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Antonio Castro

El teatro Albéniz es, desgraciadamente, noticia porque está amenazado de desaparición en el momento de publicar este resumen de su historia. La finalización del contrato de arriendo el 31 de diciembre de 2008 hace temer por su permanencia, a pesar de que el Ayuntamiento se ha comprometido a que en este lugar haya siempre un teatro, aunque los actuales propietarios del inmueble decidan demolerlo. La carencia de protección de este singular teatro parece que posibilita su cierre.

Los frescos de Javier Clavo decoran parte del techo
de la sala de butacas

El Albéniz es una enorme sala localizada detrás de la Real Casa de Correos. Como todos los teatros antiguos, se encuentra encastrado entre edificios de viviendas. La parte posterior llega casi hasta la calle Montera, donde existe una reducida salida de emergencia.

Ya en 1931 se informaba en la prensa que en el solar existente entre las calles Paz y Carretas, la sociedad Poymar levantaría un teatro que llevaría ese nombre y sería proyectado por los arquitectos Ramón Lucini y Cayetano de la Jara.

El empresario que, finalmente, acometió la construcción encargó el proyecto a José Luis Durán de Cottes y Enrique López-Izquierdo. Comenzaron las obras pero, muy avanzadas estas, el propietario mostró su disconformidad haciéndose cargo de la terminación del mismo Manuel Ambrós Escanellas.

En el proyecto inicial se contemplaba la instalación de un retablo de once grandes figuras móviles policromadas, accionadas por pequeños motores, representando tipos populares de las regiones españolas. Las esculturas se encargaron al artista Ángel Ferrant. Más tarde se comprobó que el peso del conjunto era tan grande que no podía ser soportado por la fachada. Estas figuras se exhiben actualmente en el vestíbulo principal del teatro.

La sala es enorme aunque ninguna columna perturba la visibilidad de los espectadores. En el auditorio llama la atención actualmente el conjunto de ricas arañas, así como los frescos pintados por Javier Clavo, que decoran el techo sobre las últimas filas del patio de butacas.

Anfiteatro singular

El sistema diseñado por los primeros arquitectos para sostener el anfiteatro resultó de una gran complejidad y audacia. Se empleó un entramado de vigas, apoyado en columnas, sin hacerlo en los muros de cierre del teatro. Para garantizar la calidad de los materiales y la futura seguridad de los espectadores, se requirió la intervención del laboratorio central de ensayos de materiales de la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos para que realizara minuciosos análisis y ensayos del proceso.

La sala fue reformada tras el arriendo por la Comunidad de Madrid para poder ofrecer nuevamente representaciones en vivo. Se redujo el aforo de las mil quinientas localidades originales a poco más de mil.

En los sótanos del edificio se abrió la sala de fiesta conocida inicialmente como Fantasía. Más tarde cambió el nombre por el de Folies y en su última etapa fue llamada Xairo. Existen viviendas en el último piso del edificio que cuentan con acceso independiente al del teatro.

Las primeras temporadas

En 1945 la capital española superaba ya el millón de habitantes. Ese mismo año, en junio, se iniciaba la construcción del estadio Santiago Bernabeu. También finalizaron las obras del nuevo teatro que la empresa quiso denominar con el apellido del compositor Isaac Albéniz.

El teatro Albéniz costó 14 millones de pesetas a los que hubo que sumar las 200.000 que se invirtieron en la primera producción. Solamente el conjunto femenino de baile tenía 40 chicas.

El 31 de marzo de 1945, Sábado de Gloria, se levantaba por primera vez el telón con el espectáculo Aquella noche azul, de Antonio Paso y música del maestro Francisco Alonso.

Durante sus primeros años el Albéniz se decantó por la ópera y el ballet, pero a partir de 1948 dio preferencia a todo tipo de espectáculos musicales, fundamentalmente la zarzuela y la revista. Su aforo y su escenario permitían alardes de producción imposibles en los tradicionales teatros Martín, Maravillas o Fuencarral.

