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Antonio Castro

Donde hoy se levanta el teatro Alcázar, se abrió, entre 1911 y 1920, un salón de variedades denominado Trianón Palace, dedicado también al cine mudo. Los alrededores de la Puerta del Sol estaban tomados por decenas de teatros, salones y cafés, donde se entretenían los ciudadanos.



Fachada principal del teatro Alcázar.


Representación de la revista De pillo a pillo.

El Trianón tuvo una vida azarosa y corta, aunque en su escenario actuaron artistas como Raquel Meller y La Goya. Cuando cerró, acuciado por la ruina y las escasas medidas de seguridad, ya se hablaba de un nuevo centro de ocio: El Palacio de los Recreos. Derribado el primitivo edificio comenzó la construcción del nuevo, según el proyecto del arquitecto Eduardo Sánchez Eznarriaga, que no llegaría a verlo finalizado porque murió un año antes de la inauguración. Lo terminó Eduardo Lozano Lardet.

Un palacio frustrado

El Palacio de los Recreos iba a ser un monumental centro de ocio con fachadas a la calle Alcalá y a la de Arlabán. Originalmente incluía casino, salones de reuniones, casa de citas y hasta una piscina. Pero la dictadura de Primo de Rivera, con sus prohibiciones, dio al traste con el negocio, que se quedó en cine-teatro, anunciándose como Alkázar. José Juan Cadenas, periodista, dramaturgo y empresario fue la cabeza visible del nuevo teatro y su director. Para la inauguración, el 27 de enero de 1925, montó con gran lujo la opereta Madame Pompadour.

Las primeras temporadas alternó la programación con musicales, comedias y cine. La compañía de Irene Alba y Juan Bonafé fue una de las primeras en actuar con regularidad en los primeros años. Tras la Guerra Civil, durante la cual el teatro estuvo en manos de la CNT y más tarde, incautado como todos por el Estado, se transformó temporalmente en cine. Entre 1937 y 1939 se le cambió el nombre por el de Lope de Vega.

El 20 de junio de 1940, al Alkázar se le sustituyó la ‘k’ por la ‘c’. Todos lo negocios que tuvieran alguna denominación extranjera fueron obligados a cambiar de nombre. El Alcázar recuperó entonces la actividad teatral durante el mes de septiembre con la obra Mujeres. Ya no la ha abandonado.

El palacio de la revista

Durante cuarenta años el Alcázar fue, sobre todo, un teatro de revista. Compañías como las de Ángel de Andrés y Antonio Casal, la de Ramón Clemente, la de Colsada y, sobre todo, la de Celia Gámez estrenaron sus mejores montajes aquí. Celia, la estrella argentina se presentó en 1945 con Hoy como ayer. En los años siguientes estrenaría Gran Revista, La estrella de Egipto, La hechicera en Palacio, S.E. la Embajadora y Colomba. Este género escénico típicamente español, y ya desaparecido, le proporcionó al teatro dos de sus mayores éxitos de taquilla: La señora es el señor (1975) y Por la calle de Alcalá (1983). Pero no podemos olvidar que en los años cincuenta se estrenaron espectáculos musicales como Kiss me, Kate (1963) dirigido por Tamayo y Tres novias para Roberto (1963), de Alfredo Alaria.

No se abandonó durante este tiempo el teatro de verso. En el Alcázar se estrenaron obras como La caraba (1927), de Muñoz Seca, El poder (1965), de Calvo Sotelo, Este Cura (1966), de Alfonso Paso o Madrugada (1953), de Buero Vallejo.

En la última década se han presentado algunos musicales más modernos, como Estamos en el aire, Antología del bolero o producciones de danza española como Enramblao y Tiempo muerto, de Rafael Amargo.

Siniestro en la discoteca

El gran edificio tiene, desde su inauguración, una sala de fiestas en el sótano, que se llamó inicialmente Alkázar Souper y más tarde Lido. En los años 80 funcionaba como discoteca con el nombre de Alcalá 20. La noche del 17 de diciembre de 1983 se produjo uno de los grandes siniestros que ha padecido Madrid. Con el local lleno se declaró un incendio. Los clientes se agolparon hacia las salidas, encontrando la muerte 82 personas. Actualmente esa sala, reconstruida, quiere volver a abrirse con el nombre de Adraba. Existe también otra discoteca en la parte trasera, en Arlabán, que fue un teatro infantil durante la II República y más tarde, como discoteca Stella, uno de los templos de la movida.

Empresarios

Como se ha dicho, José Juan Cadenas fue el primero de los empresarios –que no propietario– del teatro Alcázar. Acabaría su vida como presidente de la Sociedad General de Autores. Pero la mayor parte de su historia ha estado en manos de la empresa que fundó Isaac Fraga, y que controló decenas de cines y teatros en toda España. Ya ocupaba el Alcázar al comienzo de la década de los treinta y no lo abandonaría hasta medio siglo después. Un cierre temporal, entre diciembre de 1981 y septiembre de 1982, hizo temer por el futuro del Alcázar. Pero entonces pasó a estar controlado por otro hombre de teatro, Juan José de Arteche, conocido autor y adaptador. Más de quince años permaneció en el teatro hasta que, en 1999, cedió el arriendo al Grupo SMedia, encabezado por Enrique Salaberría, el actual empresario.

En el escenario del Alcázar se consagraron estrellas como Lina Morgan con Un matraco en Nueva York y debutaron actores como Cayetana Guillén Cuervo, Rafael Castejón, Lolita o Miguel Ángel Muñoz. Otros hicieron su último mutis en el teatro: Alberto Closas, Pedro del Río, Vicente Parra, Maruchi Fresno… Toda la historia de este gran teatro será recogida en un libro monográfico que verá la luz próximamente.

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