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Manel Barriere (Secretario de Organización de TACEE)

Para TACEE luchar por un nuevo convenio es luchar para que el duro trabajo realizado desde 2004 no caiga en saco roto, y para que los técnicos de este país no sólo disfruten de mejores condiciones de trabajo, sino que también puedan tener un sindicato que les represente legalmente, con todas las consecuencias. La famosa huelga del espectáculo de los años 70 es hoy una inspiración ante nuestros nuevos retos.

Nos reunimos en una pequeña habitación, sentados en una mesa alargada y rodeados de libros polvorientos, en un local de Barcelona, en el barrio de Gracia. Somos un grupo de unos 10 ó 12 técnicos del audiovisual. Queremos hacer algo pero no sabemos qué, un sindicato, tal vez. Hablamos sobre nuestras respectivas experiencias en el trabajo, y todos estamos de acuerdo en algo: hacen falta unas normas básicas que sirvan de guía, tanto a nosotros como a quienes nos contratan, y eviten ese territorio de lo incontrolado por el que transitamos cuando nos sentamos ante un productor y asumimos sin más las condiciones laborales que la realidad nos impone, la mayoría de las veces sin una discusión previa siquiera. Después de una sesión de terapia de grupo, algo habitual en este tipo de reuniones, nos emplazamos a seguir hablando y compartiendo experiencias, y nos dispersamos.

Ocurrió hace al menos 10 años, yo ni siquiera conocía la existencia de TACEE, ni sospechaba que éste despertaría de su letargo en 2004, gracias al empuje de la compañera montadora Carmen Frías. Cuando me fui a Madrid un tiempo después, me afilié al sindicato, y no tardé en incorporarme a su Comisión Ejecutiva. Era el comienzo de una nueva aventura.

Por aquel entonces estábamos inmersos en la negociación del II Convenio de la Producción Audiovisual, que finalmente nos daría muchos quebraderos de cabeza hasta el día de hoy. Este 2011 termina su vigencia, y debemos volver a ponernos manos a la obra.

Un convenio es ese conjunto de normas básicas que regulan la relación entre contratantes y contratados, lo que reclamábamos en esa pequeña reunión de hace 10 años en mi ciudad natal. Algo que, según mi experiencia, se reclama cada vez que se reúnen más de dos técnicos en un ambiente suficientemente libre y distendido como para hablar sin tapujos de las respectivas condiciones de trabajo. Se reclama claro, sin saber realmente lo que es un Convenio Colectivo de Trabajo (CCT), ni tampoco que existe un convenio de este tipo para el Audiovisual. A nadie se le pasa por la cabeza que la desregulación, la precariedad y, en definitiva, el caos del mercado laboral al que estamos sometidos los técnicos sea fruto de una legislación realmente existente. Se asume pues, que dicha normativa no existe, aunque el trabajo realizado por TACEE en los últimos años ha reducido bastante nuestro analfabetismo a este respecto.

CCT

Un CCT es un tipo de contrato entre sindicatos y empleadores, ya sean éstos uno solo, un grupo o una organización sectorial. Es el resultado de un proceso de negociación colectiva en la que participan representantes de la parte empresarial y representantes de los trabajadores, y regula de forma normativa los aspectos más importantes de las relaciones laborales. La importancia de los CCT es doble, y para el Sindicato de Técnicos del Audiovisual y del Cine del Estado español, una cuestión fundamental que nos sitúa, en el presente inmediato, en una encrucijada.

Un CCT es una herramienta en manos de los trabajadores y de los sindicatos que les representan para imponer un cierto orden en las relaciones laborales, que permita evitar los abusos de cualquier tipo. Obviamente, la calidad de esta herramienta dependerá de la correlación de fuerzas entre patronal y sindicatos en el momento de la negociación. La última reforma laboral del Gobierno, una reforma aprobada en junio de 2011 con el apoyo del PP, debilita considerablemente la posición de los sindicatos en esta cuestión, al imponer la mediación de un árbitro en caso de desacuerdo entre las partes. En un contexto de políticas liberales que responden, en dirección y contenido, a las necesidades y demandas de la parte empresarial en general, no es difícil imaginar a quién va a beneficiar este arbitraje forzado.

