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Antonio Castro

El 15 de octubre de 1885 levantó el telón por primera vez el teatro de la Princesa, llamado hoy María Guerrero. Se representaron, por la compañía de Emilio Mario, la comedia de Bretón de los Herreros Muérete… y verás, además de un entremés titulado El corral de las comedias, escrito a propósito por Tomás Luceño. El primer actor, el autor y otros intérpretes, sufrieron quemaduras en una explosión de gas ocurrida semanas antes de la inauguración, por lo que ésta tuvo que retrasarse.

El Marqués de Monasterio, Alfonso Osorio de Moscoso, encargó al arquitecto Agustín Ortiz de Villajos la construcción de un gran teatro prácticamente a la espalda del palacete familiar, en el Paseo de Recoletos. El arquitecto siguió las ideas que había plasmado diez años en el teatro de La Comedia. El teatro, desde el primer día, dio muchos problemas a sus empresarios. Los actores-directores que se atrevieron a programarlo acabaron prácticamente arruinados. De la primera propiedad pasó a manos del matrimonio Díaz de Mendoza-Guerrero y, finalmente, al Estado Español.

El nombre original

La princesa a la que se dedicó el teatro en sus primeros años fue María de las Mercedes de Borbón y Austria, primogénita del rey Alfonso XII y su segunda esposa, María Cristina de Austria. María de las Mercedes fue Princesa de Asturias hasta el nacimiento en 1886 de su único hermano varón, el futuro rey Alfonso XIII, que pasó a ostentar ese título correspondiente al heredero de la Corona, aunque su hermana mayor conservó el título de Princesa de Asturias hasta su muerte en 1904. Además, por su matrimonio con Carlos de Borbón Dos Sicilias (1870-1949), el 14 de febrero de 1901, ostentaba el título de Princesa de Nápoles. La joven esposa alumbró tres hijos en los tres años que sobrevivió al matrimonio. El parto de la última niña, Isabel Alfonsa, provocó su muerte el 17 de octubre de 1904, al día siguiente de dar a luz.

Llega María Guerrero

El 20 de marzo de 1908 el teatro fue adquirido por el matrimonio Díaz de Mendoza-Guerrero. La pareja tenía un gran espíritu emprendedor. No olvidemos que también construyeron el teatro Cervantes de Buenos Aires. Los empresarios-actores quisieron dejar su marca en el teatro. Dieron la vuelta al viejo edificio, comenzando por el vestíbulo, y terminando por los camerinos. Además se realizó una moderna instalación eléctrica y sanitaria. Del patio de butacas se suprimieron seis filas y se construyeron las plateas que siguen existiendo. Se eliminan entonces las divisiones de obra entre palcos y se dieron al conjunto de la sala los tonos marfil y rojo que siguen distinguiéndola. Nueve años más tarde, el arquitecto Pablo Aranda firmó nuevas reformas y ampliaciones de los pisos superiores. Durante 20 años el matrimonio logró grandes éxitos artísticos, aunque no correspondieran con ganancias similares.

Reformas

A punto de cumplir 125 años de historia, es lógico pensar que el edificio ha sufrido numerosas reformas. Ya en 1909 los entonces nuevos propietarios acometieron obras para que recuperara su esplendor y mejorar las instalaciones, tanto para el público como para los actores. En 1917, con dirección de Pablo Aranda, el vestíbulo y la sala sufrieron grandes reformas y se añadió un piso al edificio donde se instalaron los propietarios. El Estado, tras adquirirlo, también acometió obras los años 1935 y 1969, generalmente para adecuar y modernizar su equipamiento. Durante los años 2000 y 2003 el teatro tuvo que ser sometido a una profunda y costosa reforma dirigida por Florentino Gómez Arruabarrena, para subsanar los numerosos problemas que presentaba el edificio. Se aprovechó para eliminar algunas particiones de espacios realizadas anteriormente. Y la primitiva cafetería del sótano se transformó en una pequeña sala teatral a la que se dio el nombre de Princesa, en recuerdo de la denominación original. Hoy el María Guerrero es, posiblemente, el teatro más hermoso de Madrid y está indisolublemente ligado al teatro público del Estado Español

Un Teatro Nacional

El 15 de febrero de 1929 el teatro de la Princesa pasó a manos del Estado, que pagó 800.000 pesetas (de entonces) al actor Fernando Díaz de Mendoza, viudo de la actriz María Guerrero, que había fallecido un año antes. Cesó momentáneamente la actividad como teatro comercial para dedicarse a conservatorio de música y declamación. También se anunció que se le daría el nombre de María Guerrero. Así permaneció más de diez años. Finalizada la Guerra Civil, y tras algunas reformas, el 27 de abril de 1940, el María Guerrero recobró la actividad regular como Teatro Nacional, dirigido por Luis Escobar. Al iniciarse la temporada otoñal se instaló en el vestíbulo un gran cuadro de Vázquez Díaz que mostraba a la insigne actriz. La lápida que regalaron los españoles residentes en Uruguay, obra de Julio Vicent, se instaló en el vestíbulo el 14 de enero de 1929. En 1978, sin perder su condición de teatro público, se convirtió en sede del Centro Dramático Nacional, condición que mantiene actualmente.

Teatro María Guerrero

Arquitectos:

Agustín Ortiz de Villajos (Proyecto original)

Pablo Aranda (Reforma de 1917)

Pedro Muguruza y Otaño (Reforma de 1935)

Luis Manzano (Reforma de 1969)

Florentino Gómez Arruabarrena (Reforma año 2000)

Inauguración:

15 de octubre de 1885

16 de noviembre de 2003 (Sala Princesa)

Ubicación:

C/ Tamayo y Baus, 4

Aforo:

530 (Sala grande)

70 (Sala de la Princesa)

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