Teatro Bretón ocupa parte de una manzana de 1.694 metros cuadrados en el centro histórico de la ciudad, a muy poca distancia de la Plaza Mayor, un lugar muy apetecible, por lo tanto, para constructores y especuladores. El resto de la manzana está ocupada por varios mini cines que los propietarios construyeron a partir de los años ochenta.

Por aquellas fechas, la asociación protagoniza el nacimiento de la plataforma ciudadana “Salvemos el Bretón”, para presionar a las instituciones y sobre todo con la intención de difundir entre la población la conveniencia de conservar el Teatro Bretón como referente cultural y social de primera instancia. Se invita a formar parte de la plataforma a diversos actores y grupos teatrales de Salamanca, pues entre las propuestas que la plataforma ofrece a las instituciones para alentar la conservación del teatro es la de convertirlo en un centro de creación propia, como réplica a las muchas carencias del panorama teatral salmantino. La respuesta por parte de estos es muy desigual. Algunos actores y grupos responden muy positivamente, pero otros, quizá los más destacados, por aquello de evitar enfrentarse con el poder, no se pronuncian o miran para otra parte. No obstante, durante algunos años, la asociación y la plataforma mantuvieron un espíritu reivindicativo, elaborando manifiestos y organizando diversos eventos y actividades culturales.

Ante la negativa institucional para hacerse con la propiedad del histórico teatro, que hubiese sido la solución adecuada, Ciudadanos por la Defensa del Patrimonio se pone en contacto con Caja Duero para recomendarle la compra del teatro ya que por aquellos días la entidad financiera salmantina estaba muy interesada en construir un auditorio en la ciudad. Caja Duero entra en negociaciones con los propietarios, así como la Fundación Cultural Germán Sánchez Ruipérez, también interesada en la adquisición del teatro y del resto de la parcela, pero por desgracia no se llega a ningún acuerdo, según parece, por el alto precio que los dueños pedían por el inmueble.

Al final es la constructora Shanter la que se hace con la propiedad del teatro, cuestión que no hizo más que aumentar la preocupación de la citada asociación, ya que el uso de la parcela (equipamiento) y la catalogación del propio teatro (protección ambiental) no evitarían un posible derribo del mismo.

Amenaza continua

Los temores se cumplen y a primeros del año 2009, la empresa constructora propietaria del teatro anuncia a bombo y platillo que van a construir una residencia para ancianos y un aparcamiento subterráneo con más de cuatrocientas plazas. En el mes de marzo del mismo año, Ciudadanos por la Defensa del Patrimonio solicita a la Junta de Castilla y León la catalogación como Bien de Interés Cultural para el Teatro Bretón de Salamanca. El Ayuntamiento de Salamanca hace oídos sordos a esta petición y declara públicamente, una vez más, que Salamanca no necesita más teatros, ignorando por completo el valor histórico, cultural y social del Teatro Bretón.

Apenas en un mes, la empresa propietaria solicita al Ayuntamiento el premiso de derribo y el Ayuntamiento se lo concede. La suerte del Teatro Bretón está echada. De nada han servido los manifiestos, los artículos, los eventos, la petición de BIC. Los políticos que rigen el destino de Salamanca no quieren salvar al Teatro Bretón, no les interesa, no responde en ese momento a sus intereses y necesidades. Los medios de comunicación de la ciudad, salvo honrosas excepciones y justo es decirlo, asumen la pérdida como algo inevitable del cambio de los tiempos, o la apoyan descaradamente: Shanter es una empresa que se anuncia en ellos prolíficamente… En esos días, empieza el expolio del teatro Bretón: se deshacen de su histórica tramoya, se venden las butacas y otros enseres… Antes de venderlo, la familia propietaria quemó todo su archivo, todo un atentado al patrimonio…

La formación política “Foro de Izquierdas-Los Verdes”, que entiende que mientras haya una petición de BIC sobre el Teatro Bretón sin resolver no debería concederse ninguna licencia de derribo, porque el derribo significaría la pérdida irrecuperable del teatro, interpone una demanda y el día 26 de mayo de 2009, cuando las máquinas ya han empezado su odiosa labor, la jueza del Juzgado número 2 de Salamanca dicta la paralización cautelar. El Bretón está herido pero todavía se mantiene en pie, como afirmando su larga e histórica pervivencia…

El auto de paralización de las obras de derribo ha sido confirmado por los jueces en varias ocasiones, como se recoge en uno de sus autos “el bien público está por encima de los intereses privados”.

La Asociación de Ciudadanos por la Defensa del Patrimonio se mantiene en su empeño y continua la lucha esperanzada. La Junta de Castilla y León ha desestimado la petición de BIC, dando con ello finalizada la vía administrativa, con unas argumentaciones, según dicha asociación, carentes de fundamento, porque no consideran el valor histórico y cultural y social del Teatro y se quedan solo con la del edificio actual, según su criterio de “escaso valor arquitectónico”.

En la actualidad, esta asociación tiene interpuesto un contencioso administrativo para conseguir que la Junta incoe el expediente de Bien de Interés Cultural para el Teatro Bretón. Para fundamentar y sustentar esta incoación, Ciudadanos por la Defensa del Patrimonio está buscando apoyos y adhesiones. La presidenta y la vicepresidenta de la asociación, Isabel Muñoz y Pilar Hernández, se han entrevistado recientemente con la subdirectora de Patrimonio, del Ministerio de Cultura, como respuesta a la entrevista que esta asociación había pedido a la ministra de Cultura buscando el apoyo del Estado Español como último garante de la conservación de nuestro patrimonio. La subdirectora, muy sensibilizada con este tema, ha prometido hacer todo cuanto estuviese en su mano para que el Teatro Bretón no se pierda. Próximamente se reunirán con el rector de la Universidad de Salamanca para pedirle el apoyo de esta emblemática institución. También la Academia de la Historia ha emitido un informe a favor de la conservación del teatro, así como el Observatorio de Teatros en Riesgo, la Asociación de Amigos de los Teatros de España (AMITE) o el Instituto Internacional del Teatro (ITI). A propósito de AMITE, esta Asociación ha concedido el VII Premio Gregorio Arcos para la Conservación del Patrimonio Teatral a la Asociación de Ciudadanos por la Defensa del Patrimonio, por su defensa del Teatro Bretón de Salamanca.

