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Antonio Castro

La fisonomía de la actual calle del doctor Cortezo –anteriormente Nueva de la Trinidad– se debe al pelotari Ildefonso Anabitarte. Invirtió sus ganancias en América en la construcción primero del frontón Madrid y, más tarde, del Teatro Fígaro, que no se iba a llamar Fígaro ni iba a ser teatro. Pero esta sala, vecina del Calderón y del Nuevo Apolo, acabó recibiendo el seudónimo de Mariano José de Larra y se abrió con una obra teatral gracias, entre otros, a los hermanos Álvarez Quintero. Antes del teatro estuvieron en ese paraje las conocidas Grutas del miedo.



Cuadro titulado Reunión de románticos
que se conserva en el vestíbulo.

Aunque hoy parece un edificio feo, el arquitecto Felipe López Delgado obtuvo la Segunda Medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes, del año 1932 por este proyecto teatral. Era miembro del Grupo de Arquitectos y Técnicos Españoles para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea (GATEPAC). La fachada se conserva prácticamente como en la inauguración gracias a las últimas reformas. De la arquitectura original interior apenas queda nada. Los daños sufridos durante la Guerra Civil y las reformas posteriores acabaron con algunos de los detalles racionalistas. Alfonso Ponce de León pintó dos grandes murales para los espacios comunes. Actualmente solamente se conserva, en el vestíbulo, uno de estos cuadros, titulado Reunión de románticos. El otro –El sueño– fue vendido al museo Reina Sofía. Como desde su inicio se pensó en que fuera cine, no está especialmente bien equipado para las representaciones teatrales. En la última década se están realizando algunas reformas que permitan un mejor ejercicio del teatro. Entre los proyectos de la actual propiedad está la reconstrucción del escenario y la mejora de los camerinos, localizados en el sótano.

El nombre de un teatro

La velada inaugural, el 11 de noviembre de 1931, fue un homenaje de la Asociación de la Prensa a Fígaro. La gran compañía encabezada por Eugenia Zúffoli (la madre de Bódalo) representó varias piezas, como El bautizo de Fígaro. También los Álvarez Quintero escribieron para la ocasión un “a propósito” titulado El nombre de un teatro. Sin embargo su primera temporada escénica fue breve, apenas cinco meses. No pudo sustraerse a su destino cinematográfico y el 26 de marzo de 1932, Sábado de Gloria, comenzaron las proyecciones con el sistema sonoro Marconi y la película Eran 13. Se trataba de una producción norteamericana de la que hacían versión en castellano actores españoles. Estaban en el reparto Ana María Custodio, Manuel Arbó y Rafael Calvo. Las entradas costaban dos pesetas en la sesión de tarde y una cincuenta en la nocturna. Ese mismo día el cine Ideal, situado frente al Fígaro, inició una fugaz transformación en teatro con la compañía de Mercedes Prendes. Aunque durante la Guerra Civil, bajó el control de la CNT, se estrenaron algunos espectáculos, el Fígaro ya no volvería a levantar el telón con regularidad hasta 1969.

Reapertura en 1969

Nuria Espert y su marido, Armando Moreno, lograron convencer al entonces empresario Luis García Ramos de recuperar la actividad escénica para estrenar su montaje de Las criadas, fulminantemente expulsado del Reina Victoria poco antes de la primera representación. El éxito que habían conseguido en festivales internacionales fue decisivo. El 9 de octubre de 1969 el Fígaro volvió a levantar el telón. Han pasado cuarenta años y lo sigue haciendo. Los proyectos del matrimonio Espert-Moreno para el recuperado espacio no salieron adelante tras el éxito de Las criadas. Pero sí se consiguió que el Fígaro siguiera siendo un teatro, con una programación ecléctica en la que se alternaron grandes títulos del teatro internacional con comedias intrascendentes.

Fueron las épocas con el autor Julio Mathías al frente y, más tarde, con el director Ángel García Moreno. Éste logró algunos éxitos resonantes, como El día de Gloria (debut de Fernando Guillén Cuervo en 1983); ¡Ay Carmela! (1988); Una pareja singular (1991) o Perdidos en Yonkers (1992). Pero los pobres resultados de sus últimas temporadas alejaron al público de este céntrico teatro.

Arquitectos:
• Felipe López Delgado
• Andrés Ortiz Armengol (reformas de 1962)
• Ana Achiaga y Antonio del Castillo (reformas de 2004 y 2009)

Inauguración:
11 de noviembre de 1931

Ubicación:
Doctor Cortezo, 5

Venta del inmueble

El Teatro Fígaro perteneció a los herederos del fundador hasta el año 2004. Al ser adquirido por los nuevos propietarios, empresarios también del Infanta Isabel y del Alcázar, se realizaron algunas reformas para intentar hacerlo un poco más confortable. Además se rehabilitó la fachada siguiendo las pautas de su construcción. La última reapertura se produjo el 14 de octubre de 2004 con la obra Kyrie, el nuevo europeo. A esta última etapa corresponde también el añadido de Adolfo Marsillach a su nombre. La actriz Blanca Marsillach arrendó el teatro el año 2008, poniéndole el nombre de su padre para la reapertura el 17 de enero de ese año. Pero Blanca sólo permaneció un año al frente, retornando a los propietarios. En el verano de 2009 se han realizado nuevas reformas en el anfiteatro para mejorar la visibilidad de las localidades altas. El aforo ha quedado reducido a 500 entradas. Se han dejado a la vista la gran viga y los tirantes de hierro que mantienen en pie las paredes.

En los cinco últimos años el Fígaro ha tenido grandes éxitos de taquilla con fracasos memorables. Entre los primeros se encuentra el montaje de Arte que protagonizó Ricardo Darín en 2005. Más recientemente Enrique San Francisco ha vuelto a llenar este teatro con su versión de El enfermo imaginario y la temporada 2009-2010 ha comenzado con La verdadera historia de los Hermanos Marx.

 

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