Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedIn

Antonio Castro

José Tamayo.

Divinas Palabras. 1961.

El 17 de noviembre de 1961 se inauguraba el teatro Bellas Artes de Madrid con un recordado montaje de Divinas palabras. El director y empresario José Tamayo lograba tener su propio teatro tras haber paseado durante quince años su compañía Lope de Vega por toda España. Medio siglo después el Bellas Artes es uno de los teatros básicos de la cartelera comercial, gestionado por la empresa Pentación, que dirige Jesús Cimarro.

Madrid ganó en esa década de los sesenta algunos locales de mediana capacidad, de los que sobreviven solamente el Arlequín, el Marquina y el Bellas Artes. Abrió la serie de los conocidos como “teatros de bolsillo”, el Recoletos que en marzo de 1957 estrenó Fuera es de noche, dirigida por Luis Escobar; en enero de 1962 se abrió el Club en los bajos del Palacio de la Música; dos meses después levantó el telón el Torre de Madrid, rebautizado como Valle Inclán, y ya en diciembre de 1962 se abría el Marquina. Finalmente el Arlequín dejó el cine por el teatro en 1965.

Teatro en el sótano

Parece que en esa época las ordenanzas municipales eran mucho menos restrictivas que las actuales. Así se explica que autorizaran la apertura de teatros en sótanos, como es el caso del Bellas Artes, que ocupó algunas dependencias del Círculo de Bellas Artes: la bolera, una piscina subterránea y dependencias de trabajadores. Durante tres años un equipo de cuatro arquitectos convirtió todo aquello en teatro. No estuvo exenta la construcción de conflictos con el Círculo, que entonces presidía el académico Joaquín Calvo Sotelo. Parece que algunas de las cláusulas firmadas con la empresa Actividades Teatrales resultaban onerosas para el Círculo. En un primer enfrentamiento, Tamayo se negó a modificarlas por lo que la entidad encargó al letrado José María Ruiz-Gallardón la defensa de sus intereses. Sin embargo, renunciaron al procedimiento judicial al avenirse el arrendatario a negociar pocos meses antes de abrirse el teatro, comprometiéndose a dedicar el nuevo espacio exclusivamente a las representaciones teatrales.

La Junta Directiva del Círculo había firmado el convenio con Tamayo en agosto de 1957. Inicialmente se iba a llamar “Teatro Club Bellas Artes”. Suponemos que la coincidencia con el nombre de Club, del teatrito de la Gran Vía, recortó la denominación definitiva.

La sala, con capacidad para quinientos espectadores, tiene una excelente visibilidad, patio de butacas y anfiteatro. En el primer vestíbulo, visible desde la calle, se pintó una hermosa alegoría teatral, firmada por Vicente Viudes. Sin embargo es complicado el montaje de espectáculo, porque el escenario se encuentra a dos niveles bajo la calle y su acceso es muy complicado.

El Círculo de Bellas Artes –obra de Antonio Palacios– tiene otro teatro en su gran edificio, la sala Fernando de Rojas. El antiguo cine sufrió reformas en los años 1984 y 1996 para convertirlo en teatro con programación regular, si bien acoge montajes menos convencionales.

José Tamayo

José Tamayo ya era un director reconocido cuando decidió convertirse en empresario “de paredes”. Hasta su muerte, el 26 de marzo de 2003, estuvo al frente del teatro que había fundado, si bien en sus últimos años atravesó por graves dificultades económicas. Su último montaje en esta sala fue la reposición de Enrique IV, en febrero de 2002.

Bellas Artes

Inauguración:

17 de noviembre de 1961
Ubicación:

C/ Marqués de Casa Riera, 2
Aforo:
450 localidades

En la pequeña gran historia de este teatro hay que reseñar su convenio con el Ministerio de Cultura para la fundación del Centro Dramático Nacional. Antes de que se abriera la sede principal, el María Guerrero, José Luis Gómez inauguró la nueva institución escénica el 21 de noviembre de 1978 con Bodas que fueron famosas del Pingajo y la Fandanga. Pero esta etapa solo duró tres temporadas y Tamayo recuperó la gestión en julio de 1981.

Desaparecido Tamayo, el teatro Bellas Artes podía haber engrosado la larga lista de salas desaparecidas. Pero Jesús Cimarro, productor escénico, se animó a convertirse también en empresario y alquiló el teatro. Actualmente, en sociedad con Focus, programa también La Latina, tras comprárselo a Lina Morgan.

Las grandes obras

En medio siglo el teatro Bellas Artes ha sido el escaparate para el mejor teatro universal. Ya la obra elegida para el estreno –repuesta en 1986– fue una declaración de intenciones. Pero Tamayo quiso incorporar a la cartelera autores españoles sobre los que la censura tenía reticencias. En la segunda temporada presentó Bodas de sangre, de García Lorca y volvió a Valle Inclán en 1971 con una antológica producción de Luces de bohemia. Pero no podemos olvidarnos que Tamayo estrenó en su teatro Calígula (1963), Madre Coraje (1966) o La detonación (1977).

Pero, abierto el teatro a los mejores directores de la segunda mitad del siglo XX, llegaron otros textos muy importantes: La Celestina (1965), Abelardo y Eloísa (1972), Veraneantes (1979); La gaviota (1981), Bajarse al moro (1985) y, más recientemente, La cena (2004), La Cabra (2007) o Fedra (2007).

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedIn