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Antonio Castro

En entregas anteriores hemos ofrecido reseñas de un teatro centenario –el Infanta Isabel– y de otro tradicional, totalmente reedificado, el Maravillas. Hoy quiero hacer una pequeña historia del teatro Arniches de la calle Cedaceros, cerrado desde hace años tras haber sido el cine Cedaceros y Bogart. Lo hago con la esperanza de llamar la atención sobre su situación y con el deseo de que algún día pueda recuperarse, aunque no soy optimista al respecto.

Cartel de Satán azul, estrenada en el Arniches
en los setenta.

Fachada principal del teatro Arniches.

En esta localización aparece el primer local de entretenimiento en mayo del año 1907, el Salón Madrid. Abrió como cine pero, siguiendo la costumbre de la época, las películas se alternaban con espectáculos de variedades. En 1916 fue ocasionalmente bautizado como teatro de los Polichinelas, en el que actuó una compañía que contaba con Mercedes Sampedro, la fundadora de la saga Bardem-Muñoz Sampedro. Ya en 1921 se abrió aquí el primero de los teatros sólidos, bautizado con el nombre de Rey Alfonso e inaugurado el 19 de octubre de ese año por Emilio Thuillier. Luis Ferrero fue el arquitecto inicial y el que marcó las directrices estéticas que todavía se conservan. Los reyes acudieron al estreno de la comedia La heroica villa escrita por Arniches. La calle se llamaba entonces Nicolás María Rivero. Antes en ese solar se levantó también el Frontón Madrid. No confundir este teatro con el Príncipe Alfonso, que estaba en la calle Génova. La historia de los primeros años fue azarosa y en varias ocasiones fue puesto en subasta por la autoridad judicial. En el momento de su apertura estaba tasado en casi un millón ochocientas mil pesetas. El edificio, además del teatro, tenía dos plantas superiores que podían dedicarse a fines privados o comerciales. Tampoco puede decirse que tuviera una programación rigurosa. En abril de 1924 pasó a ser cine con la proyección de la película Madrid año 2000. En el año 1925, tras un primer cierre y consiguiente subasta, se dedicó fundamente al denominado género ínfimo.

Azarosa evolución

A final de la década de los veinte funcionó en el primitivo teatrito un popular cabaret, bautizado con el nombre de Picadilly Club y más tarde como Lido.
Volvió el cine en diciembre de 1933 con la proyección de La casa es seria protagonizada por Imperio Argentina y Carlos Gardel. Pasó a llamarse Panorama y así se mantuvo durante más de treinta años.

El actual teatro se abrió con el nombre de Arniches el 17 de septiembre de 1965. La compañía de Juanjo Menéndez estrenó Educando a una idiota, de Alfonso Paso, en una gala patrocinada por la Sociedad General de Autores. Un grupo de profesionales de la escena, encabezados por Carmen Troitiño, Diego Hurtado y Jorge Villén acometió la transformación, asesorados legalmente por el padre del actual alcalde de Madrid. Paso volvió a estrenar con asiduidad en este teatro, que ofreció durante más de diez años una programación francamente interesante con títulos como Historia en Irkustk (1966), La más hermosa niña del mundo (1974) y Hablemos a calzón quitado (1976). No faltaron tampoco los vodeviles y las comedias disparatadas en un intento de rentabilizar la empresa.

Teatro Arniches


Dirección: Cedaceros, 7

Inauguración: 17 de septiembre de 1965

Arquitecto: Manuel Ródenas

(reforma de 1965)

A principios de 1976 la sociedad que programaba el teatro anunció públicamente el cese de actividades ante la inviabilidad económica de su proyecto. Entonces Patrimonio Artístico frenó el derribo del local por considerarlo de interés público. Desde entonces la situación del Arniches sólo ha ido empeorando. Aún se abrió esporádicamente, como para el estreno de Satán azul, un espectáculo pseudo-porno creado y protagonizado por Marisa Medina. Los últimos años –desde 1979– volvió a ser cine, con una programación alejada de los cánones comerciales. Primero con películas “S” y después con cine de culto. Tras su cierre como tal el edificio permanece abandonado. Incluso fue objeto de una ocupación. Los mosaicos de la entrada recuerdan su primitivo esplendor, así como la fachada principal y la entrada de mercancías por la calle de los Madrazo. Pero no es un local de fácil reconversión al estar encastrado entre edificios de viviendas. Y eso que en el interior hay prácticamente dos salas independientes. La calle no resulta muy atractiva para la actividad artística, a pesar de que en las inmediaciones se encuentran teatros como el Alcázar, el Reina Victoria y la Zarzuela.

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