Es muy posible que el nuevo Gobierno del PP transite por el mismo camino pero a más velocidad, y en una mejor sintonía con la patronal y los poderes económicos. No hay duda de que la negociación de convenios colectivos está en su punto de mira, con el objetivo de seguir debilitando a los representantes de los trabajadores mediante una mayor fragmentación. No en vano la reforma del Gobierno de Zapatero, antes comentada, abre la puerta a que los convenios de empresa tengan prioridad sobre los sectoriales en temas como salarios, horarios, movilidad en los puestos de trabajo o conciliación. Abre la puerta, claro está, a que los empresarios impongan peores condiciones a las pactadas en la negociación colectiva sectorial.

No parece el mejor escenario para denunciar el II Convenio de Producción Audiovisual y emprender un nuevo proceso de negociación. Sin embargo, las cosas también han cambiado de nuestro lado estos últimos años. Los estallidos revolucionarios en los países árabes se han visto reflejados al otro lado del Mediterráneo con la explosión del llamado Movimiento 15M, que después de tomar las plazas de pueblos y ciudades, y agitar un buen puñado de conciencias dormidas, se ha internacionalizado y sigue su camino. Una marea verde inunda Madrid en defensa de la Educación Pública, y en Catalunya, las sinergias creadas entre el 15M y el movimiento de los trabajadores de la Sanidad Pública han dado lugar a interesantes experiencias de resistencia a los recortes del gobierno de CIU. Era muy difícil prever, después del éxito relativo y desigual de la última huelga general del 29S, un repunte de la lucha de clases al nivel al que nos encontramos ahora.

Por otro lado, el Sindicato de Técnicos no ha parado de crecer desde esa primera negociación colectiva en la que participamos, no sólo en numero de afiliados y de afiliadas, también en extensión territorial, en organización y en experiencia, y hemos conseguido ganarnos a pulso pequeñas porciones de esa representatividad que la ley y las propias circunstancias de nuestro mercado laboral nos niegan. El contexto no puede ser mejor, ni el reto mayor. Seguir creciendo en todos los aspectos y emprender una difícil batalla a contracorriente de los tiempos, contra los vientos que soplan desde el poder.

El convenio tiene otro elemento que le infiere especial importancia para nosotros. Los primeros convenios de la historia datan del siglo XVIII, y son una consecuencia directa del reconocimiento legal del derecho de asociación de los trabajadores. Constituyen, en cierta medida, la razón de ser de un sindicato, o más concretamente, una realidad práctica y jurídica a través de la cual se reconoce como tales a los representantes de los trabajadores. Para TACEE luchar por un nuevo convenio es luchar para que el duro trabajo realizado desde 2004 no caiga en saco roto, y para que los técnicos de este país no sólo disfruten de mejores condiciones de trabajo, sino que también puedan tener un sindicato que les represente legalmente y con todas las consecuencias, en base a la realidad del día a día en los rodajes y los centros de trabajo.

En 1975 la Comisión de los Once, formada por actores, actrices y trabajadores del espectáculo elegidos en asamblea, convocó una huelga de nueve días para exigir al Sindicato Vertical que aceptara a los representantes elegidos democráticamente en la mesa de negociación del convenio. Una lucha que para nosotros representa lo mejor de la tradición sindical, que queremos recuperar en un momento tan importante como el que estamos viviendo. La famosa huelga del espectáculo de los años 70 es hoy una inspiración ante nuestros nuevos retos: impregnarnos del espíritu del 15M y de la Primavera Árabe para sacudirnos el miedo y la desidia, y movilizarnos, por fin, por lo que es justo y necesario. Derechos sindicales, derechos democráticos, derechos laborales. Éste es nuestro camino.

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