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Antonio Castro Jiménez


El 19 de octubre de 1923 se inauguró el Monumental Cinema, de la Empresa Sagarra, proyectado por Teodoro Anasagasti, el gran arquitecto teatral del siglo XX. Según todas las informaciones, tenía capacidad para 4.000 espectadores. O sea, que hacía honor a su nombre. Dieciséis meses se tardó en culminar la obra, pionera en el empleo del hormigón armado. Cuando se abrieron las puertas, todo el mundo se sorprendió por las características del local, totalmente distinto a lo que se llevaba entonces en los edificios de espectáculos. Además, su cómodo acceso al metro (que se había inaugurado en 1919), era una ventaja a la hora de atraer a los espectadores. Hoy el exterior en nada recuerda a la imagen original. Nada queda de las vidrieras creadas por la firma Maumejean, así como de las enormes lámparas de cristal. Sólo la estrecha fachada lateral de la calle León recuerda la arquitectura original.

El espectacular edificio se inauguró como cinema mudo contando, como todos los importantes, con una orquesta de 20 profesores dirigida por el Maestro Escobar. En las sesiones de proyectaban varias películas cortas, amenizadas por la orquesta. La butaca costaba 50 céntimos. Siempre ha tenido fama de gozar de una acústica extraordinaria, por lo que rápidamente fue elegido como sala de conciertos. La Orquesta Sinfónica de Madrid, del maestro Arbós, inició en noviembre de 1923 sus temporadas populares con las grandes obras del repertorio universal.

En enero de 1930 incorporó el cine sonoro a su programación con el estreno de El arca de Noé.

Tan espectacular proyecto, realizado por la firma Cementos Armados de Sestao, fue iniciativa de la Empresa Sagarra, que habían fundado en 1918 Carlos Viñas Sagarra y Ricardo Urgoiti. El primero falleció a los 36 años sin ver terminado el proyecto. En ese momento era también propietaria del Real Cinema, el Príncipe Alfonso y el Cinema España.

El cine

Fue el empresario de revista, Matías Colsada, quien, en los años setenta, decidió rescatar al Monumental del cine para levantar el telón. Una aventura que prolongó poco más de una década. Los años dedicados a las proyecciones sin apenas mantenimiento llevaron al gran teatro a una degradación que influyó en su público. Colsada intentó todo tipo de experimentos para revitalizar la sala. Trajo, por ejemplo, a Liza Minnelli, que ofreció un recordado recital en enero de 1975. Siguieron actuaciones de las figuras y conjuntos de la música pop española, pero no parece que se encontrara el camino del éxito. Así que tras una serie de fracasos de taquilla se corrió el rumor de que el Monumental iba a ser derribado para construir sobre sus ruinas un complejo más moderno e igual de espectacular. Así lo declaró su nuevo propietario, Matías Colsada, al ABC. Pero nunca se llevó a cabo ese proyecto. Sí se realizaron obras por importe de 30 millones de pesetas que desvirtuaron la imagen primitiva del Monumental. Aún así el teatro estuvo cerrado hasta que el 28 de enero de 1977. Nuria Espert sorprendió a propios y extraños, de la mano de Víctor García, con su versión de Divinas palabras. Se hicieron empresarios del teatro los recordados Feijoo y Castilla, asociados con el señor Colsada.

Los musicales

Durante casi todo el año 1975 se estrenaron en el Monumental los espectáculos más disparatados. Desde una Tauromaquia, de Juan Antonio Castro, a un delirante Jesucristo Libertador, de Pablo Villamar. Pero la historia teatral del Monumental está marcada por un reducido número de grandes musicales. En noviembre de 1975 se estrenó, sin demasiado éxito, el montaje británico de Hair. Pero se redimió el teatro con la breve temporada en 1977 del citado montaje de Divinas Palabras. Tras ese éxito llegaron otros dos espectaculares. En febrero de 1977 un espectáculo desconocido, El diluvio que viene, sorprendió al público madrileño. La grandiosa producción de los hermanos Ribas llenó durante tres años el gran teatro de Antón Martín.

La noche del 23 de diciembre de 1980 fue de triunfo clamoroso para todo el equipo que estrenó Evita, con Paloma San Basilio a la cabeza y Azpilicueta en la dirección de escena. Y no podemos olvidarnos la visita de Lindsay Kemp con Flowers, uno de los montajes más impactantes del siglo XX. Había triunfado primero en el desaparecido Martín y ante la respuesta del público, pasó a la calle Atocha.

No todo fueron éxitos en este género. No tuvo gran repercusión la llegada a España, en 1985, de una producción de A chorus line. Barnun, con la familia Aragón al frente, fue un sonoro batacazo el año 1984.

Esa década de los ochenta fue la última en la que el Monumental tuvo actividad teatral. Aitana Sánchez Gijón debutó en 1986 con La gran pirueta y en 1987 Dagoll-Dagom estrenó Mikado. Después volvió la música sinfónica.

Sede de la O.R.T.V.E.

Las dificultades de programar y mantener un teatro de estas características llevaron al señor Colsada a alquilarlo. En ese momento jugó una baza importante la historia musical del teatro, pues nunca dejó de ser auditorio de música clásica, alternando con el cine. RTVE, todavía televisión única en España, lo alquiló para sede permanente de su Orquesta y Coro, que realiza en este escenario sus temporadas de conciertos. En abril de 1988 se presentó la temporada de la Orquesta ya en la nueva sede, con Arpad Joó como director titular. En ese momento RTVE, con Pilar Miró como Directora General, pagaba un alquiler mensual de cinco millones de pesetas. Para el primer concierto en esta sede, la Orquesta encargó al compositor Agustín Bertomeu la obra Música para una inauguración. Se estrenó el 14 de octubre de 1988. Obviamente hubo que reformar el escenario para construir la caja sonora adecuada para una orquesta. Hasta el momento la O.R.T.V.E. sigue aquí. Así que, de momento, el escenario teatral está inutilizado.

La muerte del señor Colsada el 23 de marzo de 2000 dejó en el aire el futuro de este Teatro Monumental. Por el momento sigue siendo una de las salas más apreciadas para la música sinfónica.

Teatro Monumental Cinema

Arquitecto:
Teodoro Anasagasti

Inauguración:
19 de octubre de 1923

Ubicación:
Plaza de Antón Martín

Aforo:
1.600 espectadores (4.000 originalmente)

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