Antecedentes históricos

El Gran Teatro Bretón es el heredero directo del patio de comedias nacido al amparo del Hospital de la Santísima Trinidad u Hospital General.

Dicen las crónicas que, desde antiguo, cuajaron de lleno las representaciones teatrales en Salamanca; sin duda por ser ésta ciudad universitaria y contar con numeroso público joven y entusiasta. Al principio, estas representaciones no se efectuaban en un lugar determinado y fijo, de hecho eran frecuentes en iglesias, colegios mayores y hasta en casas de particulares; pero con el tiempo se fueron asentando en el solar del antiguo hospital de la Santísima Trinidad y que hoy ocupa el teatro Bretón.

En el siglo XVI, aquel primitivo corral o patio de comedias ya reza en los documentos históricos como Teatro del Hospital, propiedad del Hospital General que estaba instalado muy cerca, en el edificio que hoy ocupa el colegio de las Siervas de san José.

El 15 de marzo de 1581, Felipe II ordenó la reducción de los numerosos hospitales que había en su reino y por Real Cédula de 10 de diciembre del mismo año, casi todos los hospitales que había en Salamanca se fundieron en el Hospital General o de la Santísima Trinidad, en recuerdo del antiguo hospital. Aunque con la refundición, las rentas de los hospitales pasaron al Hospital General su situación económica no era nada buena, por eso las recaudaciones del teatro eran fundamentales para su supervivencia y su buen funcionamiento.

No es descabellado pensar que autores como Lope, Calderón o el mismísimo Cervantes, de los que se tiene certeza de su estancia en nuestra ciudad, pasaran más de una alegre jornada en el mencionado teatro, e incluso es más que probable que presenciaran en él la representación de alguna de sus obras”.

Hay documentos y bibliografía que prueban estas afirmaciones. Entre los documentos, el más antiguo una ordenanza municipal de 1558 que se refiere explícitamente al patio de comedias: “Que no haya representaciones en días de trabajo, que por cada persona lleven doce maravedíes, y no más, pena de volverlo en el doblo para los pobres del hospital y de no representar más en esta ciudad, Y a los forasteros pongan en buen lugar, y para ello asista un portero y un alguacil”.

De esto se desprende que el patio de comedias, o teatro, es anterior a la reducción de los hospitales que realizase Felipe II. Probablemente el mal estado del hospital de la Santísima Trinidad y la escasez de medios para su subsistencia, facilitaron la instalación de un patio de comedias en parte del solar que ocupaba.

Se tiene también documentación sobre algunas de las transformaciones de este primitivo patio de comedias, antecedente del teatro Bretón, Villar y Macías en el libro noveno de su Historia de Salamanca nos da cumplida cuenta de las transformaciones y mejoras que muy a principios del siglo XVII, en 1604 y 1607 respectivamente, se realizan en el patio de comedias del hospital. Un tal Mateo Lozano, carpintero de profesión y natural de Salamanca, cobró sus buenos reales por construir un cuarto a la izquierda y otro a la derecha. Conviene advertir, para que nadie se llame a engaño, que este patio o corral de comedias estaba a cielo abierto. Razón de más para que las funciones fueran a las tres de la tarde en invierno y a las cuatro en verano y así aprovechar la luz natural, pues no andaba la economía como para usar velas y lámparas de aceite.

El hospital encargó al maestro Sagarvínaga en 1765 hacer del antiguo patio de comedias un edificio estable y sólido, acorde a las necesidades que los nuevos tiempos exigían: buena techumbre, patio con asientos corridos de madera, foso para la orquesta, lunetas, dos pisos de palcos con cómodos asientos a ambos lados del palco del Ayuntamiento, cazuela (espacio reservado exclusivamente para las mujeres que tenía entrada propia, por la puerta llamada “de las mujeres”) y hasta una botillería para, en los descansos, tomar un tentempié y refrescarse los días de calor.

Este edificio no resultó tan sólido como se pensaba y en 1845 presentaba ruina. La Diputación del Hospital hizo un llamamiento al pueblo de Salamanca porque la pervivencia de su teatro peligraba y el pueblo respondió generoso: al año siguiente se inauguraba un nuevo edificio encargado al arquitecto Tomás Cafranga, que es el que ha llegado hasta nuestros días. Unos años más tarde, en 1878, el hospital y el teatro se separan para siempre: el teatro pasa a manos privadas. Y en 1890 cambia su nombre, deja de llamarse Teatro del Hospital y pasa a llamarse Gran Teatro Bretón, en honor del ilustre músico salmantino nacido a pocos metros de él: Tomás Bretón. Poco después incorpora el cinematógrafo…

Teatro, cine, ópera, zarzuela, actuaciones musicales, bailes, jornadas poéticas, mítines políticos… El Teatro Bretón ha penetrado en la vida de Salamanca y la vida de Salamanca ha pasado por el Teatro Bretón.


Isabel Muñoz Sánchez

Presidenta de la Asociación de Ciudadanos por la Defensa del Patrimonio de Salamanca y de la Federación por el Patrimonio de Castilla y León

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