El Teatro Maravillas (1886-2008)

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Antonio Castro

Las primeras noticias sin documentar del Teatro Maravillas datan de 1886, aunque los primeros anuncios los encontramos el 2 de enero de 1887; hablamos del primer local con este nombre, porque con el que conocemos actualmente ha habido cinco.

Cartel de la revista musical El águila de fuego,
uno de los grandes acontecimientos del
Maravillas

Escenario y patio de butacas del Maravillas

En aquellos años del final del XIX, como tantos recintos de escasa consideración, la programación abarcaba todos los géneros, predominando el frívolo. Todos los teatros con este nombre estaban situados en el entorno de la Glorieta de Bilbao aunque en verano –debían ser fácilmente desmontables– uno de los primitivos se trasladaba al Paseo de Recoletos.

Pero el más directo antecedente del teatro actual es el Madrid Cinema, construido por el arquitecto Alfonso María Sánchez-Vega Malo, siendo empresario el periodista José Campúa. Abrió como tal en febrero de 1919, manteniendo el nombre durante dos años. Finalmente, tras algunas ampliaciones del edificio primitivo, volvió a recuperar el de Maravillas el 21 de septiembre de 1921. Tenía ochocientas localidades. No se libró de reconvertirse en cinematógrafo en los años cuarenta aunque, gracias a la empresa García Ramos, que adquirió el edificio a la familia Galván a final de la década de los cuarenta, levantó otra vez el telón en 1953. En todas esas etapas del anterior edificio no tuvo el prestigio de salas como La Comedia, el Lara o el Reina Victoria. Fue un teatro de segunda que, no obstante, atraía a un público popular.

Revista, comedia, drama y bombas

En todos los años de historia del Maravillas han sido escasos los espectáculos que se estrenaran allí y de los que haya quedado recuerdo, bien por el impacto artístico, bien por el resultado económico. Seguramente lo más destacado de su programación haya sido la vocación por la revista y los géneros musicales, desde la zarzuela hasta los conciertos de estrellas folclóricas. La familia Paso, con sus compañías de revista, estuvo al frente del teatro durante varios años, aunque en el final del siglo pasado cambió de manos –no de propietarios– varias veces.

La revista musical El águila de fuego, estrenada en 1956 por Celia Gámez, fue uno de los grandes acontecimientos del Maravillas. En aquella compañía Concha Velasco aparecía como un botones. Quince años más tarde Pedro Osinaga estrenó la comedia que se ha representado continuadamente durante más tiempo: Sé infiel y no mires con quién (1972). Cuando el desaparecido Manuel Collado se disponía a estrenar Historia de un caballo, se produjo un atentado junto al teatro. Fue el 14 de julio de 1979. Una potente bomba colocada junto a un automóvil en la confluencia de las calles San Andrés y Malasaña, hizo explosión. Una joven de 28 años, Salomé Alonso Varela, resultó muerta. Los edificios situados en un radio de cincuenta metros quedaron seriamente afectados. En principio se pensó que también lo estaba el Teatro Maravillas, pero resistió, según certificó el arquitecto Enrique López-Izquierdo, y se pudo iniciar la nueva temporada.

Teatro Maravillas


Dirección: Manuela Malasaña, 6

Arquitecto: José Antonio García-Junceda

Propietario: Luis García Ramos

Empresario: Pedro Larrañaga

Inauguración: 2 de noviembre de 2005

Una de las páginas gloriosas de este teatro fue escrita por la gran actriz francesa Sarah Bernhardt. Pocos meses antes de su muerte –producida en 1923– realizó la que sería su última gira por España. Desde 1915 tenía amputada una pierna a causa de un accidente escénico. En realidad la gran diva vino unos días a Madrid para recibir una serie de homenajes y galardones en La Comedia, pero fue convencida por la empresa del Madrid Cinema para protagonizar el domingo 22 de mayo de 1921, a las cuatro de la tarde, una “matinée”. Esos días la estrella del salón era la cupletista Raquel Meller que, por petición expresa de la Bernhardt, interpretó varios de sus éxitos en la sesión artística.

La recientemente desaparecida Pilar López, bailarina y coreógrafa, debutó en el Maravillas junto a su hermana La Argentinita, el 9 de marzo de 1923.

Cierre y derribo

Lo que no pudo la bomba lo logró el paso del tiempo. El Ayuntamiento de Madrid ordenó la clausura del local ante las deficiencias en seguridad, lo que se produjo el 18 de febrero de 1999. En ese momento era empresario Enrique Cornejo, que había sustituido a Gustavo Pérez Puig. Aunque los propietarios consideraron la opción de rehabilitarlo, finalmente se derribó en septiembre de 2002 aunque Luis García Ramos siempre quiso que, como homenaje a su padre, en el nuevo edificio que se levantara sobre el solar, se construyera un teatro. Es el que conocemos hoy, inaugurado el 2 de noviembre de 2005 por Faemino y Cansado, quienes actuaban en el viejo Maravillas cuando cerró las puertas para siempre. Tiene cuatrocientas localidades en un solo nivel y ocupa las plantas inferiores de un nuevo hotel. La programación del nuevo Teatro Maravillas quedó en manos de la empresa que encabeza Pedro Larrañaga, joven productor que pertenece a una familia con larga tradición teatral, iniciada con sus bisabuelos maternos, Abelardo Merlo y Amparo Piquer. Curiosamente, su vida profesional se inició como ayudante de producción en el Teatro Maravillas a las órdenes de Gustavo Pérez Puig. En los últimos tres años, el viejo-nuevo Maravillas ha estrenado algunas comedias de éxito notable, como Misterioso asesinato en Manhattan (2007) y La importancia de llamarse Ernesto (2008).

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