En noviembre de 1951 se estrenaba El canastillo de fresas, una zarzuela del maestro Guerrero considerada como su obra póstuma. Hoy el escenario se revela escaso para los montajes teatrales de complicada maquinaria, aunque sigue siendo muy atractivo para espectáculos de danza y conciertos.

A los diez años de su inauguración, en 1954, se transformó en cine, proyectando El príncipe valiente. Tres años después, habiendo sido arrendado a la empresa CIDESA, incorporó la espectacular tecnología del Cinerama, estando considerado, a partir de entonces, como una de las salas mejor equipadas de Europa. Aunque circunstancialmente volvieron a realizarse representaciones, estas cesaron definitivamente en 1959.

Teatro de la Comunidad

En 1985 el gobierno de la Comunidad Autónoma decidió arrendar el Albéniz para acoger el Festival de Otoño. En octubre de ese año comenzó la programación, iniciada con el espectáculo de danza contemporánea de Karole Armitage y con un concierto de jazz a cargo de Stanley Clarke. El 26 de octubre volvía el teatro con la representación de Bodas de sangre, dirigida por José Luis Gómez. Desde entonces sus temporadas se han conformado con espectáculos producidos por empresarios privados y por los distintos festivales que se organizan desde las instituciones: de Otoño, Madrid en Danza, Certamen Coreográfico, Festival Flamenco de Madrid, Madrid Encanto, etc.

La desaparecida Teresa Vico, perteneciente a una de las grandes familias españolas del espectáculo, estuvo al frente del teatro durante 17 años. Su muerte en la Navidad de 2003, con sólo sesenta años, fue llorada por toda la profesión teatral.

Teatro Albéniz


Dirección: C/ Paz, 11

Arquitectos:

– Manuel Ambrós Escanellas (final de obra)

– José Luis Durán de Cottes y Enrique López-Izquierdo (proyecto original)

– F. Roch Pena, Mª E. Díaz Aller y J. P. Rodríguez Fernández (reforma 1986)

Inauguración: 31 de marzo de 1945

Aforo: 1.040 localidades

El año 2006 este teatro fue adquirido por una empresa inmobiliaria que, en principio, mostró su disposición a reconvertir el edificio en un centro multidisciplinar, que incluiría un nuevo teatro. Los anteriores propietarios lograron, tras un proceso judicial, que se retirara la protección arquitectónica al recinto. Ante el peligro de cierre del Albéniz se organizó un movimiento profesional para intentar salvar el teatro, que sigue luchando por este fin. El Ayuntamiento acordó declarar a la manzana de uso cultural por lo que cualquier proyecto que se redacte sobre este edificio tendrá que incluir teatros.

Algunos estrenos destacados

En la primera etapa, este gran teatro tiene una línea clara de programación, con dedicación casi exclusiva a los géneros musicales españoles, la zarzuela y la revista, estrenando títulos como Cien mil dólares, 1946; Veinticuatro horas mintiendo, 1947; ¡A la Habana me voy!, 1948; La Lola se va a los puertos, 1951; Lo verás… y lo cantarás, 1949, etc. Tras su reapertura, no pudo consignarse una programación homogénea que guiada por criterios estrictamente comerciales. Así el espectador puede ver montajes arriesgados, generalmente de gran formato, que no tienen cabida en otros teatros privados. Es uno de los pocos escenarios que acogen con regularidad compañías de danza. Por dejar constancia de algunos de los estrenos más recientes, reseñamos títulos como Bodas de sangre,1985; El baile de los ardientes, 1990; La Celestina, 1990; Viaje de un largo día hacia la noche, 1991; Seis personajes en busca de autor, 1995; ¿Quién teme a Virginia Wolf, 2000; Las criadas, 2000; Tirano Banderas, 2005 y La vida es sueño, 2008.

Para no olvidar sus orígenes musicales, también se han estrenado producciones destacables, entre ellas Mar y cielo, 1989, La bella Helena, 1995 o Sweeney Tood (1997).

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